Comentarista Urbano

¿Es usted turista? Me preguntó?

Este pasado Jueves Santo, decidimos salir a recorrer los cerros porteños, para reconocerlos una vez más y ver como habían resistido el pasado terremoto. Por lo general el viaje parte por el plan porteño hasta Playa Ancha y desde allí comienza el retorno por el camino de cintura, desde el Sur de Valparaíso hasta el limite con Viñ a del Mar, llegando a la misma gruta de Lourdes en Agua Santa.

 

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No hay lugar más bello para contemplar la loca geografía urbana de esta ciudad que me vio crecer en mi juventud como es mi querido Valparaíso. Llena de sacrificio, esfuerzo, y por ello repleta de nobleza. Llegando al Cerro Cordillera por la parte alta hay una vieja capilla, antiquísima, y que al paso de decenas de años ya, perdura frente al abandono y al desencanto, como si fuera parte de un pueblo fantasma que en medio de la comunidad plasma la indiferencia de nuestros tiempos.

Su fachada casi al borde del derrumbe, relata su antigüedad, su patrimonio histórico. Hace casi veinte años ya que la paso a ver cada vez que recorro esos barrios, me impresiona su majestuosa hidalguía con la que sigue presente, remontándose a la vez que aferrándose al cielo. De seguro las almas de los que ya partieron y plasmaron sus oraciones, sus compromisos, y sus súplicas frente a su altar, han de colaborar para que aún siga en pie.


El único atisbo de una remota intensión por recuperarla, fue hace muchos años ya, forrarla con láminas de Zinc y poner un letrero de color amarillo en su entrada que advierte a quien se asome a su interior, respecto a la NO responsabilidad del propietario ante cualquier accidente en su interior y exterior, sugiere luego usar casco, y termina firmando EL PROPIETARIO.

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Me pregunto si dios como único propietario de un templo de oración y fe, sabrá que sus “corredores de propiedades” han resultado ser tan cautelosos de la ley y de los deslindes de responsabilidad, al grado de redactar éste aviso tan ajenos a la fe, a la tradición, y a la voluntad de proteger el legado de las generaciones que cimentaron lo que somos todos hoy día.


La historia parecía perpetua, hasta el día de ayer. Primero que nada la nueva pintura de las láminas de Zinc me hizo pensar que algo estaba cambiando, y di vueltas en la esquina para ir a verla de nuevo. Grande fue el desencanto cuando desde lejos aún parecía ruinosa y abandonada. Estacioné el auto y me acerque a fotografiarla, de pronto me percaté que la puerta estaba abierta y con suma cautela me acerqué a su entrada para fotografiar sus resquebrajadas columnas y descubrir su interior.

Entre sombras, al interior se podía divisar el altar, era como una silueta clara e indudable, limpia y solemne. Mientras mi curiosidad iba conquistando arrojo y ganas de entrar a contemplarla, de las sombras, aparece súbitamente una dama con un mate en su mano. Mirada franca, calma, y cálida.


¿Es usted turista? Me preguntó… No, le respondí, recuperándome de la sorpresa. ¿Puedo pasar? ¿Puedo tomar algunas fotos?... ¿De adonde es usted? ¿Es del cerro Cordillera? No, no soy de aquí… ¿Pero vive en Valparaíso? Si eso sí… y… desde mucho tiempo, que cuando paso por aquí he visto esta iglesia, y me parece muy bella… De hecho mucho antes que le pusieran esta camisa de zinc… ¿Y ustedes la están restaurando? ¿De donde son?... Sí pase, puede tomar fotos… Nosotras somos sólo unas vecinas del cerro Cordillera… Las preguntas se cruzaron breves, rápidas, sorprendidas, y quizás con una cálida brisa de esperanza.


Un jueves santo, paseando por Valparaíso tuve la fortuna de estar en la casa de dios y compartir en su mesa, con dos damas porteñas a quienes la fe las mueve a limpiar (quizás especialmente en esta fecha) lo que para muchos, son sólo ruinas. Por esta razón quiero compartir mis fotos con ustedes ahora y por este medio. Quizás sea el principio de un milagro.

Este Terremoto dejo bien claro que somos un país de avestruz, solo aprendimos a esconder la cabeza ante los problemas y no hacernos responsables de ellos, vulgarmente hacemos el OSO. Estamos siempre echando la culpa al otro y casi cantamos la canción yo no FUI.

 

Este fin de semana que paso muchos estuvimos presente cuando Juan Pablo II nos dijo una frase en nuestra propia tierra y nuestras caras “ Los pobres no pueden seguir esperando”


Ahora tenemos la oportunidad de reconstruir un Chile que todos queremos un Chile Inteligente, en comunidad donde todos trabajemos en comunidad sin distinción de credos, clases, color de piel y pensamientos políticos. Así podemos pensar en un Chile hermoso, lindo, bello y con HORIZONTE y no un CHILE PARA UNOS POCOS.

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Esta carta se ha escrito por dos personas online: Fernando Lecaros y Pablo Ramírez la fotografía pertenece a Fernando Lecaros.

 

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