Mientras buscaba macerar mis pensamientos con algunos asuntos más tenues en tiempos de aparente apocalipsis, cuando se vaticina la sustitución del orden normal de las cosas, percibí mi contrariedad con el raciocinio de Jan Tzetzes, el sabio bizantino del siglo XII para quien la cabeza del Hombre, era el más perfecto estuche para acondicionar tamañas cantidades de estiércol. Al descubrirme decepcionado con la distinción deparada por ese oráculo, busqué una mejor peculiaridad sumergiéndome en la mitología griega, para encontrar allí a Medusa, el monstruo ctónico femenino que volvía piedra a todos aquellos que la miraban… ¡Impresionante!
Desde la antigüedad clásica, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en el artilugio que refleja el mal conocido como Gorgoneion, un despiadado monstruo femenino y a la vez, una deidad protectora; mientras la historia [] narra que ella fue decapitada por Perseo, quien después usó su cabeza como arma,[ hasta que se la dio a la diosa Atenea para que la pusiera en su escudo, (la égida).
¡Me explico! Las tres hermanas gorgonas -Medusa, Esteno y Euríale- eran hijas de Forcis y Ceto, o de Tifón y Equidna, en ambos casos, monstruos ctónicos del mundo arcaico. Esta genealogía la comparten sus otras hermanas, las Greas, como en el Prometeo liberado de Esquilo, quien ubica ambas trinidades muy lejos, en la “espantosa llanura de Cistene”.
Según Ovidio, Perseo pasó por el noroeste de África junto al Titán Atlas, que estaba allí sujetando el cielo, y lo transformó en piedra. De forma parecida, se decía que los corales del Mar Rojo se habían formado de la sangre de Medusa que salpicó las algas cuando Perseo dejó la cabeza petrificada junto a la playa durante su breve estancia en Etiopía, donde salvó y se casó con la hermosa princesa Andrómeda. Incluso se decía que las víboras venenosas del Sáhara habían brotado de las gotas caídas de su sangre.]
Entonces, Perseo volvió a la isla de su madre, donde ésta estaba a punto de ser casada por la fuerza con el rey. De pronto le gritó: “Madre, protege tus ojos”, y todos menos ella fueron convertidos en piedra por la vista de la cabeza de la Medusa.
A seguir, le dio la cabeza a Atenea, quien la colocó en su escudo, la égida. Según afirman algunas fuentes, la diosa le dio la sangre mágica de Medusa al médico Asclepio, pues la que manaba del lado izquierdo del cuello era un veneno mortal, y la del lado derecho tenía el poder de resucitar a los muertos… ¡Fantástico!
Y así, llegando al ápice de mis ofuscaciones meditabundas-mitológicas, encuentro cierta explicación para las grandes teorías eugénicas, y de las anomalías presentadas por Krystle Charley, la mujer que fue acusada de atacar a un policía con café.
A lo que parece, esta mujer de 23 años y residente de North Smithfield, Rhode Island, (USA), ya frente al juez, se declaró inocente de haber agredido a la agente Claire MacPherson, de 64 años, una mujer policía encargada de aplicar las leyes de aparcamiento; que mientras esta le estaba levantando una multa de 25 dólares en Brookline, porque ya había vencido el tiempo en el parquímetro, en su desmesurada reacción, Krystle acabó por arrojarle repentinamente su taza de café caliente.
Krystle fue acusada formalmente en el Tribunal de Distrito de Brookline de varios cargos, incluyendo el de ataque y agresión con un arma peligrosa, y fue puesta en libertad bajo palabra y se le ordenó regresar a la corte en abril, mientras que la Policía MacPherson, no resultó herida… ¡Estupendo!
Paralizado frente a los fatalismos y las contrariedades insanas de la ocasión, muchas veces envueltas por esas irreparables crisis de orquitis que tiene la Humanidad, pongo de lado el principal asunto de las Cartas Magnas y, magnánimo, resuelvo interrumpir mi malte y tomar un vaso de magnesia malteada, que como es sabido, es un piscolabis mucho más digestivo que todo ese palabreado hipérbole sobre legendarios comportamientos… ¿No le parece?


















Yo leí otra parte de ...
Patty