Algo huele mal Chile o el arte de la Chapucería
Son tiempos duros: Si echáramos mano a frases bíblicas, deberíamos decir: tiempo de vacas flacas. Pero no sólo es el ganado (o lo perdido, Ja) lo que luce pellejerías. En estos períodos también lo hacemos extensivo a: tiempo de instituciones flacas, credibilidad flaca, expectativas flacas. La anorexia campeando con su esquelético latido. Con el terremoto y tsunami no sólo se vinieron en un apocalíptico guarda bajo valiosas e irremplazables vidas sino también caras y queridas instalaciones. También se desplomó la fe pública que andaba ya hace tiempo a medio morir saltando por nuestra vida republicana (o salteando, a decir de algunas constructoras e inmobiliarias). Pocas veces una sociedad recibe tan duras lecciones. Nosotros, la homosapiens chilensis society, ha tenido que bregar desde siempre con la inestabilidad telúrica de esta “Fértil provincia y señalada…” Cada 20 ó 25 años, un terremoto viene a zangolotearnos de arriba abajo y de un lado a otro y a echarnos abajo una buena parte del territorio. Siempre ha sido así y seguirá por los siglos de los siglos. Cada chileno que se respete debe tener en su cuerpo y psiquis un par o un trío de buenos terremotos a lo largo de su vida. Sin embargo…¡Ya lo sabemos! ocasionales lectores, aprendemos bastante mal la lección de Natura. Después de los despistes y desatinos de todo el sistema chilensis malamente preventivo, exhaustamente evaluativo y escasamente operativo, nos queda el credo en la boca y una sensación de orfandad. Las instituciones especializadas (llámese ONEMI, SHOA, etc., etc.,) mostraron cuánto calzan llegado el momento de los qué hubo. Sobre esto se ha dicho bastante y vertido ríos de lágrimas y tintas. Pero aún queda mucho bosque que talar, paño que cortar, minutos que jugar o como usted prefiera decirlo. Tengo atravesadas en el gaznate de la página en blanco unas cuántas palabras para aquellos agentes constructores e inmobiliarias que con un instinto canibalesco, aprovechándose de los incautos y confiados compradores, que les creyeron su bien construido discurso (al menos algo construyeron bien) les vendieron garrapatiento gato de callejón por liebre rechonchita, silvestre y sana. Los ingenieros y especialistas varios del rubro constructivo se muestran relativamente satisfechos con el comportamiento de la mayoría de las edificaciones. Algunos, incluso orgullosos del bajo porcentaje de edificios colapsados. Sin embargo, hay un profesor y autoridad de peso quien dice sentirse consternado y avergonzado. “Basta que un edificio se haya caído aplastando a sus moradores para sentir vergüenza nacional”, dice furibundo. Al revés de él, una importante personalidad se muestra fascinado porque Santiago de Chile tendrá su propia Torre Inclinada de Pisa ( o de patética risa, decimos nosotros). Suponemos que tan importante celebridad y autoridad empresarial sufrió con el terremoto un desbarajuste orgánico mayor, y su cerebro y boca quedaron conectados directamente con su expeledor de excretas. Ni más ni menos. No le veo otra explicación. Para que una construcción quede de acuerdo a la norma chilena, que de paso nadie fiscaliza con profesionalismo, debe contemplar en lo elemental tres aspectos principales: Mecánica de suelos, diseño certero y construcción de calidad. Cualquiera de ellas que falle…¡Bingo! ¡Houston!...¡Tenemos problemas! Todos los que manejen algún grado de conocimiento en el área, desde maestros shasquillas hasta eminencias de rancio abolengo, saben que cuando se construye sobre terrenos blandos se requiere de cimientos especiales: zapatas y otras modalidades. Cuando el ingeniero calculista se rinde ante la presión de ahorrar materiales para mejorar la utilidad en dinerillos del proyecto, tendremos una edificación de caña y papel, que no resistirá los soplidos del lobo Terremoto. Y cuando el buitre del constructor (perdón, nobles aves de carroña por la mala comparación) en lugar de poner en el hormigón 6 bolsas por metro cúbico pone 4 ó 5 para ganarse unos milloncejos extras. Cuando en lugar de fierro de construcción de, por ejemplo, una pulgada de diámetro pone uno de ¾ y estribos a más distancias del diseño del calculista, esté usted seguro que ese antisísmico edificio será cristal ante el próximo seísmo, y tendremos una mortífera postal símbolo como el edificio en Concepción u otros de la gran urbe de Santiasgo. Todo gracias a la hiénica (de hiena) y poderosa mandíbula empresarial que busca a cualquier