"El Abandono es maltrato"
Siempre
supe que la muerte existía, la había visto pasar muchas veces por mi
puerta, en frente de mí, y al pasar le decía, señor, llévalo por buen
camino. Quedaba tranquila como si fuera tan natural morirse y
enterrarlos. Cuando pequeña volvía del colegio caminando hasta mi casa,
era tan "normal" encontrarme con perros atropellados, muertos a la
orilla de la calzada, como olvidar ese olor a perro muerto que el viento
hacía correr por cuadras en la ciudad.
El día que murió mi
madre, Dios me dio la fortaleza para enfrentarlo, para asumir que no la
tendría mas para sentirla, abrazarla, besarla, tomar su silla de ruedas,
ponerla en la maletera de mi auto y que saliéramos a vitrinear al Shopping,
o sino por las calles de alguna playa en primera y segunda, era
nuestro caminar en cuatro ruedas mirando las casas nuevas. Cumplí hasta
el fin con la linda obligación voluntaria de hija, no olvido la
sensación de dejarla en aquel frío nicho helado, la sensación sentida es
imborrable, fue ahí que empecé a conocer el abandono físico.
Sentía
que por primera vez yo la estaba abandonando, no era así, era solo una
sensación en mi piel, en mi mente, en mi alma. Era la ley de la vida,
morir. Desde ese día, volví una y otra vez para tratar de sentirme
cerca donde ella físicamente estaba, me recostaba encima de su tumba
imaginando las veces que me metí en su cama tibia, no quería enfrentar
mi abandono.
Siempre digo por algo pasan las cosas en la vida.
Sin querer un día llegué a ese camino buscando a dos perros que vivían
como reyes en mi pasaje, los que por uno u otro motivo de un vecino
amargado, los tomó y los fue a botar, los que no encontré en ese lugar
donde conocí parte de la verdadera miseria humana convertida en
estropajos de mascotas abandonadas.
Mis lágrimas caían una tras otra, lágrimas culiás, les digo ahora con
cariño cada vez que están con intenciones de asomarse y yo ahí con los
brazos vacíos y cruzados sin saber que hacer, apenas con algo de comida
que no alcanzaba ni para alimentar al mas chico de uno de los
cachorritos, esqueletos sonámbulos caminando entre medio de los cerros
llenos de rocas y árboles. Recordar esa imagen, como bajaban los perros
moribundos de los cerros hacia mí, es horrible. Fue ahí cuando sentí la
verdadera sensación del abandono,
tenía temor de quedarme, no podía irresponsablemente hacerles cariño
por miedo a infectarme con sus sarnas avanzadas. Me subí al auto, puse
el pié en el acelerador y paradójicamente arranqué en forma desesperada
y al salir de ese infierno, hice una de las promesas que mejor he
cumplido en mi vida, en caso de encontrar a Pillín y Café, volvería a
ese camino aunque fuera con agua, pan duro y huesos pelados.
Pasó
el tiempo, a través de mis experiencias aprendí que el sufrimiento
sentido con la muerte de mi madre, era similar aquel que sentían
algunas mascotas que nunca logré acariciar hasta el día de hoy, con
aquellas que son abandonadas en un lugar preciso, las que nunca se
alejan de ese lugar, que se dejan morir de pena sin querer alimentarse,
esperando por instinto que su amo vendrá a buscarlas, y en su espera,
mueren. Mascotas abandonadas por sus dueños.
Asimilando abandonos,
pensé en aquellos padres que lo han dado todo sacrificándose por sus
hijos, estos crecen sintiéndose dueños del mundo adolescente, juvenil, e
inmaduramente aún en crecimiento a ser sabios, se equivocan, esos
hijos no piensan en que aquel sufrimiento paterno puede cambiar toda la
vida de una madre o de un padre, no piensan que ese abandono puede traer
crueles consecuencias familiares y personales. Padres abandonados por
sus hijos dejados en asilos para evitarse la vergüenza de alguna
enfermedad.
Asimilando abandonos encontré también el de la
amistad, cuando dos amigos se aman deben confiar plenamente el uno en el
otro, aquí no hay envidias, no hay celos e inseguridad, el pololeo,
me decía mi padre, es una amistad verdadera mas íntima. Cuando un amigo
desconfía poniendo en aprietos al otro cerrándole la puerta de una vez
sin siquiera pensarlo, es exactamente lo mismo que le hacen a una
mascota, la tiran por la puerta trasera de un auto en marcha, o la sacan
a escondidas detrás de la maletera para tirarla en algún lugar. El abandono es traición.
