Terremoto y saqueos

Enviado por Fernando A. Frías González el 02/03/2010 a las 11:36
Fernando A. Frías González

Cuando leo las noticias sobre los saqueos de Concepción y Santiago, noticias que también son destacadas en los medios extranjeros, intento recordar si esto se dio en el terremoto de Haití o en el tsunami del 2004, corríjanme pero, no recuerdo que ocurriera lo mismo o por lo menos al mismo grado.

Y aquí me viene otro recuerdo a la memoria, el como somos reconocidos y percibidos en el extranjero, lo que se refleja en una simple frase, que salio en diversos medios europeos, “si ven a un chileno robando, déjenlo es su naturaleza”, por eso en Europa, después de estos pergaminos hoy da un poco de vergüenza reconocer que se es chileno.

Antes nos reconocían por ser “pati perros” o por ser algo “vivarachos”, pero no por ladrones.

¿Porque el cambio? ¿Hay algo que lo justifique?

Y pienso que se debe a una mentalidad tipo Robin Hood, es decir que hay que robar a los ricos para dárselo a los pobres y como tenemos el sentimiento de que los ricos son los que nos roban, pero que lo hacen amparados en la ley, una ley creada a la medida de los ricos.

Esta idea se vio fortalecida con la famosa “lucha de clases”, lucha que sirvió solo para traer violencia y crear un mayor distanciamiento entre los chilenos y como somos bastante clasistas y racistas, los abusos y la violencia están aseguradas.

¿Cómo terminar con esto?

Es una tarea larga y titánica, ya que son conceptos que están profundamente enraizados en nuestra sociedad, donde hay instituciones que viven de esta forma de ser, pero con educación, trabajo y con la voluntad de todos, si bien no es posible eliminar totalmente, pero si se puede minimizar.

Primero debemos aprender que cada uno cumple un papel en la sociedad, los que tienen más es gracias a sus ideas emprendedoras y a sus trabajadores, por eso deben ser transparentes con el funcionamiento de la empresa y pagar sueldos justos y en la medida de las utilidades. El empresario debe disminuir su ambición desmedida y darse cuenta de cuando a ganado demasiado y que tendría que vivir varias generaciones para gastar lo obtenido.

El trabajador debe dejar de sentir que siempre lo están perjudicando y entender que muchas veces el empresario si no puede pagar más es porque sencillamente no puede y esto se lograría en la medida que exista transparencia entre las partes.

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Mi humilde visión...

Enviado por el 02/03/2010 a las 12:55 PM
Rolando

Estimado don Fernando

Me permito comentar, desde mi personal e ignorante perspectiva, lo por usted planteado:

En cuanto a la apreciación que en Europa se tiene de los chilenos, he de comentarle que, según mi experiencia, ésta es mucho más y mejor, que la manida frase “si ven a un chileno robando, déjenlo es su naturaleza”, aunque siempre habrá quien menosprecie a los “sudacas”, ello tiene más que ver con su propia incultura que con lo que hayamos realizados los oriundos de esta zona del planeta…

Por otro lado, a mi entender, el clasismo, los abusos, el racismo y la violencia no son una característica propia de los chilenos, sino más bien una deformación aberrante que es transversal a la especie humana y la lucha de clases es sólo una consecuencia natural de ello...

En cuanto al pillaje, que para mí comprende no sólo a quien roba sin la necesidad extrema (casos en que la propia ley lo justifica), sino también a aquellos que suben los precios (algo permitido y hasta justificado por las leyes y por el sistema de mercado), a quienes aprovechan estas circunstancias para generar beneficios políticos o personales, entre otros y creo que esto también es una condición que es consecuencia de la malformación que se ha hecho con los seres humanos, a través de la cual hemos establecido que una persona vale en base a los que tiene, a lo que ha logrado (cuantificando ello en bienes materiales, dinero o posición social y no en crecimiento o calidad humana por cierto) y no que su valor está dado sólo por el hecho de ser un ser humano, ni mucho menos que éste sea igual entre una persona y otra…

