Alvaro Muñoz Ferrer

Piñera y su liderazgo egoísta: ¿Capricho o manos atadas?

sebastian_pinera1.jpg

Una de las tantas críticas que se le hace al gobierno de Sebastián Piñera es que su gobierno parece excesivamente personalista. Quiere estar “en todas”. Esta característica puede darse en 2 contextos distintos: Cuando la persona es demasiado obsesiva o cuando el equipo de trabajo es poco capacitado (o poco sincronizado con los objetivos de la persona). ¿En cuál de estos escenarios se encuentra el presidente?

Lo primero es evidente.  Incluso el propio Piñera lo ha admitido. Desde sus tiempos de estudiante, hasta su época de empresario, la minuciosidad ha sido, no solo una obsesión, sino la clave de su éxito económico. Cuando una persona es tan detallista, no quiere que nada se escape del itinerario inicial, por lo que, a pesar de contar con gente de gran capacidad intelectual a su lado, prefiere la omnipresencia para fiscalizar personalmente que todo salga según su plan.

Eso por una parte, pero si analizamos los apoyos y obstrucciones partidistas del presidente, encontramos otro elemento de análisis. Primero, la concertación. Si usted está jugando un partido, no puede pretender que el equipo perdedor se siente a aplaudirlo luego del encuentro. Es decir, la concertación será una oposición casi violenta, ya que aún está “picada” por haber perdido un encuentro que estaba ganando hace veinte años, pero que se le escapó a último minuto. Segundo, los aliados del presidente: La UDI y RN. ¿Qué tan aliados son? La visión de mercado es transversal en la derecha, pero el tema valórico genera tremendas discrepancias: Hace poco, el recientemente re-electo presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín, realizó desafortunadas declaraciones acerca de las uniones de hecho entre homosexuales. Además, el ex embajador de Chile en Argentina, Miguel Otero, golpeó las fibras más sensibles de los afectados por la dictadura, realizando afirmaciones que hacen pensar que el Pinochetismo sigue vigente al interior de la Alianza. El presidente no puede hacer otra cosa que desmarcarse de la evidente discordancia ético-moral entre lo que intenta proyectar y lo que demuestran los dos partidos que lo sustentan parlamentariamente, por lo que a veces le es más “rentable” mostrar un proyecto individualista y así evitar críticas valóricas. (Las declaraciones de Otero respecto de la dictadura fueron la oportunidad perfecta para Sebastián Piñera de declarar su “fuerte compromiso con los derechos humanos”).

Así, el primer mandatario se encuentra en ambos escenarios y su “liderazgo egoísta” ya no parece un mero capricho: Por un lado, su meticulosidad es inherente a su personalidad y, por otro, se encuentra atado de manos en cuanto a sus aliados: Si los escucha mucho, peligra ser criticado por mimetizarse con el conservadurismo prehistórico de la UDI y RN.

El personalismo es peligroso en un cargo que conlleva tantas responsabilidades distintas. Debe buscarse convergencia con los aliados y calmar los instintos, sino, el camino puede ponerse excesivamente complicado y terminar en fracaso.

Publicidad por Bligoo.com
Comentarios de este artículo en RSS

MENSAJE_LEGAL_ATINA_CHILE.jpg

{container-17}