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HACE YA 70 años, en septiembre, mes de tanta significación para los chilenos, sucedió uno de los muchos acontecimientos que tiñen de rojo nuestra historia nacional: la Masacre del Seguro Obrero.

Ella tuvo como protagonistas a un grupo de jóvenes; estudiantes unos, obreros otros, pertenecientes al Movimiento Nacional Socialista (MNS), organización política pro nazi fundada en Santiago el 5 de abril de 1932 que, bajo la conducción del abogado Jorge González von Marées, creció rápidamente. A los cuatro meses de su fundación Carlos Dávila Espinoza les pidió formar parte de su gobierno, a lo que se negaron.

Pronto van a comenzar los choques callejeros con los comunistas y especialmente con los socialistas, con quienes los nazis competían en la venta de sus periódicos: el semanario Consigna, de los socialistas, y el diario Trabajo, de los nazistas. Pero había algo en que coincidían socialistas, nazis y comunistas: en la oposición al gobierno de Arturo Alessandri Palma (1932-38), al que acusaban de haber traicionado al pueblo.

Al iniciarse 1938, la oposición al gobierno se presentaba dividida. Radicales, comunistas, socialistas y democráticos constituyeron el Frente Popular, que proclamó la candidatura del abogado y profesor radical Pedro Aguirre Cerda.

Otros pequeños partidos (Radical Socialista, Organización Ibañista, Unión Socialista de Ricardo Latcham, etc.) formaron la Alianza Popular Libertadora que, junto con el MNS (que ya tenía tres diputados), proclamó a Carlos Ibáñez del Campo como candidato a la Presidencia de la República.

Los partidos de derecha (Liberal, Conservador, y una fracción Democrática) apoyaban al empresario Gustavo Ross Santa María. A tres bandas, era seguro que ganaría este último, a quien favorecían el gobierno y el poder financiero de la derecha y del empresariado.

No faltaron los que pensaron que era imprescindible la unión de las fuerzas de Izquierda, entre ellos el mismo Jorge González von Marées. En caso que no se produjera esa unidad, von Marées e Ibáñez del Campo acreditaban que sólo un golpe de Estado que asegurara la realización de elecciones libres y limpias garantizaría la derrota de Ross y la oligarquía.

Con ese objetivo, el MNS comenzó a entrenar en el mayor secreto a un grupo de jóvenes nazis, rigurosamente seleccionados, mientras a la vez tomaban contacto con jefes militares, casi todos ibañistas, por intermedio de Caupolicán Clavel Dinator, coronel en retiro que servía de enlace.

Como ya dijimos en líneas anteriores, el nazismo había logrado en esa época un importante protagonismo público, obteniendo en las elecciones parlamentarias de 1937, tres representantes en la Cámara de Diputados. Posteriormente, el año 1938, ese nazismo, junto a otras fuerzas independientes, había conformado la Alianza Popular Libertadora, coalición que elevó la candidatura presidencial del General Carlos Ibáñez del Campo.

El domingo 4 de septiembre de ese mismo año, se realizó la Marcha de la Victoria, acto masivo que congregó un número superior a 100 mil personas, las que concurrieron desde distintos puntos del país.

Dicha concentración, fue aprovechada por los nazis e ibañistas para encubrir el alzamiento civil que se venía preparando, pero que carecía de fecha definida para su ejecución, y que de acuerdo a las investigaciones periodísticas de aquel entonces, el mismo general Ibáñez habría estado coludido con los sediciosos para apoderarse del gobierno por la fuerza de las armas.

Fue así que, al medio día del lunes 05 de septiembre, un grupo de militantes nazis se introdujo violentamente -y armado- en el Edificio de la Caja del Seguro Obrero Obligatorio, y tras dar muerte al carabinero Juan Salazar Aedo, procedió a ocupar el local, atrincherándose en los pisos superiores.

A la misma hora, otro grupo, hizo toma de la Casa Central de la Universidad de Chile, reteniendo al interior de dicho plantel, al Rector Juvenal Hernández.

Von Mareés, cabecilla del acto revolucionario nazi, mantuvo contacto radial con los rebeldes atrincherados en la Caja del Seguro, mientras otra pequeña partida de nazis, dirigida por Orlando Latorre y Juan Yunis, intentó dinamitar una torre conductora de energía eléctrica, en los alrededores de Santiago.

