lunes 15 de marzo de 2010
Elementos básicos para ponernos de pie
Elementos
básicos para ponernos de pie
- La paradoja de esta etapa de reconstrucción que enfrenta Chile, está en la necesidad imperiosa de recuperar el tejido social y que sea el Gobierno de Sebastián Piñera, de doctrina neoliberal, el que deba hacerlo. Sería parte del pragmatismo que demanda la tragedia vivida, el que Piñera deba aplicar políticas públicas keynesianas, dado que será indispensable un Estado locomotora de la reactivación, con las familias de Chile participando de manera protagónica del esfuerzo en autoayuda.
El nuevo gobierno de la
Alianza por el Cambio enfrenta una situación de catástrofe, de la cual
el país no podrá salir si no se adoptan con pragmatismo medidas
adecuadas.
El efecto del mega
terremoto y maremoto que ha asolado el centro sur del país, ha
demostrado la debilidad que suponen conglomerados humanos que están
marcados por el individualismo, sin organizaciones vecinales que
permitan la canalización de ayuda en forma compartida.
En los primeros días del
terremoto se vio que la falta de una sociedad organizada en juntas
vecinales, en planes cuadrantes, en agrupaciones vecinales, se
constituía en una de las mayores dificultades para poder recolectar
información de lo acaecido y canalizar la ayuda de manera segura y
oportuna. No había un mapa de la sociedad civil en términos de
organismos de base. Se demostraba en la práctica un divorcio entre la
sociedad civil y la clase política gobernante.
Explicar el fenómeno
exigiría leer muchas variables interdependientes, pero no es del caso.
Baste con señalar que la dispersión social se produjo por más de 20 años
de funcionar en un sistema individualista, en donde desde los gobiernos
se ha aplicado un manejo cupular y centralista de la cosa pública.
Y ahora, para lograr que
las familias damnificadas se puedan integrar a la reconstrucción de sus
casas y pueblos, es necesario recomponer esas relaciones de vecindad,
recuperar confianzas, incentivar la cooperación entre familias, entre
vecinos. Vimos como esa ayuda mutua surgió de manera natural en momentos
extremos, para evacuar, para defender la vida o la propiedad familiar
amenazadas por bandas de delincuentes que sembraron el pánico.
Esa relación nueva entre
vecinos es la energía que se debe aprovechar para la autoayuda, para
verdaderas mingas de la reconstrucción, donde el damnificado no espera
que le hagan las cosas sino que las hace él mismo, funcionando con
reciprocidad, hoy por ti , mañana por mi. Es necesario que Chile
recupere una sociedad vertebrada en unidades que funcionen de manera
organizada. Las viejas juntas vecinales hoy no existen, fueron
cooptadas por los partidos políticos y el caudillismo local, cada
persona se aisló en su espacio y esto favoreció que en las poblaciones
apareciera el fenómeno del microtráfico y las mafias ocupando los
espacios públicos.
La autoayuda y la
recuperación del tejido social en Chile serán fundamentales para la
reconstrucción. Mirar en la historia lo que fuera la Promoción Popular
del gobierno de Eduardo Frei Montalva, o las JAP del gobierno de
Allende, significaría mirar sin trancas ideológicas esa experiencias
positivas de organización social. El cooperativismo y la
autoconstrucción de viviendas, a cargo de sus propios dueños, con un
trabajo en colaboración, permitió alcanzar casas bien construidas, donde
las normas de seguridad se respetaban, lo que se demuestra hasta hoy en
poblaciones que no han sufrido ni un rasguño, en comparación con las
viviendas sociales entregadas a intermediarios privados que han
colapsado en su gran mayoría.
Es tan grande la falta de
viviendas que ha dejado la catástrofe y está tan cuestionado el sistema
de subsidios indirectos a través de constructoras privadas, que
funcionaron en las últimas décadas con manga ancha y sin un control
efectivo, que la única salida masiva para salvar la emergencia, sería
impulsar un programa nacional de autoconstrucción, con subsidio directo a
las familias damnificadas, agrupadas en poblaciones, en manzanas, en
condominios, con gestión directa en el proceso de levantar sus
viviendas. El gobierno debería diseñar un módulo básico de viviendas
definitivas para la clase media que pudiera ser ampliable, promoviéndolo
con una entrega directa de subsidios a grupos de vecinos mancomunados,
quizás a través del Banco del Estado, favoreciendo la asociatividad
entre vecinos y el resurgimiento de vecindades que se sumen en barrios
dignos y seguros, una suerte de condominios gestionados por sus propios
dueños, con auspicio público.
Esto sería, sin dudas, un
elemento clave para multiplicar esfuerzos, aplicar una participación
efectiva de la gente, incentivar la auto ayuda y sentar las bases de
comunidades locales bien planificadas, con mayor seguridad y con
capacidades de autogestión para la solución de sus problemas más
inmediatos, como lo serían recuperar los servicios básicos, la vivienda
digna, segura, humana y pensada como convivencia de vecindad, como
barrios más seguros que erradiquen las amenazas de la droga y la
delincuencia en general.
Desde el punto de vista sociológico, sería una
verdadera paradoja histórica que, luego de 20 años de gobierno de la
Concertación, presuntamente de izquierda, período en el cual los
sectores populares fueron mal acostumbrados por el asistencialismo a que
le entregaran todo hecho, la sociedad civil pudiere ser ahora
rearticulada territorialmente para la autoayuda por un gobierno de
doctrina neoliberal.
Atacama,
14 de marzo de 2010.
Una mirada libre a nuestro entorno



















entrale
al comunismo,paradojalmente...
ms-770
codigo Alfa