La infame mano de la Ingeniería en la Ciudad
Enviado por Fernando Lobos Miralles el 30/10/2007 a las 15:48
Etiquetas: ingeniería urbanismo ciudad arquitectura | Regiones Todo el país
El proceso de desarrollo de un país se supone que se refleja en su ciudad, y de hecho estoy convencido de que eso es así, que efectivamente el acervo cultural de un pueblo, la capacidad económica de un país y su idiosincrasia se expresa en sus ciudades.En el caso de Santiago, la ciudad en que vivo y que observo desde que nací, el desarrollo se expresa tal cual es, en sus muros, en sus edificios públicos y en sus calles, en sus carreteras, en su transporte público, en los baños, en las casas, en sus plazas, en sus parques, en los baños y en las fuentes de soda.
Naturalmente el ensayo en este tema contiene muchos temas, y no tengo ninguna pretensión de abordarlos todos, ni pretender tener la verdad absoluta, tan solo hago una reflexión interpretativa acerca de algo que me toca, mi ciudad.
La sociedad capitalina (que es la que conozco, pero supongo que en otras ciudades será igual), ha confiado a ciegas durante décadas en la ingeniería como respuesta a las necesidades, a los nuevos requerimientos, como la armada que conquistará el desarrollo y se encargará de la misión de escape del tercer mundo. De hecho prueba clara de ello es cómo se han fundado múltiples nuevas ingenierías en Universidades e Institutos de todo orden, y que incluso a juicio de los Ingenieros duros (digamos los de las vertientes tradicionales asociadas a las ciencias matemáticas y físicas) no corresponden a esta rama del conocimiento. Para dar algunos ejemplos se pueden nombrar las Ingenierías Comercial y de Prevención de Riesgos, que se encuentran en un punto del conocimiento demasiado distante de las ingenierías tradicionales como para llevar tal nombre.
La explicación de este fenómeno de ?Ingenierización? de algunos quehaceres profesionales está en el valor social que tiene el concepto de Ingeniería como prefijo para cualquier cosa, es casi como ser Doctor, el reconocimiento público se distorsiona, la admiración profesional se somete al rimbombante nombre de ?Ingeniero?, lo que no necesariamente se condice con la real capacidad de resolver las problemáticas ingenieriles, o alguna otra.
Ahora, volviendo al asunto, por esta valoración equivocada, se ha confiado en los Ingenieros (tradicionales, nuevos y falsos), para que tomen el control del desarrollo de la ciudad, entonces el gremio se ha adjudicado el trazado de las nuevas vías, ha intervenido barrios (generalmente asesinándolos como solución óptima), ha desarrollado los nuevos planes de transporte público (fallidos todos como ya sabemos) y a su vez apoyados por el libre mercado han instalado a la industria inmobiliaria (mercenaria del interés económico) como agente de control del desarrollo urbano.
Bueno, me permito entonces destacar que, los criterios estéticos, la dimensión social (desde la perspectiva de la conciencia), las relaciones espaciales, históricas (desde la dimensión patrimonial), y la cultura de la integración y del enriquecimiento de los significados de un determinado espacio urbano, no son del interés ni de la materia de las ingenierías, por lo que a ellos sólo les competen asuntos como la maximización de los recursos, la explotación económica más conveniente y el diseño más ?ingenieril? posible, lo que puede observarse en las infames pasarelas sobre las carreteras, en el torpe diseño vial, y en las ineficiencias de las infraestructuras de la capital, que no sólo han privado al ciudadano de espacio público y espacios de tránsito peatonal y de significados, sino también de identificación. De hecho el fetiche máximo de un ingeniero instalado en la intervención de la ciudad son los distintos módulos ofrecidos por las empresas que venden hormigón prefabricado.
Con este panorama es que alzo mi pancarta? dónde están los urbanistas (si Brünner pudiera resucitarse), dónde están los arquitectos, los diseñadores, dónde están los soñadores que pretenden algo un poco más noble que la explotación de los telepeajes (Tags y otros anglicismos), dónde??
Bueno este es el momento, antes de que algún romántico con sensibilidad no resista más y se decida a lanzar una bomba H en la Plaza de armas, debemos rescatar nuestra ciudad, yo estoy disponible desde hace tiempo?
Arquitectos a trabajar!!!!!!!!, primero en descontar a los ingenieros (empecemos por los falsos) y luego situando a los más verdaderos y capaces en el lugar en el que siempre debieron estar, al servicio de los urbanistas y arquitectos (nunca al revés), que su trabajo consista en hacer posible los sueños y las imágenes y no en emplearnos para hacer las plazas que la norma les exige.
