
Hay muchos hombres y mujeres que, por diversos motivos, no creen en la existencia de un Dios o de un mundo inmaterial, donde abundan los seres o entidades espirituales de todo tipo. Ellos se definen como “Ateos”, es decir, no creyentes en Dios, ni en lo sobrenatural.
Ser ateo en estos tiempos no es mal visto en la mayoría de las naciones occidentales debido a que gozamos de libertades que nos permiten manifestar nuestro pensamiento y nuestro sentir respecto a la existencia o no existencia de una entidad superior a nosotros mismos y que está vinculada a un mundo no material, realidad actual y condescendiente con el pensamiento laico que no siempre fue así.
Muchas personas que decidieron poner en duda o cuestionar la existencia de Dios, sufrieron las trágicas consecuencias de ser consideradas dementes, o en la mayoría de los casos, fueron culpados de satanismo, excluyéndolos de la sociedad, y en el peor de los casos, perdieron sus vidas al padecer crueles torturas físicas, para que se retractasen de sus blasfemias.
Desgraciadamente, aún siguen existiendo sociedades teocráticas en las cuales creer en Dios es una obligación y cuestionar su existencia es un crimen. Ni hablar de la libertad de culto, ni mucho menos de la libertad de decidir por sí mismos en qué creer.
Hoy más que
nunca, es necesario redescubrir el ateismo, no como una ideología, sino más
bien como una actitud de vida orientada a cuestionar la existencia de una
autoridad espiritual, que cada vez más es utilizada como argumento, por algunas
organizaciones religiosas, que pretenden intervenir en los asuntos públicos, en
nombre de una moral develada por Dios, para regular la conducta de las personas,
con la clara intención de hacer del Estado la mano visible del poder de la fe y
de la correcta moral de las enseñanzas de los jerarcas de toda iglesia o secta.
Contrariando la separación del Estado de
Actualmente, ser
ateo recobra sentido, sobre todo, en estos tiempos tan turbulentos, que vulneran
la mente y la voluntad de muchas personas que se ven afectadas por catástrofes
naturales, crisis económicas, y dificultades sociales o personales.
Convirtiéndose en víctimas propicias para que los autoproclamados
representantes de Dios en
David Berg, fue uno de esos profetas del siglo XX, que supo manipular la mente de cientos de jóvenes descontentos con sus vidas personales, decepcionados de sus trabajos, y sumergidos en el pesimismo. Berg, además, aprovechó tal situación para organizar su movimiento que llegaría a ser el más jerárquicamente estructurado entorno a su figura, y a sus desquiciadas enseñanzas, que promovían una espiritualidad basada en el amor al sexo como vía de liberación y perfeccionamiento espiritual. Santificando, con la gracia de Dios, las relaciones sexuales extra-maritales, la prostitución divina y el abuso de menores por parte de los propios padres, y de todos los integrantes de la secta. A su vez, Berg, convenció a muchas mujeres de acostarse con él para que obtuvieran la salvación, y fuesen bendecidas por Dios. Asimismo, las decisiones personales de cada uno de los adeptos, pasaban por la aprobación de su líder, y se encontraban sometidas a los intereses de la comunidad religiosa, anulando por completo la autonomía individual de cada uno de los miembros de la secta, hasta el punto de perder por completo su propia dignidad como persona.
¿Qué vieron ellos en este hombre para seguirlo? ¿Qué cualidad divina descubrieron en él, para aceptar una doctrina severamente destructiva, aniquiladora de toda individualidad y dignidad? ¿Cómo pudieron los padres entregar sus hijos a los hermanos de la secta y a su propio líder para que fueran abusados?
Son muchas las preguntas que surgen al entrar al mundo de la sumisión religiosa, que en la mayoría de las veces es perjudicial. No hay que indagar mucho para ver como el Islam anula toda libertad individual de las mujeres para impedir que ellas decidan la vida que quieran llevar, restringiéndolas de por vida a la autoridad irracional de un mandamiento divino que asegura que el genero femenino es inferior al hombre, provocando las mayores desigualdades sociales y de genero que se puedan presenciar.
En occidente,
las iglesias u organizaciones religiosas cristianas tradicionales han moderado
su discurso, encubriéndolo con un mensaje de solidaridad social, con el
propósito de erigirse ante la sociedad como representantes de una moral
humanista, pero los hechos contradicen sus discursos, y la vehemencia obsesiva
de parte de algunas iglesias, como
A la realidad histórica expuesta brevemente, el ateísmo como actitud racional, vuelve a cobrar sentido y propósito, con la intensión de cuestionar la existencia de un Dios, y de sus mandamientos, evitando el surgimiento de mesías destructivos, logrando el distanciamiento de las iglesias con el Estado, para garantizar y proteger la autonomía de las personas para decidir libremente, qué decir, qué pensar, y qué hacer.
Esta actitud Atea, libre pensadora, tal vez gnóstica, debe ser acompañada de una profunda vocación pedagógica, destinada a educar a la gente para sacarla del obscurantismo personal en las que se encuentran sumergidas, y que las limita en su actuar, debido al temor a la ira de Dios, que pastores y sacerdotes han inculcado en las mentes de tantas personas.
Ser ateo no es pertenecer a una secta u organización que prohíba qué hacer, cómo pensar, y qué decir. Ser Ateo, es una actitud de vida, de creer y confiar en uno mismo, de no dejarse dominar por dogmas y no creer en una autoridad omnipresente sin saber de su existencia, y que en su nombre se restringen las libertades de miles de personas. En pleno siglo XXI, y ante el más elevado desarrollo tecnológico, logrado gracias a las restricciones a la religión, surge la urgente necesidad de repensar el ateismo como un estilo de vida individual; expresión máxima de todo libre pensador que vive a plenitud su libertad para razonar y decidir por su propia cuenta, la vida que quiere construir.


















Usted está como mi compadre Moncho
haciendo puras preguntas difíciles.
La otra noche cuando estábamos mirando minas empelota en el Cyber él me preguntó así de sopetón y de repente:
"Oye wevón creís tú que tiene sentido creer en Dios considerando que vivimos al tres y al cuatro todos cagados y sin tener todavía a nuestra avanzada edad ni donde caernos muertos ? No creís que si Dios existiera trataría mejor a los pobres ?
Yo lo quedé mirando pensando que se había vuelto loco y le dije que a lo mejor mi Diosito nos estaba castigando por ver minas piluchas así que le dije Chao compadrito y me fui bien apuradito pa mi casa pa rezarme tres padre nuestros y tres avemarías así al hilo.
Yo no sé pa' que mi Compadre Moncho hace tanta pregunta wevona y que más encima nadie sabe responderlas.