La Habana, (PL) Pareciera un argumento de ciencia ficción, pero es real:
Estados Unidos ha desarrollado armas ultramodernas que pueden influir
en medios naturales y modificar el entorno remoto de regiones enteras.
Los devastadores terremotos de 7, 3 grados en la escala sismológica de
Richter en Haití, el pasado 12 de enero, y el ocurrido en Chile, el 27
de febrero, con magnitud de 8,8, han reavivado suspicacias de que
ocurran catástrofes como resultado de la intervención humana.
Hoy se tiene la certeza de que, en territorios ya sometidos a fuertes
tensiones, existe la posibilidad de provocar sismos inducidos si se
crea un brusco aumento de la presión intersticial mediante eliminación
en el subsuelo de materia en solución o en suspensión, o por extracción
de hidrocarburos.
Mientras unos científicos piensan en cómo
utilizar esos movimientos telúricos inducidos para evitar fenómenos de
mayor magnitud, otros quizás trabajan en sentido opuesto.
En
varias páginas de Internet se mencionó que los experimentos del
denominado Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta
Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés), podrían estar detrás de
esa "furia" de la tierra.
Fred Burks, quien sirvió de
intérprete, entre otros, a los ex presidentes William Clinton y George
W. Bush, reveló en un artículo que publicó en enero en el sitio digital
Examiner que "existe un proyecto poco conocido aún", aunque lleva
décadas en perfeccionamiento.
Pero advirtió que es un
"importante programa de defensa militar de Estados Unidos que ha
generado bastante controversia en ciertos círculos", a través del cual
se pueden alterar selectivamente los modelos climáticos.
El
HAARP es un apéndice de la Iniciativa de Defensa Estratégica de la Casa
Blanca que pretende lograr la militarización del espacio como parte de
la Guerra de las Galaxias.
Burks lo confirma en su escrito:
"muy pocas personas están conscientes de las capacidades horribles de
muerte y destrucción que se han desarrollado a lo largo de estos años".
Sin embargo la web oficial del HAARP lo define como "un empeño
científico" destinado a estudiar las propiedades y el comportamiento de
la ionosfera para optimizar las comunicaciones y los sistemas de
vigilancia, "tanto para fines civiles como de defensa".
La
ionosfera es la capa superior de la atmósfera que está eléctricamente
cargada, se extiende desde los 85 a 800 kilómetros por encima de la
superficie de la Tierra.
Conocida también como termosfera,
absorbe las radiaciones de menor longitud de onda y protege a los
humanos de los rayos solares (ultravioleta, X, gamma) que son nocivos a
la salud.
El mismo medio electrónico del HAARP reconoce que se
llevan a cabo ensayos que utilizan las frecuencias de impulsos
electromagnéticos a fin de "excitar temporalmente un área limitada de
la ionosfera".
Todo "un programa, al parecer, dedicado a la
investigación meteorológica, pero muchos han planteado que en realidad
tiene motivos más siniestros", expresó Rob Ferrier, en la sinopsis de
un documental sobre el tema realizado en 1999, citado en The New York
Times.
Reventar la ionosfera
Fue una idea original del
austriaco-estadounidense Nicola Tesla, quien a principios del siglo XX
ideó interconectar al mundo a través de la atmósfera como un canal de
comunicación global.
Luego de su muerte, en 1943, el Gobierno
de Estados Unidos intervino los documentos de su despacho y todavía los
mantiene sin desclasificar, explica la enciclopedia digital Wikipedia.
Sin embargo, uno de naturaleza militar que puede ser utilizado con
efectos devastadores en un radio de más de 320 kilómetros, es el que se
considera la base del muy secreto proyecto HAARP.
De acuerdo
con el Pentágono se trata de una investigación para aprender cómo
"reventar la ionosfera", refiere la página digital Rosa Blindada.
Para el doctor Richard Williams, de la Sociedad Americana de Física, esto es como "un acto irresponsable de vandalismo global".
Establecido en 1992, HAARP, basado en Gokona, Alaska, utiliza una serie
de antenas de alta potencia que transmiten, a través de ondas de radio,
cantidades masivas de energía a esa capa superior de la atmósfera.
Su construcción fue financiada por la Fuerza Aérea estadounidense, la
Armada y la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (DARPA, por
sus siglas en inglés).
En febrero de 1998, en respuesta a un
informe de la legisladora sueca Maj Britt Theorin, el Parlamento
Europeo mantuvo audiencias públicas en Bruselas en relación con el
programa HAARP.
La moción se propuso en virtud del profundo
impacto sobre el medioambiente, como una "inquietud global" y apelaba a
que un cuerpo internacional independiente examinara "sus implicaciones
legales, ecológicas y éticas"; sin embargo, Washington se negó a ese
escrutinio.
La Caja de Pandora
HAARP con sus cientos
de millones de vatios de potencia y antenas es conceptuado como un
verdadero "calentador" de la alta atmósfera que provoca una ionización
de consecuencias imprevisibles.
Gracias a su efecto "espejo"
podría dirigir sus derivaciones hacia cualquier zona del planeta y
califica como "arma de destrucción masiva", señala Examiner en un
artículo del 27 de febrero, mismo día del sismo de gran intensidad en
Chile.
En un estudio de simulación de futuros "escenarios" de
defensa se establece que las fuerzas aeroespaciales norteamericanas
están obligadas a "controlar el clima" mediante el aprovechamiento de
las nuevas tecnologías, alega el profesor canadiense Michel
Chossudovsky, en el sitio Global Research.
Además de la
manipulación meteorológica, el HAARP tiene varios usos conexos, porque
los seres humanos pudieran ver afectada sus ondas cerebrales y se
conseguirían modificar patrones de conducta, puntualizó.
En
1977 una Convención Internacional ratificada luego por la Asamblea
General de Naciones Unidas en 1997 prohibió "el uso militar u otro de
naturaleza hostil de las técnicas de modificación ambiental que
provoquen efectos generalizados, duraderos o severos". La Convención
Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC), firmada en la
Cumbre de la Tierra en Río en 1992, también revalidó el acuerdo de 1977.
Los movimientos telúricos no sólo de Haití y Chile, sino el de Sichuan,
China, en 2008 y el tsunami de Indonesia, en 2004 ¿pudieron ser
experimentos del HAARP o de otro programa secreto? ¿Qué tipo de armas
mortíferas avanzadas pueden estar disponibles ahora?
"Es
innegable que el ejército tiene la capacidad para causar un tsunami,
terremotos y huracanes y es hora de que tomemos acciones para difundir
los peligros de este asunto vital", señaló Fred Burks en Examiner.
"Es una experimentación de lo que podría ser el arma de las siguientes
guerras", saca en conclusión un artículo del sitio digital Cambio de
Michoacán, con fecha 3 de marzo.
Mientras uno de los pioneros
en las denuncias sobre el proyecto, Nicholas Begich, científico de
Anchorage, Alaska, dijo que es "una tecnología altamente poderosa" de
emisión de haces de ondas radiales que cuando "rebotan hacia la tierra
arrasan con todo, vivo o muerto".
La evidencia no es
concluyente, pero sugiere que el HAARP está en funcionamiento y con lo
conocido hasta hoy acerca de sus capacidades destructivas las preguntas
siguen en el aire.
De lo que sí están seguros los expertos es
que comparan la potencia ofensiva de éste calentador ionosférico con
una Caja de Pandora, que una vez abierta será imposible de cerrar.
(*) La autora es periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.


















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