Así mismo, en otro extremo de la ciudad, un reducido grupo dirigido por Oscar Jiménez Pinochet, procedió a la toma de la radio Hucke, logrando anunciar a través de sus equipos y por un breve espacio de tiempo, el hecho revolucionario.

A las 12:25 hr. el presidente Arturo Alessandri se había dirigido desde La Moneda a la Intendencia, donde increpó al intendente Julio Bustamante Lopehandía por creer que se trataba de un asalto gangsteril, volviendo luego a su despacho en La Moneda desde donde convocaría a las autoridades encargadas del orden público. Carabineros, entre tanto, ya había rodeado el Seguro Obrero, tomado posiciones en techos y terrazas vecinas y emplazado ametralladoras

 

 

El primer acto de la tragedia tuvo como escenario el edificio de la Universidad de Chile, en la Alameda de las Delicias, el cual fue recuperado a viva fuerza mediante la acción conjunta del Ejército y Carabineros, luego de que los uniformados hubiesen usado una pieza de artillería del regimiento Tacna, la que hizo dos disparos contra la puerta principal del edificio volando puerta, ladrillos y ventanas.

Los Carabineros redujeron y apresaron a los amotinados que habían experimentado la muerte de seis de sus compañeros (tres fallecieron por el fuego de artillería y el resto por el uso de armas largas, como carabinas y fusiles del ejército).

A los rendidos de la universidad, se les hizo salir a culatazos, siendo posteriormente trasladados por un grueso contingente policial que cruzó la Alameda donde la prensa logró fotografiar a los sediciosos que caminaban, brazos en las nucas, rodeados por el contingente policial.

En el trayecto, fue incorporado arbitrariamente a la fila de los rendidos el obrero Miguel Cabrera, quien se había acercado a observar la escena movido por el morbo del enfrentamiento...lo cual,   horas más tarde, le costaría también la vida.

Todos los detenidos fueron conducidos hasta el edificio del Seguro Obrero, haciéndoles subir hasta el sexto piso, donde se les encerró en una pieza. Desde ese momento los acontecimientos se precipitaron.

Los amotinados, que tenían orden de resistir sin disparar, esperaban la aparición de las tropas del ejército que los ayudarían. Ignoraban que el "enlace" Caupolicán Clavel había "desaparecido" la noche anterior y nadie se había comunicado con los jefes militares de Santiago, por lo que ningún regimiento los auxiliaría.

Pocos minutos antes de las 13:00  horas se abrió el fuego contra el sexto piso del Seguro Obrero desde el edificio de La Nación. El presidente Alessandri, acompañado de su hijo Fernando, dirigía personalmente las operaciones desde La Moneda.

Quince carabineros lograron romper la cadena en la puerta del edificio, y al mando del comandante Ricardo González Cifuentes entraron hasta el tercer piso. A las 13:30 o poco antes, llegaron efectivos del regimiento Tacna frente a la Universidad y, para sorpresa de los nazistas, dispararon dos cañonazos con una pieza de artillería, derribando la puerta.

A las 15:30 hrs., viendo la acción perdida, los sublevados acordaron la rendición de todos los que combatían en los pisos superiores, procediendo a descender brazos en alto, al sexto piso junto a los empleados que ellos habían mantenido cautivos, en calidad de rehenes, desde el mismo momento en que ese grupo nazi se tomó las dependencias del edificio del seguro Obrero.

Cerca de las 15:00 hr., el joven nazi  Gerardo Gallmeyer recibe un disparo en la frente (fue el único muerto en acción en el Seguro), al asomarse desde una ventana. En su reemplazo toma el mando de los amotinados Ricardo White Alvarez. Por calle Teatinos aparecen los regimientos Tacna y Buin. Los nazistas al verlos gritan alborozados. Pero al ver que abren fuego contra el Seguro, White grita: "¡Hemos sido traicionados! Estamos perdidos... ¡Chilenos a la acción! ¡Moriremos por nuestra causa! ¡Viva Chile!".