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coincido plenamente en casi todo, no es culpa de la ingeniería (técnico - técnocrata) haberse introducido en ámbitos de contexto social (humano -humanista) sino la corriente económica que siempre está detrás de el enriquecimiento más que hacer las cosas primero bien y segundo que contemplen patrones estéticos, te aseguro que hoy Mackenna tambien se revuelve junto a Brunner, y no por la falta de compromiso armónico o urbano en la ciudad (está Santiago y otras), sino con la calidad de ciudad que hemos ido creando, obviamente también detrás hay políticas arquitectónicas modificadas al gusto de mercado y opiniones de arquitectos hay varias, también proyectos, sin embargo la demanda colectiva de $ x m2 es mucho para una voz que se apaga (a menos que trabajes en las sendas inmobiliarias), dejarse estar?, no, hoy nos hemos convertido más que nada en vigilantes o guardianes que algo de bulla mete pero la voz se apaga :(...
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Alejandra Bobadilla D.
Namasté (mi luz interior reconoce la tuya y la honra)
http://umatana.blogspot.com
estimado fernando
Desde Concepcion, siendo otra realidad, mas provinciana, veo esa misma mirada sesgada que tienen los ingenieros que le esta haciendo tanto mal a la ciudad.
Curiosamente este lunes me publicaron en el diario El Sur de Concepcion una columna que te adjunto sobre el mismo tema :
TAN LEJOS, TAN CERCA
En Chile, hace rato el urbanismo y la planificación de las ciudades están en crisis, que etimológicamente significa cambio, por la movilidad urbana, priorizándose lo vial y los sistemas de transportes. Paradojalmente, “soluciones problemas”.El Transantiago, el Biotrén, las rotondas saturadas, la vialidad sobrepasada, la sobrecarga de puentes para el transporte pesado, los viajes excesivos, la falta de tiempo y las distancias desmedidas son algunos temas en cuestión. La radicación, sustituida por la movilización, ha pasado a un segundo plano. Lo vial, con sus redes de conexión, como paradigmas dominantes, se han impuesto en la agenda pública. Marcan prioridades de inversión y pautéan recursos en infraestructura.
Producto de un modelo funcionalista, en que las actividades se conciben separadas unas de otras, por un lado, y la irrupción de la cultura suburbana tipo “American Life” -con el automóvil como icono de libertad- por el otro, nuestras ciudades se disgregan. El impacto las afecta, en su operatividad y en el recambio de su identidad urbana. La vía, está por sobre la calle. La movilidad la lleva.Se ha enrarecido la percepción de bienestar y calidad de vida por un sentido de no pertenencia, de estar en un eterno tránsito, que nos lleva a una permanente sensación de desarraigo. Todo tiende a la dispersión, a la segregación con múltiples desplazamientos, y por ello, a mirar la vida diaria como actividades fragmentadas en el espacio. Una vida entera, corriendo. Sin aliento. Prácticamente gran parte de la inversión publica se la devoran carreteras y vías urbanas, pasos sobre y bajo niveles, conectores, metrotrenes, estaciones, túneles, puentes, cruces. La conectividad de lo disperso es lo predominante con grandes gastos de energía, tiempo y recursos.
La visión inclusiva que tenia la ciudad tradicional donde todo se fusionaba, permitía traslapar y concentrar el acontecer diario. Todo estaba cerca, accesible a pie, posibilitando que esta cercanía del comercio y el taller, el hogar y la escuela, la iglesia y el almacén, la plaza y el mercado, o que la proximidad del medico de cabecera y el lechero, generaran una sensación de bienestar inmóvil. Esta seguridad de constatar que el arraigo y la vecindad lo proporcionaba todo, promovía en definitiva, la convivencia y la vida de barrio en forma estable y permanente. No había que salir de el, para tener la provisión de la vida misma.
Producto de esta cultura suburbana, que diluye y segrega la ciudad, provocada por la especulación del suelo y el crecimiento de la economía, se ha desarrollando un modelo de ciudad fragmentada en lo social, espacial y de actividades. Una ciudad dispersa y dependiente, en permanente expansión. Hay que revisar el sinsentido de esta loca carrera. No todo se suple con anchas carreteras. Tal vez sea necesario contener y actualizar el relato de la vida urbana de nuestros padres o abuelos que no se movían jamás del barrio y parecían tenerlo todo a mano, cotidianamente.Gsch
ArquitectoGracias por sus comentarios, en especial a los colegas.
Saludos, pronto saco otra publicación.
A propósito del caso de Concepción, bueno, ya me temía que el problema estuviera generalizado.
;)