My New Home Town 4part

Enviado por tawfik seeman el 18/07/2010 a las 0:17
tawfik seeman

LosPortales.JPG

“One, two, three o'clock, four o'clock, rock, 
Five, six, seven o'clock, eight o'clock, rock, 
Nine, ten, eleven o'clock, twelve o'clock, rock, 
We're gonna rock around the clock tonight. 
Put your glad rags on and join me, hon, 
We'll have some fun when the clock strikes one, 
We're gonna rock around the clock tonight, 
We're gonna rock, rock, rock, 'til broad daylight. 
We're gonna rock, gonna rock, around the clock tonight. 
When the clock strikes two, three and four,” 

 

“Rock around the clock “, Bill Haley

 

AÑO 1959

 Tarek, sentía que una nostalgia se apoderaba de el. Sentado al borde del estanque de agua, construido con ladrillos y revocado con cemento, ubicado frente al cementerio, dejó escapar los pensamientos. Desde allí, podía dominar con la vista todo el valle: los bosques de eucaliptos, los pinos, las quebradas que se extendían sobre los potreros, sembradíos y que subían perdiéndose por la serranía norte. El río se dejaba ver entre sauces llorones, totorales y colas de caballo. Más allá estaba la casa de máquina, de la familia Callejas, quienes habían instalado motores a turbina, que generaban la luz eléctrica al pueblo. El agua que alimentaba la turbina, corría por acequias construidas en la falda de la loma, al subir por esta, se llegaba a una planicie desértica y montañas de baja altura.

Los techos de las casas, eran mosaicos de colores y sobre estos había brotado hierba salvaje. La torre de la iglesia se recortaba ante el paisaje, ubicada a la izquierda de la mansión de los Callejas y al costado derecho del edificio Los Portales, eran la magia de Freirina. Pueblito con un baúl repleto de anécdotas, leyendas, historias y supersticiones.

 El viento de la costa, golpeó su rostro. Respiro profundamente ese puro aire marino, que le hizo sentir bien. Luego,  recitó suavemente un poema, que decía así:   

Y él alzó su cabeza, miró a la gente 
y la quietud descendió sobre todos. 
Entonces, con fuerte voz dijo:

Cuando el amor os llame, seguidle. 
Aunque su camino sea duro y penoso. 
Y entregaos a sus alas que os envuelven. 

Aunque la espada escondida entre ellas os hiera. 
Y creed en él cuando os hable. 
Aunque su voz aplaste vuestros sueños, 
como hace el viento del norte, 

el viento que arrasa los jardines. 

Porque, así como el amor os da gloria, 
así os crucifica. 

                                                                                                       Gibran Khalil Gibran

Se quedó un rato en silencio. La tranquilidad de la tarde, acompañado de un concierto de trinos de las avecillas que saltaban de rama en rama, lo envolvió e inspiró. Allá en lontananza se divisaba el horizonte que unía el mar y el cielo. Abrió la mochila, fiel compañera de expediciones en busca de petroglifos y flechas de los aborígenes que poblaron la zona antes de la llegada de los españoles. Buscó el libro que llevó, titulado “Alas Rotas” de Gibran Khalil Gibran, en voz alta, leyó:

Vecinos míos, vosotros recordáis. con placer la aurora de vuestra juventud, y lamentáis que haya pasado; pero yo recuerdo la mía como un prisionero recuerda los barrotes y los grilletes de su cárcel.

Vosotros habláis de aquellos años entre la infancia y la juventud como de una época de oro, libre de confinamientos y de cuidados, pero aquellos años. yo los considero una época de callada tristeza que caía como una semilla en mi corazón, y crecía en él; y que no encontraba salida hacia el mundo del conocimiento y la sabiduría, hasta que llegó el amor y abrió las puertas de mi corazón, e iluminó sus recintos.