El comandante González Cifuentes, diez o quince minutos después de llegar los detenidos de la universidad al sexto piso del Seguro, envía a uno de ellos, Humberto Yuric, a pedir la rendición de sus compañeros. Pero Yuric,  al no lograr convencer a White, opta por quedarse con sus camaradas. Se envía entonces un nuevo emisario, Guillermo Cuello González, para advertir que si no se entregan, los rendidos en la universidad serán fusilados. Diez minutos después baja Cuello y da cuenta de su misión, tras lo cual un oficial de Carabineros le da muerte descerrajándole  dos tiros en la cabeza.

Minutos antes de las 16:00  horas los rebeldes del Seguro se rinden desprendiéndose de sus armas y despejando la escalera. Se les hace bajar al quinto piso junto a los funcionarios del Seguro que les habían servido de rehenes.

El mayordomo del edificio del Seguro Obrero va identificando a los funcionarios, los cuales fueron entregados al teniente Angellini. Los nazistas, en tanto, con las manos en alto son colocados vueltos hacia la pared en la escalera. Los oficiales Pezoa y González mandaron al teniente Angellini a consultar sobre qué hacer. El general Arriagada, por intermedio del teniente coronel Reynaldo Espinosa Castro, contestó textualmente: "¿Que no entienden lo que se les dice? ¡Que los suban arriba a todos y que no baje ninguno!".

Pezoa, a los pocos minutos, recaba una orden escrita, la que le fue enviada ("De orden de mi general y del gobierno, hay que liquidarlos a todos"). Una orden manuscrita del prefecto jefe, coronel Jorge Díaz Valderrama, ratificó la anterior. Pezoa, entonces, ordena el cumplimiento a González, el cual se niega alegando que la orden es contraria a los principios de la institución. Se dirige a la Intendencia, intercede ante sus superiores para no cumplir la orden, recibiendo por respuesta: "¡Es orden del gobierno!". Finalmente, implora clemencia al general Arriagada, quien responde: "¿Cómo se le ocurre pedir perdón para esos que han muerto a carabineros?". Pero ante los argumentos, el general se compromete a hablar con el presidente. La gestión del director general no prosperó.

A las 17:30 horas el carabinero que estaba colocado al final del descanso de la escalera, de acuerdo a las órdenes recibidas, hinca la rodilla y aprieta el gatillo de su fusil ametralladora. Durante los cinco minutos siguientes todas las armas policiales disparan sobre los rendidos.

Con gritos de terror, unos, y gritando sus consignas partidarias, otros (ha perdurado la frase que Pedro Molleda Ortega dirigió a sus compañeros: "¡No importa, camaradas, porque nuestra sangre salvará a Chile!"), todos murieron, siendo después repasados con disparos y/o golpes de sable y yatagán.

El teniente Antonio Llorens Barrera se negó terminantemente a acatar la orden, por lo que fue detenido y llevado al cuartel de Investigaciones.

Luego le correspondió el turno a los rendidos en la universidad, quienes se hallaban en el quinto piso. Se les llevó al cuarto piso, debiendo pasar por sobre los cadáveres de sus camaradas. José Cabello, alto funcionario del Seguro se identifica como tal, pero el coronel Eduardo Gordon Benavides, dándole un cachazo en la cabeza, le gritó: "¡Tú eres de los mismos, baja si puedes!". Cuando comenzaba a hacerlo, un civil que acompañaba a la tropa, Francisco Droguett Raud, lo mató de un balazo. Carlos Ossa Monckeberg, otro funcionario del Seguro, fue ultimado no obstante sus reiteradas súplicas. Luego un capitán grita a los carabineros: "¡Ya niños, a cumplir con su deber!", a lo que siguió la masacre.

A las 21:00 horas el diputado Raúl Marín Balmaceda, el doctor Ricardo Donoso Castro, el periodista Darío Zañartu Cabero y el capellán Gilberto Lizana, piden al mayor Luis Portales Mourgues permiso para entrar. Este termina por acceder, bajo su responsabilidad, no obstante existir orden superior de prohibir la entrada a los civiles.

Al recorrer el edificio, encuentran entre los cadáveres a tres nazistas vivos (Carlos Pizarro Contreras, Facundo Vargas Lisboa y Daniel Hernández Acosta). El diputado Marín se dirige a La Moneda, en tanto el periodista Zañartu y el doctor Donoso quedan junto a los sobrevivientes.

