Según el pensamiento de Ignacio tenemos que estar felices de estar en el mundo, porque Dios ha descendido a él para visitarnos, y porque todos los bienes y todos los dones de este mundo descienden de lo alto. Todo lo que es bueno en el mundo desciende de arriba, como la luz del sol y el agua de la fuente.
La relación positiva con el mundo se basa en el reconocimiento que todo bien es un don de Dios. Dios mismo nos lo hace descubrir y así podemos reconocerlo y también proclamarlo: “todo mi haber y poseer, Vos me lo disteis: Todo es vuestro” .
Para Ignacio, el mejor reconocimiento del don de Dios que somos nosotros y el mundo entero, es ofrecer toda la persona a la tarea de continuar la misión de Cristo. El habita y trabaja en el mundo, para darle por medio de nosotros y con nosotros, lo que Dios ha querido que el mundo sea para nuestra felicitad y para su gloria
Ignacio sabe muy bien que esta promoción humana, inspirada por el amor de Dios, supone una elección, pues Dios no es el único que ha sembrado la semilla en el campo del mundo. Una noche, mientras que el mundo dormía, el enemigo de la humanidad, sembró la cizaña en medio de la buena semilla de Dios, y se fue (Mt. 13,24).
He aquí lo que Ignacio nos muestra, iluminado por la palabra de Jesús: por una parte las espigas crecen para dar vida al campo de nuestro mundo, pero por otra la cizaña también crece para ahogar la vida de la buena semilla. Esta especie de mezcla de bien y de mal no era lo que el Maestro quería, pero por miedo a que al arrancar la cizaña se pueda también arrancar el trigo, el Maestro los deja crecer juntos. Esta es la situación en la que nos encontramos nosotros en nuestro mundo.
En los Ejercicios Ignacio nos invita a mirar esta realidad de frente: ahí donde el Señor ama y quiere para nosotros solo la vida, el enemigo de la “natura humana” (Ej. 334) ha logrado seducirnos, para construir una historia mortífera de la que todos, por nuestras connivencias pecadoras, formamos parte y de la que somos solidarios.
Buenas noches


















Principio básico
"El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima."
(*) Ejercicios. 1ª Semana.