vinka astudillo

una tradicion franciscana

Para quienes son creyentes o no, cristianos o de otros credos, agnósticos o ateos, resultará (espero), interesante conocer esta tradición franciscana, que  alegra la obscuridad y desesperanza de la separación.guillermo.jpgEs un Renacer para ellos, es un morir para vivir.

Pero no en la oscuridad del duelo y la tristeza, mas bien como dice Leonardo Boff:

Morir para vivir

más y mejor.

Creo que todos pensamos alguna vez en este paso, o nos toca vivirlo de cerca por nuestra familia o amigos.Y pensamos o sentimos profundo dolor.

Esta tradición franciscana propone acompañar al que inicia su descanso, con otro sentimiento.

Conozcamos esta tradición y su significado.


 

Morir para vivir más y mejor

2007-10-26


  El sentido de la vida depende del sentido que le demos a la muerte. Si la muerte es vista como simple negación de la vida y como tragedia biológica, entonces vale lo que ya decía san Pablo: «comamos y bebamos, que mañana moriremos».

Pero hay culturas que le han dado un sentido más alto: la muerte es la oportunidad de construir el propio destino y de plasmar el mundo a nuestro alrededor en consonancia con un proyecto civilizatorio.

El cristianismo, a su vez, propone su representación de la muerte. No como contraria a la vida, sino como una invención inteligente de la vida para poder dar una zambullida radical en la Fuente de toda vida. La muerte no sería un fin-término sino un fin-meta alcanzada, un peregrinar rumbo al Gran Útero paternal y maternal que al final nos acogerá definitivamente.

Dentro del cristianismo, con referencia a la muerte se ha desarrollado una tradición de gran significación y con sentido de fiesta. Se trata de la tradición franciscana. Francisco de Asís consiguió una reconciliación completa con todas las cosas, con las profundidades más oscuras de nuestra vida y con sus dimensiones más luminosas. Cantaba a la muerte como a una hermana. No como una bruja que viene a arrebatarnos la vida sino como hermana que nos introduce en el reino de la plena libertad. Murió cantando salmos y cantigas de amor de Provenza.

Todos los franciscanos guardan esta herencia sagrada en la forma como celebran la muerte de los cofrades miembros de la comunidad. A mí, que sigo siendo cofrade en espíritu, me tocó vivenciarlo innumerables veces. Es simplemente conmovedor: una pequeña anticipación del nuevo cielo y de la Nueva Tierra dentro de este ya cansado planeta. Al aproximarse la muerte del cofrade, toda la comunidad se reúne alrededor de su lecho. Se recitan salmos y oraciones que infundan confianza al moribundo para el Gran Encuentro. El día que muere, por la noche, se hace una fiesta llamada «recreación». Allí hay confraternización, comida, bebida, comentarios sobre la saga personal del cofrade fallecido y varios tipos de juegos. Al día siguiente se hace el entierro. Y por la noche nueva «recreación festiva». ¿Qué se esconde detrás de este rito de paso?

Se esconde la creencia de que la muerte es el vere dies natalis, una verdadera Navidad de la persona, el momento en que logra nacer definitivamente. Como aún no estamos terminados, aunque estemos enteros, vamos naciendo cada día, poco a poco, hasta acabar de nacer. Y eso es lo que ocurre en la muerte, que no es la consumación de la vida, sino su cuna. ¿Quién puede entristecerse con el nacimiento de la vida? Es Navidad y Pascua, magnificación de la vida mortal que, a partir de la muerte, se hace eterna. Por lo tanto hay buenos motivos para festejar y celebrar.

El efecto de esta comprensión es la desdramatización de la muerte y la jovialidad de la vida. La vida no fue creada para terminar en la muerte, sino para transformarse a través de la muerte. Ésta representa el momento alquímico de paso para un orden distinto de realidad, donde la vida puede continuar su trayectoria de expresión de las infinitas posibilidades que contiene, hasta la de poder fundirse con la Realidad Suprema.

Así que podemos decir: no vivimos para morir; morimos para vivir más. O todavía mejor: para permitir la resurrección  que es la revolución dentro de la evolución.

 

 

Publicidad por Bligoo.com
Carlos Duarte
Carlos Duarte dijo : Que importante el contenido. Es mucha ayuda para aquellos que sufrimos sentimientos de pérdida alguna vez, o que la estamos sufriendo, y apelamos hasta a banalizar las situaciones y sentimientos para soportarlos. Gracias. Y tu, como siempre, preocupada de los demás.
27/10/2007 a las 15:28
Carlos Duarte
Carlos Duarte dijo :

Vinka: yo se que tu eres la más fiel fan de Boff, y también creo que ambos se merecen. Te encuentro razón en todo lo que dices. La negritud de la pérdida es equivalente a la muerte; sólo se espera que la luminosidad de la resurrección la elimine.

En estos días he meditado mucho, y también he concluido que la pérdida es un acto de egoismo y de cobardía. Quizá el dolor no venga tanto de la sensación de carencia como del sentimiento de fracaso personal. Es bueno reflexionar en lo que Boff nos dice, y reconocer humildemente que siempre algo pudo ser de otra manera, y que si no lo fué es por culpa nuestra en gran parte. Por so te decía que se termina por recurrir al recurso estúpido de banalizar y culpar a otros, en lugar de afrontar y aceptar la debilidad y la incapacidad propia. Llegar a esta conclusión ayuda a alivianar el peso y a enfrentar con más certeza el futuro. Ciertamente, uno se va haciendo cada vez más grande a medida de que va aprendiendo en esta vida.

Gracias amiga. 

27/10/2007 a las 16:03
Carlos Duarte
Carlos Duarte dijo : mmmmm lo leeré varias veces antes de formar opinión, y menos emitirla. Un abrazo.
27/10/2007 a las 18:58
Comentarios de este artículo en RSS

MENSAJE_LEGAL_ATINA_CHILE.jpg

{container-17}