¿Cómo resolver el asunto? Creo que lo primero sería dejar de juzgarnos para castigarnos unos a otros y empezar a “comprendernos” para ayudarnos mutuamente para que todos y cada uno podamos mejorar, crecer. Cuando los seres humanos comprendamos que la idea de vivir en una sociedad se basa precisamente en que de esa forma es más fácil que todos y cada uno de nosotros podamos estar mejor, que establecemos comunidades para complementarnos, ayudarnos y no para sacar dividendos personales ni para explotar a los demás, las cosas estarán resueltas…

¿Quién debe generar estos cambios? La mayoría plantea que son quienes más tienen los que deben partir con el “proceso”, pues son ellos los que tienen el “poder”, los “recursos”, el “conocimiento intelectual” y los que manejan el sistema… Personalmente creo que este cambio, como todo en la vida, es una opción personal, cada cual está llamado a hacer en la vida lo que considera adecuado, bueno para él y los demás (que es lo mismo, pues no se logra nunca nada bueno para alguien dañando a otro)… Si nos sentamos a esperar que sean los otros los que rompan el círculo, podremos pasarnos la vida esperando que ello ocurra, mientras que si nosotros lo hacemos, al menos en nuestro ámbito personal de acción, el tema ya estará resuelto al menos en parte…

Paz, amor, luz y libertad en su vida.

Saludos afectuosos,

R


Si ve a un Europeo robando, es su naturaleza

Enviado por el 02/03/2010 a las 01:29 PM
Federico G.

No me vangas con lo que se piensa del chileno en europa. Desconoces absolutamente la historia de Europa ¿Cómo llegaron a ser ese continente taan desarrollado y supuestamente culto? ROBANDO. ¿Olvidamos las eternas invasiones por parte de los europeos a TODOS los continentes? ¿Qué hay de Africa? ¿India? ¿China? ¿América de arriba abajo?

Los europeos a LADRONES no se las gana nadie, y ahí tienes los libros de historia, las crónicas de los aventureros, al pirata Drake autorizado por la mismisima reina de inglaterra para robar y asaltar barcos españoles, etc. etc. etc. ¿Que el chileno se roba un queso en un supermercado de europa? ¿Que se roba una lavadora en Concepción? Esos robos son INSIGNIFICANTES, si comparamos con lo que roban las mineras en Chile, las estafas inmobiliarias, lo que cobran los bancos usureros por interese de préstamos, tarjetas de crédito, uso de cajeros automáticos, etc. etc. ESE SI QUE ES ROBO, y los accionistas no son todos chilenos, hay españoles, holandeses, europeos de una sola calaña: ladrones.

El terremoto ha dejado a la vista lo que estaba oculto, y no es la lucha de clases, es la MISERIA en la que tiene sumido a más de la mitad del país el famoso LIBRE MERCADO, sistema de robo legal y saqueo continuo.



Saqueos: tan previsibles como el Tsunami

Enviado por el 02/03/2010 a las 01:34 PM
Jose Luis Silva

 

Lo de los saqueos y la inevitable respuesta de recurrir a las FFAA es algo perfectamente previsible en estas cosas, lo que pasa es que acá otra vez primó la cautela politica y por esa demora se hizo inevitable el estado de sitio (nose como hay que decirle ahora). Le recuerdo que en Haití hay hasta el dia tropas chilenas en vigilia por el toque de queda.

http://www.youtube.com/watch?v=AC4jEByOdbM

En la polinesia ocurrió lo mismo después del tsunami.

