Cien años de buen humor
Sin enojarse, estresarse ni entristecerse, se llegaría al siglo
Abuelas recatadas, eternas enamoradas, poetisas salidoras o bailarinas. Las señoras de 100 años admiten diferentes estilos, pero todas reciben en departamentos de otro tiempo, completan las palabras cruzadas y ofrecen a sus visitas oporto El Abuelo. Coinciden en una receta para vivir mucho y bien: el optimismo y el buen humor.
Una se peina con rodete, y usa camisa blanca con puntilla y aros de perlas. Delia Viton responde al prototipo de señora que acaricia la centuria. Nació en Tandil en 1908, tuvo seis hijos y fue catequista ferviente. Asiste a diario a misa en San Nicolás de Bari, donde tiene una especie de devoto club de fans. Es tatarabuela y, como tal, se indigna ante los tiempos modernos: "No entiendo a los hombres vestidos de mujer, los divorcios, no tengo idea de qué es Internet". A los 50 años, su vida volvió a empezar cuando tuvo su último hijo, Alejandro. "A mi marido le daba vergüenza caminar conmigo por la calle. Iba por la vereda de enfrente", recuerda.
En cambio, Carmen Otero de Carbone conserva la lista de amores que tuvo antes de casarse. "Cuando conocí a mi marido era profesora de piano y tenía otro novio", cuenta esta dama vestida de rojo, lápiz labial al tono y vaporoso batido negro azabache. Tocando piano en el cine mudo nació otra pasión: el cine. "Amaba a Wallace Reid y a Clark Gable", confiesa. También tuvo predilección por la realeza. "Vi a la infanta Isabel, al príncipe de Gales y a Humberto Primo. Un príncipe no se ve todos los días, ¿no?"
Corazón romántico el de Otero, pero no progresista: "Yo soy retrógrada. Soy enemiga de las cosas modernas. No me gusta la tecnología. Soy más bien rutinaria. Mi papá decía que podría haber sido inglesa", declara. Recuerda de memoria los cumpleaños de 9 nietos y 17 bisnietos, despunta el vicio de las palabras cruzadas y lee el diario sin anteojos. Cuando toca el piano prefiere los tangos, con arreglos propios. Tiene escritos más de 60 poemas de amor, todos a su marido, un capitán de ultramar.
Poetisa y todo
"Siempre me preguntan/ por qué estoy como estoy/ a los cien años./ Y yo te digo que/ nunca le des al pito/ más que lo que el pito vale./ No te enfades, ni te tenses,/ no caigas en la melancolía,/ porque todas esas sensaciones banales/ te arruinan la anatomía", recita de memoria Velia Malchiodi de Piñero, que se define "amante de la farra". El poema pertenece a su próxima obra. Lleva 30 libros publicados, todos con humor y varios premiados, como Al que es barrigón hay que hacerle ropa grande, que va en contra de la moda de la flacura.
Ella es un ejemplo de aquello de que nunca es tarde: "Yo hasta los 50 no hacía absolutamente nada". Sólo a esa edad empezó a escribir y ya tiene otros 50 años de experiencia. Es presidenta de Modepo, fundación que a través de un concurso publica libros de poetas inéditos, y en Beltrán y Rivadavia hay una biblioteca que lleva su nombre, a la que dona la venta de sus libros. "Me gusta ser útil... Fui tan inútil toda mi vida, que antes de casarme mi papá le advirtió a mi novio que yo no sabía hacer nada", comenta. Estuvo 72 años casada con Tomás Piñero, médico destacado que dirigió el Hospital de Clínicas y que no le hacía caso a su suegro.
En el Rincón de los Poetas –legendaria tertulia literaria–, Malchiodi de Piñero tiene una silla que nadie se atreve a ocupar, ni siquiera en sus contadas ausencias. El público pide y ella recita sin leer. Por lo general terminan todos a las carcajadas, con sus remates de bien dichas malas palabras (sábado, de
Otra centenaria, desde febrero último, es Carmencita Calderón, la bailarina de Ovidio José Bianquet, el legendario Cachafaz. En la pista es un prodigio y lo demostró en el Teatro Colón, cuando fue homenajeada, en marzo de 2002. También fue aplaudida en el Salón Dorado de
María Paula Zacharías
Amor eterno
Pasar la centuria y seguir siendo dos es una doble bendición. En Francia, André y Marguerite Debry, de 107 y 100 años, festejaron en agosto último 81 años de casados. André es uno de los nueve ex combatientes de
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La vejez no es insanía, es sólo el paso del tiempo.
Tenemos una amiga que pisa los ochenta, profesora de castellano, jubilada. Vive la vida, junto a su esposo, con toda plenitud.
Aún corrige faltas de ortografía, modos de hablar y lecturas mal escritas. Sin enfado, sólo con diligencia.
También dice no entender muchos comportamientos actuales. Se ruboriza con el lenguaje grosero y le molesta la liviandad con se trata la sexualidad.
Persona de conversación agradable y amena, Ríe con facilidad y sorna pertinente.
No conozco los frutos literarios de Velia Malchiodi, pero disfruto de su aporte, porque la belleza se esparce y sólo se detiene en el alma de todos.
Un saludo a su paso por la vida que por sus dones no nos abandonará.
Sailir de casa con una sonrisa
Mira la luz, el cielo, la mañama, la gente sonreir ivolucrarse con las personas, reir, reir.
Abrazos