Todo lo que traiciona a la larga te lleva al abandono…En
el abandono uno siente que pierde todo lo bueno que produce la
compañía de otros al sentirse desamparados al no recibir caricias y
protección, se nota indefenso, que la situación en que se encuentra no
es suficientemente fuerte como para defenderse a sí mismo. Se siente
desamparado, huérfano, desvalido, afligido, rechazado y triste, deja
de comer.
Cambia su sensación de seguridad por la de inseguridad.
En
el abandono se siente el cese de control, los acontecimientos son
incontrolables para quien lo sufre. Hay que ceder, rendirse o someterse,
sentimiento que acaba inhibiendo la motivación y hace que el “sujeto”
deje de actuar y entre en una fase de pasividad desesperada. Cuando
alguien se siente impotente para cambiar una determinada situación o
estado de ánimo, esto puede acabar desembocando en un sentimiento de
desesperanza cayendo en depresión. Lo mismo es en los perros
abandonados. La muerte se los lleva.El
abandono puede ser absolutamente delicioso o terriblemente doloroso.
Visto en su vertiente negativa, el abandono se intensifica con una
soledad amarga. El ser traicionado, desamparado, separado de un ser
querido, puede ser una persona o un animal, la única compañía que le
queda es la de la pena, el miedo, la incertidumbre. Si se ha abandonado a
alguien, a todo ello se mezclan el pesar y los remordimientos, solo
espero que aquellas personas que abandonan a su mascota nunca dejen de
sentirlo.
Afortunadamente, el abandono tiene sus momentos buenos.
Instantes de calma, de reposo. Uno se abandona al sueño, a la pereza, a
la caricia del sol…en los perros esa etapa puede durar de cuatro a dos
semanas. En los humanos también puede ser la hora exquisita de las
confidencias.
Sabes que?...hoy mi mayor estímulo ha sido Rayo Boy y Catalina, ellos estaban ahí, como sabiendo que algo raro pasaba en mi corazón. Rayo
no ha dejado de buscar su pelota para tirarla a mis pies, toma, es
tuya, te la regalo, juguemos?...y Cata al escuchar la música de mi Calamaro,
se pone de pie en sus dos patitas, se afirma de mi cadera e
insinúa…¡bailemos!…ahí están ellos, dos abandonados que un día se los
robé al camino, ahí están ellos, dos abandonados que amo mas que la
cresta, que no cambiaría por nada del mundo esa felicidad agradecida que
me entregan a diario, que no me ponen en contra de la pared, que no me
celan cuando traigo olores de otros perros, que se alegran cuando me ven
llegar para orinar en las ruedas de mi auto, que no se enojan cuando
lleno mi auto con cosas ricas sabiendo que no son para ellos, que no me
levantan la voz cuando les llamo la atención, que no me traicionarían
dejándome botada en un camino...en medio de la noche, ni tampoco me
eliminarían del facebook.
Ellos
confían plenamente en mí entregándose en alma y vida, como diciendo
que puedes hacer de mí una obra de tu amor. Que yo puedo experimentar
que el amor es fuerte como la muerte y como la vida.
No dejo de sentir mi corazón junto a ti, es lo que debe pensar aquel perro que sufre en el abandono esperando a su amo.
Lee
y piensa bien si crees estar en un hoyo, trata de subir, y si tienes
una mascota, valora lo que te puede entregar sin condiciones, quizás sea
la única que estará esperando ansiosa que puedas tapar ese hoyo para
alegrarte la vida como ningún humano. Piensa bien en este sentimiento, el abandono,
antes de hacerlo, mira a sus ojos, acaricia su cabeza. Verás que la
comunicación siempre se da cuando por lo menos lo intentamos.
El recuerdo de mis faltas me humilla
que no es más que debilidad.
A mirar hacia adelante y comenzar, siempre comenzar.
NO MAS ABANDONO DE PERROSi deseas adoptar un perro del camino, por favor comunícate lo antes posible, hay cientos de abandonados que están esperando una oportunidad, no las niegues.
Marcela Opazo
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