Esto no tiene nada que ver con ser un pais de bajo desarrollo, le recuerdo hace muy poco la apacible Nueva Orleans despues de ser visitada por el huracán Katrina. A continuación pego un extracto de una nota de ese momento:

 "...a la orden de la gobernadora del estado de Luisiana siguió la declaración del estado de sitio y la orden de "Tolerancia Cero" y "Tirar a Matar" contra los saqueadores, alentando a los comerciantes que organizaron verdaderas bandas armadas que custodiaban los comercios, dispuestos a asesinar a los saqueadores. Del total de tropas, hay 11.000 efectivos de combate ocupando la ciudad norteamericana a punta de fusil... "  (Le recuerdo que los "efectivos de combate" estadounidenses no son presisamente el equivalente a nuestra "policia militar" que ocupa ahora Concepción)

 

Los milicos debieron ocupar las calles de Concepción inmediatamente, dando además una señal a todo el pais y asi se habria evitado este caos que obliga a una respuesta mucho mas enérgica y generalizada donde todavia  no sabemos si llegamos yá al punto máximo del caos (y de la represión para volver al orden).

saludos


La pistola al cuello (Fdo. Villegas)

Enviado por el 03/03/2010 a las 03:38 PM
Fernando A. Frías González

El terremoto del sábado ha sido un evento devastador, pero también revelador. Ha sacado a la luz debilidades acumuladas a lo largo de años en el completo edificio de nuestra sociedad, frutos venenosos de políticas -públicas y privadas-  y de procesos sociales cuyas semillas se sembraron a partir de 1973, se abonaron en los años sucesivos y se regaron generosamente desde 1990. El resultado es una mezcla explosiva de aspiraciones adquisitivas con una distribución del ingreso que impide a muchos satisfacerlas y de dos generaciones de chilenos pobres -padres entre 25 y 40 años, hijos de entre 10 y 20- criados casi sin control parental ni escolar. A ese combustible se agrega como comburente  la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos, las cuales en muchos casos -legales, judiciales, etc-  han sido llevadas a tales extremos de lenidad y obsecuencia, que entorpecen gravemente la determinación o voluntad del Estado para preservar el orden público.

De esto último han sido muestra los saqueos masivos. Para describirlos, la autoridad ha usado un lenguaje eufemístico hablando de "delincuentes" y de "lumpen". Eso de por sí ya sería bastante malo, pero los videos y fotografías revelan algo aun peor: protagonistas han sido también y en número abrumador, gente común y corriente, la clase de personas con las cuales usted puede toparse en su oficina o en el bus. En una sociedad sana, el pillaje queda reducido a la acción de delincuentes y también de los ciudadanos más marginales; una sociedad enferma, en cambio, revela lo que vimos, a saber, no sólo que dichos delincuentes y vándalos son legión, sino que también hay cero autocontrol por parte de muchos ciudadanos y cero eficacia de la fuerza policial para controlarlos por mera presencia.

¿De qué extrañarse respecto a esto último? Por 20 años la Concertación no hizo sino debilitar el concepto mismo de "orden público", expresión que a oídos de su gente suena a cavernaria opresión "del pueblo". Todo acto de autoridad rigurosa se convirtió, en ese período, en tabú. En el colegio se deterioró la autoridad de profesores y directores, quienes quedaron a merced de un alumnado dotado de infinitos derechos; en la calle se acusó una y otra vez a la fuerza pública de "excesos", tanto en tribunales como en la prensa, cada vez que encaró con decisión ataques incluso letales contra sus miembros; en el discurso de muchos se legitimó abierta o tácitamente a los "combatientes"  con tal que dijeran representar una causa justa; en la justicia se trató con lenidad a asesinos políticos si acaso su background era "la lucha contra la dictadura"; en fin, siempre hubo razones para justificar la conducta antisocial haciendo de sus hechores víctimas inocentes "del sistema".