 

El amor me dio lengua y lágrimas. Seguramente recordáis los jardines y los huertos, las plazas públicas y las esquinas que presenciaron vuestros juegos y oyeron vuestros inocentes cuchicheos; yo también recuerdo hermosos parajes del norte del Líbano. Cada vez que cierro los ojos veo aquellos valles, llenos de magia y dignidad, cuyas montañas, cubiertas de gloria y grandeza, trataban de alcanzar el cielo. Cada vez que cierro mis oídos al clamor de la ciudad, oigo el murmullo de aquellos riachuelos y el crujido de aquellas ramas. Todas esas bellezas a las que me refiero ahora, y que ansío volver a ver como niño que ansía los pechos de su madre, hirieron mi espíritu, prisionero en la oscuridad de la juventud como el halcón que sufre en su jaula al ver una bandada de pájaros que vuela libremente por el anchuroso cielo. Aquellos valles y aquellas montañas pusieron el fuego en mi imaginación, pero amargos pensamientos tejieron en torno de mi corazón una red de negra desesperanza.

 -¡Oh, mi bella tierra libanesa!- ¡La de mis abuelos! ¡De mis padres!-Tan lejos estas hoy. físicamente- Pero te llevo aquí, en un rinconcito de mi corazón-exclamó.

Abandono el lugar. Bajo por el sendero del paseo La Glorieta. Camino por la callecita que conducía a la iglesia. Más allá estaba la plaza principal. Sentado en un banco, escucho la radio portátil pequeña que sostenía en una mano. Los programas musicales, de  las emisoras, no dejaban de tocar la canción que sonaba fuerte. Paul Anka, cantaba “Crazy Love”:

Crazy love it's just a crazy love
I love you so but I still know
It's a crazy love
Crazy love it's just a crazy love
What must I do to get through to you
Oh my crazy love.

 

Y con estas melodías, llegaba el verano con: Sol, mar, playa y romances de vacaciones. Las canciones del rock and roll, sonaban en las fuentes de soda, restaurante y en las carpas levantadas por las orilla de la ”Playa Vieja” y  “Playa Nueva”.

Tarek, había viajado solo ese fin de semana al puerto de Huasco. Estuvo meditando toda la mañana. Sentado en el muelle, observaba a los botes surcar, las lanchas con turistas, recorrer bordeando cerca de las playas. Admiró a las gaviotas revoletear alrededor de los barcos que retornaban, cargados de peces. Sintió hambre. Abandonó el lugar y caminó lentamente en dirección al centro. Subió por  una callecita que corría al costado de la aduana. En la calle principal, estaban los locales comerciales. Entro en el primer restaurant que encontró, donde pidió almorzar. Una jovencita agraciada se le acercó,  entregándole el menú, esperó.

-Por favor-sírvame: “Sopa de mariscos” y “Congrio frito con ensalada”.

 El tocadiscos automático, dejaba escuchar a The Platters, interpretar, “Hay humo en tus ojos”:

They asked me how I knew my true love was true

I of course replied "something here inside cannot be denied"
They said "someday you´ll find all who love are blind"
When your heart´s on fire, you must realize smoke gets in your eyes
So I *chaffed* them and I gaily laughed to think they could doubt my love
Yet today my love has flown away, I am without my love

Now laughing friends deride tears I cannot hide
So I smile and say "when a lovely flame dies, smoke gets in your eyes"

Termino de almorzar y salió a la calle. Camino hasta la plaza principal, allí se sentó a esperar al tren que venia desde Freirina. Dormitó sentado en un banco de madera, cubriendo su cabeza con un sombrero estilo vaquero de color blanco.

Se estremeció, al escuchar el silbato de la locomotora entrando a la estación. Se acomodó mejor y observo a la gente bajar con sus canastas, carpas y sillas. Sonrió al ver a sus amigos, quienes al descubrirlo, levantaron las manos gritando. “El Rengo”. Joel, Edmun y John, con sus mochilas a cuestas caminaron en dirección a la plaza. Allí se abrazaron. Descansaron un rato. Tarek le alcanzo una botella de “bilz” a cada uno. El reloj marcaba la una de la tarde. El sol estaba fuerte. Por lo que abandonaron el lugar, para ir a instalarse en

la “Playa Chica”. Levantaron  el campamento, pegado a las dunas, ya que la marea al subir, podía inundar la carpa. Hambrientos, comieron algunos sándwich de mortadela con refresco. Jugaron a la pelota, una vez transpirados, se fueron a nadar hasta muy entrada la tarde. Cuando el mar fue cubriéndose con un manto de lentejuelas, se dejaron caer las primeras sombras sobre las lomas cercanas. Junto con el crepúsculo, llegaron chicas y las pololas de sus amigos. Se alegró el ambiente al borde de una fogata. Cantaron, hasta que el cansancio les venció y se echaron a dormir.

