A pesar del aparente escepticismo que muchos aparentan sobre el asunto en cuestión, cuando es así, me propongo encajar las fantasiosas opiniones que surgen, dentro de simbólicos cochos filosóficos, ya que me parece utópico andar diciendo preciosidades que sólo la experimentada convivencia con la lógica lo justifica.
Obstinado y pensando en el proceso, continúo a encontrar fascinante poder ver a las personas usando su cráneo para separar las orejas. ¡Sí!, porque mejor que eso que ahí está, o sea, rastrojos de una inutilidad ilusoria que escenográficamente aparecen haciendo sentido, todavía insisto en decir que en nada sirven para las exacciones metafísicas impuestas por la sociedad con su moral, religión, ética y todas las otras obscenidades convencionales que se han dispuesto.
Por lo tanto, para bajar un poco la temperatura de tantos raciocinios abrasadores y volviendo a la rutina inicial, les recuerdo que Herman Kahn, el grandilocuente y delirante megalómano norteamericano que, debido a su férrea voluntad de articular las más brutales posibilidades, con su verbosidad frenética, siempre estuvo totalmente dispuesto a expresar la forma que podría asumir el mundo después de un ataque nuclear, mientras que ninguno de los otros temas convencionales lo incomodó, ya que enardecido, y como consultor para el Departamento de Defensa del gobierno de los EE.UU., afirmaba entre una de sus muchas asnerías, que la lluvia radioactiva, por ejemplo, sería simplemente otro de los muchos inconvenientes y molestias de la vida, e incluso, que el tan temido aumento de los defectos de nacimiento no castigará a la humanidad a la extinción, porque en cualquier caso, la mayoría de los sobrevivientes todavía no se verán afectados por ellos… ¡Magnífico!, pienso yo, al enterarme de que este trastornado hombre, por su particular comportamiento anfibológico, es uno de los que quiebra el reciente criterio del London School of Economics.
¡Me explico! Un estudio realizado recientemente en Londres, indica que los hombres que son infieles a su pareja, son también los de más bajo coeficiente intelectual, donde el autor de la investigación afirma que: “Los hombres inteligentes son más propensos a valorar la exclusividad sexual”… ¡Espasmódica descubierta!
¡Sí!, porque el mencionado estudio realizado por el Dr. Satoshi Kanazawa, especialista en psicología evolutiva de la London School of Economics, apuntan ese paradigma, y desde donde dicen que el profesional utilizó, en su trabajo, la información recabada por dos grandes investigaciones llevadas a cabo recientemente en Estados Unidos, la National Longitudinal Study of Adolescent Health, y la General Social Surveys. Dichas pesquisas cuentan con mediciones de “QI” de miles de adultos y adolescentes.
Narran que, tras cruzar los datos de ambos estudios, Kanazawa comprobó que las personas que aseguraban dar una gran importancia a la fidelidad en la pareja, eran también quienes poseían el coeficiente intelectual más alto, y además de la fidelidad en la pareja, estos mismos hombres “más inteligentes” solían coincidir en otras características, como el ateísmo y el liberalismo político.
Acrecentado en declaraciones recogidas por la BBC de Londres, Kanazawa asegura que la fidelidad matrimonial sería un indicio de de evolución en nuestra especie, ya que su teoría subraya que, a lo largo de la historia, los hombres han sido “relativamente polígamos”, una situación que se ha ido modificando en tiempos modernos… ¿A dónde? ¿A dónde cara pálida?
¡Pues bien! Parece que para el investigador, el asumir una relación de exclusividad sexual, constituye una “novedad evolutiva”, hacia la cual se sentirían inclinados los hombres más inteligentes, y siendo asimismo los individuos más evolucionados. Estos hombres estarían más dispuestos a cuestionar los dogmas y dejar de lado el “habito polígamo”… ¡Muy jocoso, este señor!
Sin embargo, la fidelidad no significaría necesariamente un “QI” mayor a la hora de referirse a las mujeres. Ya que -según manifestó Kanazawa-, “ellas siempre fueron relativamente monógamas, y eso no representaría una evolución”.
Para finalizar, es bueno poder evidenciar que el futuro llegó hasta nosotros, pobres seres que sobrevivimos para testimoniarlo y quedarnos perplejos, al descubrir tres cosas notables: primero, que la estupidez permanece una e indivisible; que Herman Kahn pronuncio imbecilidades para progresar encima de los necios, y luego acabó olvidado por la Astucia Contemporánea; y finalmente, que este Dr. Kanazawa, con su anfictión por naturaleza, higiene y convicción, es la vieja tríade que representa los sueños aspirados, tornillos sueltos y locos barridos… ¡Una verdadera lástima!


















ajjajjaja
jaajajaj,simpre tan chistoso
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