Represión en Birmania
Creo que no podemos permanecer indiferente a la represión que en estas semanas han sufrido a vistas de todo occidente el pueblo de Birmania. Ubicada en el Sudeste Asiático, La Unión de Myanmar (antigua Birmania) se encuentra situada entre la meseta del Tibet y la península malaya limita con India, China, Laos y Tailandia.
Con cerca de 50 millones de habitantes y un PGB similar a Chile tiene una rica historia ancestral, pero con una tremenda precariedad y condiciones de pobreza principalmente rural ahondada por el control del narcotráfico, la represión étnica y la baja inversión social en beneficio de la carrera armamentista. Logró su independencia del colonialismo inglés en la segunda mitad del siglo XX y en 1962 un golpe de Estado instaló una junta militar de corte marxista apoyada por la república popular China.
Debido al férreo control de la prensa ha sido difícil entender el contexto político y los alcances que la crisis desencadenada ha tenido hasta el momento. El llamativo papel de los monjes budistas en este proceso no es nuevo. Militares habían atacado a principios de mes a 300 monjes que marchaban para protestar contra el aumento de los combustibles con el resultado inicial de un primer monje muerto y el arresto de numerosos clérigos.
Las manifestaciones contra el aumento en los precios de los combustibles, que se elevaron en 500 por ciento de un día para otro, continúan derramando sangre, por cierto de un solo lado, sumándose al martirio la prensa internacional.
Remitir el asunto a un problema de carácter económico, sería de un reduccionismo abismante. Los birmanos, sufren una cruel dictadura castrense marxista por más de cuatro décadas y exigen el fin de la junta, mejores condiciones de vida y la democratización de un país sometido, que en 1988 fue aplastado con la muerte de más de 3.000 personas a las órdenes de Than Shwe, tomando prisionera a la líder de aquella protesta democrática quien fuera ganadora de las elecciones anuladas de 1990 y Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi quien revitaliza la esperanza del pueblo oprimido.
El liderazgo pacífico de los monjes se ha transformado en un ícono de la lucha por el respeto a los derechos humanos que se han vulnerado sistemáticamente con uno de los regímenes que ha cobrado miles de víctimas con la omisión asombrosa de occidente. Es el momento de enfrentar esta lucha sin sacar cálculos económicos ni políticos sino pensando en la dignidad de millones de hermanos con derecho a la libertad , a mantener su cultura y creencias .