Tarek, paso ese verano solo. Le pareció que no le satisfacía esta vacación. Seguía la rutina por seguir. Aunque trataba de integrarse al grupo, sentía un vacío. A la semana retornó al pueblo de Freirina.

 Johnny Tillotson, cantaba una suave melodía. Que le hacia poner mas nostálgico. Esta titulaba: “Verdadera Felicidad”.

 True, true happiness will fo-o-low 

True, true happiness will fo-o-low if you´ll only follow
True, true happiness will fo-o-low if you´ll only follow me
Yeah, yeah
 When you´re feeling lost inside, let my
true love be your guide. True, true happiness will follow if you´ll only follow me.
Yeah!
True, true happiness will fo-o-low
True, true happiness will fo-o-low if you´ll only follow
True, true happiness will fo-o-low if you´ll only follow me
Yeah, yeah

 

Tarek, sonrió, sarcásticamente. Era como si le hubiesen cortado las alas y había aterrizado de bruces en la tierra. Tal vez estaba dominando sus sentimientos. Meditó. Luego, observó el amanecer, las últimas estrellas se escondieron en las laderas. Llegaba un  nuevo día. El mar se transformó en un gran espejo, titilaban las olas, la espuma se transformaba en caracolas que acariciaban y besaban la blanca arena.

            Las clases comenzaron. Todo el liceo se hallaba congestionado con el retorno de los inquietos estudiantes. El bullicio de las chicas al encontrarse con sus amigas, aliento de sentirse joven, daba vida. Los chicos reían y abrazan a sus compañeros. Tarek, encontró a su grupo reunidos bajo los macizos paltos ubicados al oeste del gran patio, con las manos escondidas, donde un cigarrillo humeaba cómplice. Todos se alegraron al verle. Sonó la campana de entrada a clases y subieron por la escalera a grandes zancadas. Había que ganar el banco favorito, era la competencia de cada nuevo año.

            Esa misma tarde volvieron a reunirse, en el Café Diana. Charlaron, rieron y con las amigas bromearon. Las canciones del rock and roll, llenaban el ambiente y estas melodías pegajosas, eran la atracción para otros jóvenes estudiantes del colegio San Francisco y del Comercial. Estos nuevos clientes, se transformaron en asiduos visitantes, obligando a los demás a ganar ubicación en las mesas, llegando más temprano, a los encuentros en el local.

 Pasaron los días. Las semanas se iban en un abrir y cerrar de ojos. Los exámenes y  las pruebas, incentivaron a los jóvenes a estudiar con ahínco. El punto de encuentro era  la avenida Brasil, donde se alzaba esa bella estatua de la Diosa de la Vendimia. O en la plaza principal, la que se transformaba en el lugar de cómplices encuentros, con la polola, los fines de semana.

Los meses siguientes no se sintieron. Algunos sábados, por la tarde, volvieron a tomar el chocolate en casa de la profesora de ingles, doña Deysi Aguero. En una de esas, ella, les confeso que se casaba. Todos saltaron impresionados, se identificaron prontamente, con el personaje de la novela “El niño que enloqueció de amor “ de Eduardo Barrios.

Odiaron al que seria su flamante esposo. El afortunado pretendiente, era forastero, un joven que había llegado a la ciudad y que estaba instalando una estación de servicio para suministrar combustible a los vehículos y tractores de mantenimiento. Cuya construcción se realizaba al costado norte de la estación ferrocarril, por donde seria el desvío para tomar la ruta a la carretera internacional, que llevaría a la ciudad de Copiapó.

