En alguna ocasión, en el ámbito profesional o privado, he constatado el rechazo que pueden provocar los términos de generalización en cuanto a comportamientos humanos. Sin embargo negar que se puede generalizar es negar que existen culturas, tendencias, modas…
A mis muy estimados pero ofendidos alumnos de capacitación, que acusan que “NO se puede generalizar”, les tengo que corregir con firmeza que “SI..." sin dejar de agregar con una pizca de malicia: "...aunque siempre haya excepciones".
Existe una confusión muy grande en torno al concepto sea por la carga emocional que implica.
Por una parte, la generalización puede tomar forma de creencia popular, conteniendo sesgos o cierto grado de fantasía colectiva ("los franceses son hediondos", "los chilenos son ladrones"). Por otra parte el proceso intelectual de generalización en termino de comportamiento, es comprometedor en el sentido que se hace partícipe o se excluye a sí-mismo de una categoría u otra.
El proceso de percepción, basado en una reorganización mental de la información recogida por los sentidos, es único de individuo en individuo; a pesar de seguir patrones comunes según se pertenece a tal grupo socio-económico-cultural.
El ser-humano siendo un animal social, se somete a las reglas del grupo y los comportamientos, los gustos serían condicionados por las normas del grupo social de micro a macro partiendo de la familia a la civilización al cual uno pertenece.
En el ámbito personal todos procedemos a la generalización porque nos permite, con el conocimiento, de reducir la complejidad del mundo que nos rodea.
En el ámbito profesional , se procede al ejercicio de categorizar sin lo cual sería imposible proceder al análisis de la cantidad inconmensurable de datos recolectados durante las investigaciones.
Por eso existen los estudios de mercados, los estudios de opinión, las instituciones estatales o privadas de estadísticas…
Me acuerdo precisamente de un estudio muy interesante realizado por El Mercurio Opina, publicado en El Mercurio el 22 de Julio de 2007 , que clasificaba a la sociedad chilena en 8 categorías (puedes evaluar a cual categoría perteneces aquí) y que desató el furor de algunos blogueros.
Quizás las reacciones viscerales que se pueden observar, las que he experimentado tanto en mis cursos como en conversaciones triviales provienen de la natural resistencia del ego a lo que implica el tema porque según la lógica: “si se puede generalizar, categorizar, yo también entro en una categoría”. Puede que duela pero no deja de ser cierto, como dice IPSOS: “Nobody´s unpredictable”, ni siquiera yo.


















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