Katalina González ha compartido esta propuesta a nivel edcacional.
¿El desarrollo de un país, es que acaso no tiene que ir aparejado por el conocimiento de nosotros mismos? ¿Quiénes somos? Estamos sumidos y asumidos en una corriente sin fin de omnipotencia súper estructural en la creación de sociedades mega espectaculares con mucha mecanización y notable aspiración al progreso o a ascender a un estatus económico. Sin embargo, los tropiezos siguen de generación en generación. ¿Es que acaso hemos buscado las respuestas a lo humano en cosas no humanas? ¿O es que acaso el dinero puede tomar un lápiz y escribir un libro? Es la voluntad del ser humano la que mueve las redes del mundo. Y la voluntad viene de emociones o sentimientos que han generado las personas por algún objetivo. La emoción sea positiva o negativa es un elemento primario, básico de un sujeto. ¿Por qué el desarrollo de un país, sobre todo en ámbitos de la educación ve en ella un puente para seguir reproduciendo el sistema económico y patrones culturales?
Se supone que el desarrollo, tendría que ir de la mano con nuevas visiones en todos los ámbitos, en este sentido para Bourdieu, “la escuela es una de las instituciones desde donde se ejerce la violencia simbólica (…) Todo ello le permite a los grupos dominantes seguir ejerciendo su violencia. Esta imposición de significaciones se da a través de la acción pedagógica.” (Bázquez, 2006: 119) Entonces, las instituciones educativas perpetúan patrones culturales que se siguen repitiendo con el paso de las generaciones como la violencia de género. Por ejemplo, en el tema de las emociones lo natural y lo fundamental que es la comprensión de éstas en el aula entre profesores y alumnos. Porque la labor docente, no es sólo dar una clase, donde el alumno cognitivamente asimile desde su puesto, sino que es una interacción más profunda, donde hay un intercambio mutuo. No obstante, generalmente la relación con el docente se hace distante cuando lo emocional queda de lado, por tanto ¿Habría aprendizaje de ese niño/a o joven? ¿Qué clase de aprendizaje es el que alcanza? ¿Poseerá la voluntad de descubrir el mundo y de descubrirse así mismo?
Las políticas públicas y reformas a la educación que se han hecho, las cuáles han ido centradas en la igualdad y equidad entre clases sociales. En Chile, de forma muy vaga se ha tocado el tema de la importancia de las emociones, los sentimientos y las necesidades que tienen docentes y alumnos en términos de desarrollo personal, y por qué no decirlo, espiritual e integral. Cuerpo, mente y alma. Se ha calificado en cuanto rendimiento, qué buena o mala es una persona para una determinada materia, por ejemplo matemáticas. Se ha evaluado a los docentes por su desempeño y a niños/as con pruebas y exámenes. ¿Pero dónde queda el ser humano que está dentro de ese rol social?
“Saber es simplificar
sin restar esencia”.
Gabriela Mistral.[1]


















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