¿A qué asombrarse entonces que grupos masivos de ciudadanos se crean hoy con derecho al pillaje si se da la oportunidad? ¿De qué pasmarse ante el infantilismo, convertido rápidamente en agresión, con que algunos piden "soluciones" en cinco minutos puesto que fueron criados bajo la doctrina del Estado paternalista, único salvador y defensor de los pobres, como todavía se dijo en la reciente campaña presidencial? Por eso la imagen del carabinero poniendo una pistola en el cuello de uno de los miserables entregados al pillaje es una notable excepción, pero también una muestra de hasta dónde es preciso llegar cuando métodos menos elocuentes ya no hacen mella. Y es una valiente excepción, porque hace ya mucho tiempo que el carabinero teme siquiera levantar la voz, no sea que le abran un sumario, se le eche del servicio y se le lleve a juicio. De eso es muy consciente la inmensa cantidad de ciudadanos resentidos, frustrados y llenos de instintos destructivos y depredadores que ha criado el sistema por las razones expuestas más arriba. Se sienten con esa sensación de derecho a cometer delitos que otorga la impunidad. ¿"Por qué yo no", dijo una mujer que se llevaba objetos robados de una tienda, "si lo hacen todos? Y pudo haber agregado: "y nada nos va a pasar porque somos el pueblo". De ahí que sea la sociedad, no ese punga, quien está hoy con la pistola al cuello. Y que, en la hora mona, deba sacarse al Ejército a la calle.

Fuente: http://blog.latercera.com/blog/fvillegas/entry/la_pistola_al_cuello


Los cuatro 'terremotos' de Chile

Enviado por el 06/03/2010 a las 09:30 PM
Fernando A. Frías González

Al seísmo le siguió un 'tsunami', pero también los saqueos y una ola de psicosis

La eternidad en minuto y medio. El domingo 28 de febrero el concierto de Los Jaivas, un grupo de folclore-protesta muy activo durante la dictadura, terminó de tocar a las tres de la madrugada (cuatro horas más tarde en la España peninsular) en el Estado Atlético de Concepción. Era el colofón de la fiesta de la chilenidad, uno de los tantos actos puestos en marcha para celebrar el bicentenario de la independencia de las repúblicas hispanoamericanas.

Carolina Villarroel y Enrique Águila se acababan de meter en la cama después del concierto cuando su casa empezó a agitarse como una batidora: cogieron a sus cuatro hijos a oscuras (la luz tardaría seis días en volver), los calzaron para que no se cortaran con los vidrios rotos que alfombraban la casa y, sorteando los muebles que les cerraban el paso, salieron a la puerta. Desde allí se veía el incendio de la Facultad de Bioquímica de la Universidad. Los depósitos de nitrógeno de los laboratorios habían comenzado a arder. A unos metros de ese edificio, el reloj de la torre que preside el campus se paró a las 3.29 de la mañana. Todavía señala la hora en la que arrancó el terremoto, de 8,8 grados en la escala de Richter. Con un pico de minuto y medio, el proceso total del movimiento sísmico se prolongó durante siete minutos, el más largo de la historia. Una marca que añadir a los 9,9 grados del seísmo de 1960, el más potente jamás registrado, ocurrido también en esta zona del país.

Se salió el mar. En el mismo minuto, los padres de Carolina estaban abandonando su casa en Penco, en la costa del Pacífico, a 11 kilómetros de Concepción. Los dos habían vivido el terremoto de 1960 y sabían que el agua siempre replica los movimientos de la tierra, por eso corrieron hacia una colina de la que no bajaron hasta cuatro horas más tarde. A esa hora empezaron a circular los coches de seguridad ciudadana pidiendo a la gente que volviera al pueblo porque todo había pasado y no había riesgo de tsunami. Mientras recogían los muebles del suelo escucharon la voz de una vecina que venía de la playa cercana gritando: "Se salió el mar". El maremoto provocó en ese pueblo 30 muertos y un caos de lodo, barcas llevadas tierra adentro y frigoríficos forrados de algas en medio de las calles.

Al otro lado de la bahía, en Talcahuano, el puerto industrial más importante del Cono Sur, murieron 90 personas y toda la industria pesada ?refinerías y siderurgia? quedó seriamente afectada. Tanto en la costa de la región del Bío Bío, cuya capital es Concepción, como en lugares de la región del Maule como Constitución, 100 kilómetros más al norte, el océano causó más muerte y destrozos que el seísmo.