Cuando lo conocieron, Se dieron cuenta que tenia pinta de actor de cine. Con razón había conquistado a la profe...Y ellos- A segundo plano. Más fueron contentados, por ser los primeros invitados a participar en la ceremonia eclesiástica y a la fiesta, que se llevaría a cabo en los salones del hotel Cecil.

Ese día de la boda, cada compañero fue con su novia. Tarek  llevó a Theresa. Dinah, estaba delicada de salud. Al final la pasaron súper bien. Bailaron, comieron, bebieron gaseosas y “cleri” con discreción. Brindaron con champaña, alzando la copa en homenaje de los novios. Lo bebieron al seco, pronto sintieron un cosquilleo en la nariz, a causa de la burbujeante bebida.

En los siguientes días, se murmuraba durante los recreos: “La profesora de biología estaba en problema, la causa  su marido”. Este, había anestesiado a una joven para examinarla y la había violado. La noticia corrió por la ciudad como un reguero de pólvora.

 La profesora de música, fue sorprendida en el baño de damas, haciendo el amor con el inspector Giovanni. Este comentario quedó entre los estudiantes. Y se hizo una rutina ir a verlos a través de un agujero que tenía  la ventanilla que daba a un patio trasero. Los muchachos hacían filas, escuchando los aullidos, gemidos, gritos y susurros de la pareja. Solo los de los cursos mayores eran admitidos a observar. Los menores eran espantados como moscas, con una vara de palto.

            Llegó el fin de la gestión académica. Los alumnos del liceo, estaban invitados a la clausura del año escolar del Colegio María Goretti. Por la tarde fue la exposición, después la presentación del acto artístico. En el patio principal del establecimiento, habían levantado un pequeño escenario. Algunas chicas internas recitaron, otras danzaron. El cierre, estuvo a cargo de una hermosa jovencita, de 16 años. Pelo largo, rubia, esbelta. Vestía un traje largo blanco. Su cabeza ceñida con una cinta de azahares. Parecía un ángel o una hurí de los sagrados jardines de Allah. Ella toco al piano, varias obras clásicas. Para el final fue: “Para Elisa” de Juan Sebastián Bash. Mientras interpretaba magistralmente esta melodía,  leyendo las notas en el pentagrama, su miraba se perdía entre la arboleda.

Tarek, miró el rostro de los presentes, quienes embelesados por la suavidad como ella tocaba el piano, permanecían quietos, silenciosos, roto solo por las notas musicales.

Sintió que la melodía se metía bajo su piel. Fijó la mirada sobre los macizos paltos brillantes a causa de la luz artificial, sombras oscuras eran sus ramas, arañando la nada. El cielo totalmente estrellado, con una luna que se recortaba sobre el tejado de la edificación del colegio. Clavó la vista en el rostro de la jovencita. Ella absorta en su mundo de recuerdos y nostálgicas vivencias, tejía su habilidad. Mostraba un perfil majestuoso y delicado, sus ojos cerrados y una suave sonrisa dibujaban sus labios. Por mucho tiempo ese rostro llenó la mente de Tarek. Más tarde se enteró que sus padres la habían internado desde pequeña, su casa fue el colegio, hasta convertirse en una virtuosa jovencita. Los progenitores, nunca más volvieron para saber de ella, solo algunos familiares cercanos solían visitarla los fines de año. Estos viajaban de lejos, para compartir y extender lazos de unión, por escasas horas. En esta ocasión tan especial, estaba presente su abuela. Quien admirada por la habilidad de la nieta, escapaban por sus mejillas, rebeldes lágrimas de felicidad.

Entre las jóvenes presentes, diviso a Theresa y a Vilma. Esta le había estado observando pacientemente. La joven sonrió al verle, como disimuladamente el, con una mano secaba una lágrima que rodaba por la emoción. Tarek, se encontró con sus ojos, bajo la vista avergonzado. Abandono el lugar apenas terminó el concierto, perdiéndose entre los invitados, caminó apresurado en dirección  a la calle. Tomo la calle que conducía a la residencial, mientras su corazón latía como un caballo desbocado a través de la llanura atacameña.

 

Amir Ibn Tawfik Seeman

(Lebaneses in Valley to Huasco)

enero, 2004

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