Ese peperoni 100% americano

Enviado por max barata el 21/11/2007 a las 14:15
max barata

(Los siguientes acontecimientos son verídicos. Los nombres de los inocentes han sido modificados. Se ruega discreción y se recomienda los menores de edad deben ser aconsejados por un adulto).

Como siempre a eso de las diez de la noche sentía que las extremidades se me entumecían del hambre. Tampoco estaba de ánimo para cocinar. Que mejor entonces que una pizza; “Prontopizza buenas noches,  habla Yessenia ¿en qué puedo ayudarle?”, “Hola. Quiero una pizza”, “¿Me da su teléfono por favor?”, “Claro, como no señorita; 95060325”, “Don Gabriel Moncada, Compañía 3270, departamento 416. ¿Qué pizza va a ordenar?”, “Una mediana peperoni, masa delgada”, “¿Desea agregar palitos de ajo o una bebida”, “No gracias”, “¿Desea agregar un postre?”, “No gracias”, “¿Tiene cupón de descuento?”, “No”, “Hoy estamos en promoción de dos por uno, ¿qué ingredientes desea para la otra pizza?”, “¿Dos por uno? No, no gracias, no deseo otra pizza, quiero sólo una”, “Pero la segunda pizza es gratis”, “Sí, entiendo. Pero no la quiero. No me puedo comer dos pizzas”, “¿No va ordenar otra pizza?”, “No señorita, ya le dije, no quiero otra pizza. Si me como dos pizzas voy a entrar en coma hepático”, “Pero désela a alguien”, “Vivo sólo y no veo a nadie. Soy nihilista”, “¿En serio no quiere la otra pizza gratis?”, “Le insisto señorita. No quiero dos pizzas, quiero una. Una pizza. Cómo tengo que decírselo para que me entienda”, “Espéreme un momento por favor”. La mujer, tapando el teléfono con la mano para que yo no escuchara, preguntó a un superior jerárquico, o quizá a un compañero que llevaba más tiempo que ella en el trabajo sobre la situación. La voz le respondió tajante y seca, sin rastro de dudas, como si fuera un experto en pizzas a domicilio. “Señor, me dicen que tengo que enviarle las dos pizzas. No puedo mandarle sólo una. ¿Aló? ¿Señor? ¿Aló?”, “Muy bien. Me rindo. Cómo quiera. Tráigame las dos pizzas”, “¿Qué ingredientes desea para la otra pizza? ¿Aló?”, “Por favor señorita, póngale lo que quiera, lo que le dé la gana”. Y veintiocho minutos más tarde; “Buenas noches. Sus pizzas y su vuelto. Muchas gracias por preferir Prontopizza”. “Espera un poco. Toma. Esta pizza es para ti”, le dije al apóstol de la obesidad mórbida, el que me quedó mirando como si hubiese visto un fantasma. “Gracias, pero no puedo aceptar esa pizza”, acá vamos de nuevo, pensé. Así que tragué aire, y le dije; “¿Qué jueguito huevón es éste de no-gracias, no-puedo, no-me-dejan? ¿Qué chucha les pasa a ustedes?”, “Señor, es que no puedo aceptarla. Si me ven con una pizza en el local van a creer que me la robé”, “Toma esta pizza y sácala de enfrente de mis narices antes que te la meta por el culo. Gracias”.

Los repartidores de pizza en chile trabajan doce horas diarias, seis o siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. Definitivamente están entre los organismos vivos que más horas trabajan en su vida, tomando en cuenta la biosfera terrícola completa y la totalidad de las especies de mamíferos superiores conocidas. Y acá viene lo chistoso; les hacen un contrato part time por unas treinta horas semanales. De esa manera, la mayoría de su salario está sujeto a “bonos” a discrecionalidad del dueño del local. Ni hablar de horas extras. Ergo, si a un repartidor le da por formar un sindicato o reclamar por su día libre adivina que ocurre con su “bono”; ¿sube o baja? ¿Qué crees tú? Y esto se pone mejor; la moto la pone cada repartidor, y en ocasiones también debe poner de su propio bolsillo el dinero para el combustible. Repito;...en ocasiones también debe poner de su propio bolsillo el dinero para el combustible. Incredible is nothing. ¿Qué resulta de esta espeluznante alquimia? Un apéndice cárneo seudohumano motorizado, mal alimentado y sin tiempo libre. Un trabajador-objeto, un mero consumidor de servicios básicos brindados por monopolios naturales, sin tiempo, dinero, ni ganas para las artes, la entretención o la búsqueda de la felicidad. En definitiva; un ente primitivo y básico incapaz de estimular otras áreas de la economía. Aún así, no hay caso, no hay como ese peperoni 100% americano.

Max Barata, entomólogo free lance (www.elefectogusano.cl)

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