El terremoto social. Enrique Águila, abogado especializado en responsabilidad civil, cuenta que en Concepción hubo cuatro seísmos: el terremoto, el maremoto, los asaltos a los supermercados y la psicosis. Del primero no avisó la tierra, del segundo no avisaron las autoridades (la Armada reconoció haber suministrado información confusa a la presidenta Michelle Bachelet, que ayer destituyó al director del Instituto Oceanográfico por no haber dado la alarma del tsunami), y de los otros dos no supieron prevenirlos los responsables regionales. No todos: la falta de luz, los motines en las cárceles y los movimientos en los barrios más conflictivos llevaron a la alcaldesa de Concepción, Jacqueline van Rysselbergue, a pedir desesperadamente que el Ejército saliera a la calle. En la noche del domingo una turba arrasó los comercios del centro llevándose alimentos, ropa y electrodomésticos. El general Guillermo Ramírez se convirtió al día siguiente en la máxima autoridad en una zona en la que desplegó hasta 7.000 soldados recibidos entre aplausos y decididos a garantizar el toque de queda durante 16 horas. Para entonces los vecinos habían organizado turnos para cortar las calles con barricadas y fogatas durante la noche. El miércoles a las 11.15 el piquete de la calle de la Victoria debatía sobre la presencia militar en las calles, algo inédito desde la dictadura de Augusto Pinochet, y un símbolo en un país en el que durante años milico era sinónimo de represión.

Lo mejor y lo peor. Fernando Villarroel, un asistente social que se refugia por las noches en la casa de su hermana pero que se pasa el día recorriendo las comunas del gran Concepción (un conglomerado de más de un millón de habitantes) dice que un terremoto saca lo mejor o lo peor de la gente. Por eso la otra cara de los saqueos es la red espontánea tejida por los vecinos para calentar agua en casa de quien tenía todavía cocina de gas, garantizar la comida de los niños, las medicinas de los enfermos o amasar pan con lo que alguien había conseguido en un barrio de mala fama. En una ciudad en la que no funcionaban los semáforos y tomada por las colas de coches en busca de gasolina y agua antes de que el toque de queda obligase a despejar las calles, el tráfico era más ordenado y bastante menos ruidoso que en Madrid o Barcelona un día laborable. Pasada la psicosis de las noches en las que algunos salieron a la calle cómicamente armados con sables, la gente supo sobreponerse incluso a la rabia provocada por la actitud de sus gobernantes, que no les avisaron de la catástrofe marina, dudaron antes de protegerles y tardaron en distribuir las canastas familiares de auxilio. A algunos barrios llegaron por primera vez el viernes. Villarroel lo resume con una de las pancartas desplegadas al otro lado del río Bío Bío: "Santiago no es Chile".

El llanto de los perros. Dice la gente de Concepción que los perros presienten el ruido subterráneo que precede a un temblor, y esta semana los perros no han parado de llorar. Cada día no menos de cinco movimientos sísmicos (el viernes hubo uno de 6,3 grados) siguen sacudiendo la maltrecha estructura de los edificios más dañados. La alcaldesa, nombrada nueva intendente, ha firmado la orden de derribo de cinco. Otros 12 esperan su turno. Algunos tenían menos de un año. A nadie se le escapa que la reciente avaricia constructora se saltó la estricta norma arquitectónica de un país que en los últimos 500 años ha sufrido 46 terremotos destructivos, es decir, de una intensidad superior a 7,5 grados. Sebastián Piñera, propietario hasta hace meses de aerolíneas, farmacias y constructoras y nuevo presidente de Chile a partir del jueves, dijo que el suyo no sería el Gobierno del terremoto sino el de la reconstrucción.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/terremotos/Chile/elpepuint/20100306elpepuint_11/Tes


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