Renata Moreno

Mi amiga la comida

A mi madre le gusta tener siempre material de lectura en el baño. Hojeando las páginas de un añejo número de la Revista Ya, me topé con un artículo sobre "La difícil relación de la mujer y la comida", refiriéndose a cómo, sin importar cuan flaca o proporcionada se pueda llegar a ser, el concepto de "flacura" (¿"flaqueza"? ¿"flaquedad"?...dejémoslo en "delgadez") está tan instalado en nuestra mente que resulta simplemente imposible tener una relación saludable con la comida. Esto último debido a que ser flaca se relaciona directamente con ser bella y, por ende, con ser amada y aceptada. Como si hubiera descubierto la pólvora doña Paula Serrano.
Primera cosa: ¿por qué los psicólogos insisten en que los individuos tengamos una relación saludable con absolutamente todo? ¿por qué hablar de relación, para empezar? Yo no saludo a mi comida. No le pido que se preocupe de mí ni ella me pide que le haga nanais. De hecho, todos mis más o menos fallidos intentos de volverme vegetariana van justamente por ese lado; no quiero que mi comida tenga ojos y me mire fijamente mientras me la como, ni mucho menos saber que tiene descendencia, vilmente truncada por el hecho de que me la estoy comiendo. Si ud. considera que su relación con la comida es "difícil", por favor ¡deje de comer cosas que tienen la capacidad de relacionarse con usted!
Segundo: Si, de acuerdo, quién soy yo para negar que las mujeres arrastramos constantemente la culpa de la última porción de torta panqueque de chocolate que nos comimos en el Gatsby. Sentimos la mayonesa de un completo emanar de nuestros poros antes de darle el primer mordisco, y lo engullimos completo de igual manera. Si estamos con amigas, siempre hay una que come menos porque "está a dieta" o "le hace mal tanta grasa saturada", de forma que la otra se vea obligada a parafrasear algo así como "es que hoy no almorcé" para justificar su mostruoso apetito. Sin embargo, no es la comida la que le hace difícil la vida, señora ¡Es la yegua de su amiga que está sentada a su lado! Y si no es ella es su marido, pololo, amante, amigo-con-ventaja cuyo afán por el ron o la cerveza le junta cada día más el ombligo con las uñas de los pies, pero que se siente con la autoridad moral de llamarla "mi gorda", "mi guatoncita", "mi chancha" y apodos varios que no hacen más que convertir su autoestima en un "valor" inversamente proporcional a lo que indica la "romana", las cuales, más encima, son ahora digitales, y le indican hasta el último gramo que adquirió con ese último happy hour. ¿Es la comida la culpable? ¿no será su amiga, la rubia estupendaza que sólo conoce el azúcar a través del Listerine Portable? ¿o quizás su marido, el que necesita de un espejo pegado al piso para mirarse el pene?
Creo, de corazón y sinceramente, que disfrutar de una calórica y deliciosa torta de chocolate sin el respectivo remordimiento, bien vale perder una amiga o un marido. Y si no me cree vaya a misa, ahí le enseñarán que Jesucristo ya cargó con todos sus "pecados"
Tercero: Todas somos bulímicas en potencia. Vemos películas y documentales sobre la anorexia y la bulimia. Los vemos y terminamos diciendo o pensando algo así como "prefiero ser gorda pero sana", pensando, en realidad, que nos gustaría ser capaces de imitar a la flacuchenta objeto de documental. Porque la parte en que la tipa muere o queda con problemas hormonales y digestivos de por vida la pasamos de largo. Lo que nos queda es la imagen de la flaca, flaquísima, que mientras mantuvo su anorexia o bulimia oculta de su familia, fue la tipa más popular del colegio/universidad y se agarró a cuanto mino quiso. Por ende, señora, vomite tranquila y no le cuente a su marido. Es la única manera de disfrutar de la comida, el amor y la delgadez a la vez.
Termino de leer el artículo de la Revista Ya (que dicho sea de paso, trae a la Vivi Kreutzberger muy rebosante de alegría en la portada) que finaliza con "...pero a pesar de este panorama, las mujeres debemos rescatar que hacemos tanto y tan bien ¡Somos un verdadero milagro!". Cri-cri. Eso, es el resultado de 5 años en una prestigiosa Escuela de Psicología, más varios posgrados e incontables años de experiencia con pacientes. No se torture señora. Es usted otro caso de bulimia esperando suceder, un permanente manojo de nervios y ansiedad que se priva constantemente de alimento y resuelve sus problemas emocionales yendo a Taco Bell...pero ¡es usted un milagro!.
Termina así de hacer sus efectos el Tçe Bekunis posterior al pollo con papitas fritas con la Caro en el Mokka, y que me llevó a terminar leyendo esta revistita.
Cuarto y final: La comida tiene colores, gustos, aroma y texturas, y si se consumen los tipos adecuados de ella en la dosis precisa, puede llegar a reemplazar absolutamente el sexo. La comida no critica, no juzga, ni le dice que está gorda. La comida aporta vitaminas, proteínas, fibra, grasas de diversa saturación e hidratos de carbono. La comida no engorda ¡LA QUE ENGORDA ES USTED!
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Andreitatop
dijo :

EXCELENTE ESCRITO!

Cuan cierto es lo que has escrito.. sobre todo eso lo de la relación con la comida.. jajaja

y aqui seguimos sufriendo por rebajar un kilito más, pero comiendonos a la primera de cambio el más rico de los chocolates

saludos y felicitaciones de nuevo

 

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Andrea Pardo

::::: la asignación de culpas no soluciona el problema ::::

09/10/2007 a las 1:11
cecilia
dijo :


 , la comida sufrimiento ???no

me encantan los preparativos , la presentación , la mezcla de sabores y colores, el aroma, mmmm .Que sea placentero, lento, degustando y cuando no hay tiempo algo rápido liviano ensaladitas ñam ñam...

No me gustan los chocolates , ni las tortas ni los helados

09/10/2007 a las 10:07
Pandora
dijo :

Muy bueno lo que escribiste, muchacha! Y pensar que una psicologa es capaz de manifestar tanta tontera.....

Como tú, mi relación con la comida no tiene nada de complicado. Si es tan rico comer *-*

s(A)ludos!

12/04/2009 a las 5:55
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