Marín regresó diciendo que Alessandri ordenaba que los tres fuesen protegidos. Los oficiales le creyeron. Pero la verdad es que no había hablado con el presidente. Una hora después se encontraría otro sobreviviente, Alberto Montes Montes, uno de los rendidos en la universidad.

Al día siguiente, Jorge González von Marées y Oscar Jiménez se entregaron a las autoridades.

El gobierno puso en marcha lo que el historiador Ricardo Donoso llamó "el escamoteo de la verdad".

 

 

 

 

Alesandri pidió al Congreso facultades extraordinarias y clausuró los diarios opositores La Opinión, del periodista Juan Luis Mery Frías y del diputado Juan Bautista Rossetti, y Trabajo, de los nazistas, y las revistas Hoy, de Ismael Edwards Matte, y Topaze, de Jorge Délano (Coke). Quedaron circulando los diarios de derecha y el radical La Hora, dirigido por Aníbal Jara, que inició una campaña destinada a divulgar lo acontecido publicando fotos, comentarios y revelaciones que estremecieron a la ciudadanía.

El sangriento evento del 05 de septiembre de 1938 dejó un trágico saldo de 63 muertos, 59 de los cuales eran nazistas. Sobrevivieron a esa hecatombe: Carlos Pizarro, David Hernández, Facundo Vargas y Carlos Montes.

La masacre tuvo graves ecos políticos; uno de ellos fue el fin de la candidatura presidencial de Ibáñez (que renunció a su postulación) y, el otro, más significativo aun, se tradujo en el apoyo público electoral que el enlutado nazismo criollo decidió entregar a la candidatura de Pedro Aguirre Cerda. Por cierto, estos hechos acaecidos en el segundo gobierno de Arturo Alessandri terminaron hundiendo al ex ‘león de Tarapacá' en el marasmo de la ignominia y el olvido político.
Años más tarde, los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, los actos criminales, genocidas, bestiales e inhumanos cometidos por el nazismo de Hitler en Europa, terminaron favoreciendo y exculpando a los oficiales de ejército y de carabineros (así como al propio Alessandri) por su responsabilidad y participación directa en la matanza.

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Tomás Nomás
dijo :

Estoy tan ocupado ahora que no puedo analizarlo con la tranquilidad que estos temas merecen así que ahí en favoritos no se me perderá y podré leerlo dentro de la semana.

En realidad la Historia en General  y en Particular me interesa mucho.

Saludos Amistosos

  Tomás Nomás

 

 

10/05/2010 a las 1:41
Patty
dijo :

terribles sucedos nos relatas Lobo51, pues cuando era niña vi el reportaje que "Informe especial" realizó a esta masacre y los testimosnios de los que entonces quedaban vivos y participaron de los sucesos. Tal como escribes, este movimiento se confundió con el que mencionas al final de tu post dejando a los verdaderos asesinos sueltos e incluso pasando a formar parte del "heroísmo" militar cuando asesinaron fríamente a unos jóvenes que luchaban por un Chile mejor llenos de ideales y valores para con nuestra patria. En el reportaje mencionado, ellos mismos dijeron que sus pensamientos y su doctrina no tenían nada que ver con aquella que llevó a la muerte a millones de personas ... no sabría decir si es verdad o no ... lo que admiro de estos muchachos es su fortaleza moral para resistir y su lucha constante para el desarrollo del país de manera justa.

Esto me recuerda el homenaje que se les hizo en la estación de metro "Universidad de Chile" en aquel hermoso mural que puede visualizarse desde la altura. Creo que no hay que olvidar sucesos como estos, no hay que olvidar la valentía de estos mártires, jovenes todos, que dieron su vida por sus ideales. Otro homenaje es la placa frente a La Moneda y la Intendencia, pero está desgastado porque le sacaron mal el brillo del bronce y no lo protegieron. Y claro, es inconfundible el del Cementerio Gral.

Saludos!! -----------------

Patty

 

10/05/2010 a las 14:42
Rodrigo
dijo :

uno de los articulos más completos podria decir, que he encontrado por la web, muy bueno, lo otro mi abuelo fue sobreviviente de este suceso, gracias por el post.

11/05/2010 a las 8:49
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