costo ganar más. He ahí el capitalismo salvaje y neoliberal en todo su hediento esplendor…¡Puaj!!! Por lo pronto y ante el anuncio de querellas, varios eminentes prohombres de inmobiliaras y añejas y novísimas constructoras andan con la pálida de la culpabilidad en el rictus, y, sabiéndose culpables, comienzan a traspasar sus bienes y capital a esposas, amantes, amigotes, amigos, al perro, al gato, etc. para eludir el pago de las pérdidas. Sugiero, a modo de castigo draconiano, juntarlos a todos y meterlos a una cárcel de mínima seguridad, a orillas del mar, para que ante cualquier sismo experimenten el horror de que un muro o el techo se les venga encima o una ola los arrastre al mismísimo infierno. Pasado el estupor inicial… luego el estupor de la primera semana… y el estupor de la segunda semana, (¿será que tanto estupor nos pone estúpidos?) viene la reflexión. Resultado de ese neuronal ejercicio viene la pregunta ¿Y cómo andamos por casa, por las regiones de Chile y su Loca Geografía?...Debo confesar que se me hiela la bilis cuando veo esas construcciones a orillas de mar y esos flamantes edificios antisísmicos, hechos con la norma chilena, que nadie ha fiscalizado, salvo los propios constructores. Pero no crea que esto se da sólo en nivel de grandes construcciones. ¿Se ha percatado, sufriente lector de esta trabosa crónica, con aquellos simples parches de pavimento que se ponen en nuestras calles? Esos trabajos duran poco y nada, salvo honrosas excepciones. En brevísimo tiempo están rotos, partidos, saliendo a pedazos. Sin ir más lejos, un ejemplo práctico y fresquito en las calles de Ovalle. ¿El lugar? Calle Libertad, entre Arauco y Miguel Aguirre. Allí hace cosas de pocas semanas se cambió la red de alcantarillado, lo que evidentemente significó sacar la vereda sur de dicha calle. Se repuso ( la vereda) y el resultado está a la vista: trabajo chapucero (rápido y a la mala), desnivelado en exceso, áspero. Si se mira con atención ese trabajo recién hecho, que debería durar años y años, se verá que… ¡ya está trizado! y en algunos paños saliéndose a pedazos. Luego vendrá el invierno con sus lluvias ( eso esperamos: la bendita lluvia para acabar con la sequía) y terminará hecho agua y sal, destruido. La pregunta es obvia: ¿Quién o qué organismo del todopoderoso estado da el visto bueno y recibe esos trabajillos de mal aficionado?...¿Será SERVIU o CERBIU o ZERVHIU?¿ Será, será??? La verdad, yo no la sé. Digamos con el sabio: Yo sólo sé que nada sé… Pero debe haber algún ente que recibe esos avances (¿o retrocesos?) urbanos…¡¡¡Alguien o algo, definitivamente, nos ha visto las canillas u otra parte ruborosa!!! Snif, Snif. Algo huele mal en Chile. Lo malo es que nos hemos acostumbrado al miasma, al hedor. Ja. Wilfredo Castro. Escritor.



















Siempre se dice que
No hay recursos suficientes para fiscalizar, también que falta empleo y tal vez si ambas cosas fueran puestas en la misma mesa a conversar acerca de lo mismo, tal vez se podría hallar una solución...
De todas formas, dado lo significativo de los daños que hemos visto en toda infraestructura, no me cabe la menor duda que se hará cierto incapié en fortalecer los sistemas de fiscalizaciones, tal vez comenzando por dar prioridad a las grandes obras que pueden paralizar el país o derribar edificios en el caso de llegar el siguiente sismo de importancia...
Seguramente se elevarán ciertas normas de calidad y se ampliarán protocolos y mejorarán procedimientos y habrá una preocupación distinta por la mirada de largo plazo...
Es difícil llegar a algo ideal, pero, como siempre la carga se debe ir arreglando en el camino, dado que se hace preveyendo hasta donde se logra previsualizar y hasta donde se puede costear, lo que vaya faltando habrá que construirlo y normalizarlo si es preciso y seguro lo importante, a fin de cuentas, es darse cuenta de qué cosa es aquello para hacerlo cuando sea necesario, si es que eso es posible...
Aparte de ello, nunca estará demás desarrollar una mejor consciencia de la importancia del trabajo bien hecho y en ello la educación tiene que colocar lo suyo, aunque sabemos que siempre, por lógica, habrá casos excepcionales en que no se cumplan todos los requisitos que habrían de esperarse para obtener buenos resultados cuando los sistemas son sometidos a la presión que deben soportar en la práctica...
El camino de hacer las cosas mejor es interminable...Lo importante es estar preocupado e interesado en caminar a través de él...