El entonces sonríe, pero su sonrisa, aunque tierna, es irónica. Sospecho que ningún sentimiento abriga secretos para él. Se aleja, simulando a su vez querer tranquilizarme. Quedo sola.
.... Oigo pasos muy leves sobre la alfombra, pasos de pies descalzos. El está nuevamente frente a mí, desnudo. Su piel es oscura, pero un vello castaño, al cual se prende la luz de la lámpara, lo envuelve de pies a cabeza en una aureola de claridad. Tiene piernas muy largas, hombros rectos y caderas estrechas. Su frente está serena y sus brazos cuelgan inmóviles a lo largo del cuerpo. La grave sencillez de su actitud le confiere como una segunda desnudez.
.... Casi sin tocarme, me desta los cabellos y empieza a quitarme los vestidos. Me someto a su deseo callada y con el corazón palpitante. Una secreta aprensión me estremece cuando mis ropas refrenan la impaciencia de sus dedos. Ardo en deseos de que me descubra cuanto antes su mirada. La belleza de mi cuerpo ansía, por fin, su parte de homenaje.
.... Una vez desnuda, permanezco sentada al borde de la cama. El se aparta y me contempla. Bajo su atenta mirada, echo la cabeza hacia atras y este ademán me llena de íntimo bienestar. Anudo mis brazos tras la nuca, trenzo y destrenzo las piernas y cada gesto me trae consigo un placer intenso y completo, como si, por fin, tuvieran una razón de ser mis brazos y mi cuello y mis piernas. ¡Aunque este goce fuera la única finalidad del amor, me sentiría ya bien recompensada!
.... Se acerca; mi cabeza queda a la altura de su pecho, me lo tiende sonriente, oprimo a el mis labios y apoyo en seguida la frente, la cara. Su carne huele a fruta, a vegetal. En un nuevo arranque echo mis brazos alrededor de su torso y atraigo, otra vez, su pecho contra mi mejilla.
.... Lo abrazo fuertemente y con todos mis sentidos escucho. escucho nacer, volar y recaer su soplo; escucho el estallido que el corazón repite incansable en el centro del pecho y hace repercutior en las entrañas y extiende en ondas por todo el cuerpo, transformando cada célula en un eco sonoro. Lo estrecho, lo estrecho siempre con más afán; siento correr la sangre dentro de sus venas y siento trepidar la fuerza que se agazapa inactiva dentro de sus músculos; siento agitarse la burbuja de un suspiro. Entre mis brazos, toda una vida física, con su fragilidad y su misterio, bulle y se precipita. Me pongo a temblar.
.... Entonces él se inclina sobre mí y rodamos enlazados al hueco del lecho. Su cuerpo me cubre como una grande ola hirviente, me acaricia, me quema, me penetra, me envuelve, me arrastra desfallecida. A mi garganta sube algo así como un sollozo, y no sé por qué me es dulce quejarme, y dulce a mi cuerpo el cansancio infligido por la preciosa carga que pesa entre mis muslos.
Fragmento "La última niebla" María Luisa Bombal
Mi gran Chilena
Hay formas de decir, lo que no sabemos como decir, esta es una manera, una ejemplar manera.
"Vamos ahora a la Luna. En realidad, no está tan lejos. El hombre puede ir muchísimo más lejos sin salir de sí mismo"
Anaïs Nin







Perfecta en su relato y en toda su obra, intensa en su vida.
Es una deuda que se llevó sin cobrar a la tumba: no recibió el Premio Nacional de Literatura.
Pero no importa, porque en muchas generaciones de chilenas y chilenos dejó su marca y ella es la mejor premiada en el sentimiento y en la belleza del arte.
Gracias amiga por presentar este relato que traspasa el tiempo.
Ella dejó una marca indeleble en nuestra historia de literatura nacional.
Una marca en las almas que logran sentir una última o penúltima niebla.
Saludos para ti amiga también
Que gran Chilena es Maria Luisa Bombal
Aqui algo que me identifica totalmente
Inconscientemente él se apartaba de ella para
dormir, y ella, inconscientemente, durante la
noche entera, perseguía el hombro de su marido,
buscaba su aliento, trataba de vivir bajo su
aliento, como una planta encerrada y sedienta
que alarga sus ramas en busca de un clima propicio.
El Arbol
Saludos
Catalina
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La defensa sin cuestionamientos de una hipótesis es incompatible con la libertad de conversar.
En palabras, en esencia, en momentos que nos pertenecen a todas, en momentos que reconocemos. Palabras tan bien escritas, letras que se conjugan de una manera tal que son de todas, de mundos en épocas y momentos tan disímiles pero iguales.
Un árbol que está quizás detrás de tantas ventanas
Saludos Catalina