Daniel Tillería Pérez

¿PUEDE CRECER UN PAÍS NIVELANDO PARA ABAJO LA FORMACIÓN DOCENTE?

       Durante este último período, en diferentes medios gráficos, he podido leer que las 16 universidades estatales han decidido subir el puntaje para el ingreso a las carreras pedagógicas, pasándolo de 450 puntos a ¡¡¡500 puntos!!! ¡Qué maravilloso! ¡500 puntos! ¡Qué avance significativo! ¿No será un chiste? No, no lo es, es la realidad de nuestra alicaída educación superior, como si la diferencia de 50 puntos se convirtiera en el trampolín suficiente para que los futuros enseñantes sean los encargados de ofrecer, previo título en mano, una educación de calidad, de excelencia académica.

       Con mala formación de base, que se arrastra de la Educación Media y en particular de los colegios municipalizados y de los colegios particulares subvencionados, con un exiguo lenguaje (de allí los 500 puntos), es casi imposible que en los cinco años siguientes se logre elevar el nivel de aquellos que tendrán la misión de formar y educar a las futuras generaciones de compatriotas, pues aquí no se trata de la buena voluntad ni importan las generosas intenciones, aquí deben pesar y exigirse, del mismo momento en que se postula a una carrera de estas características, los conocimientos, los dominios cognitivos, privilegiar por sobre todas las cosas el saber y la buena formación en cultura general para ingresar a una carrera que, en primer lugar, trabajará permanentemente con personas y formará a los sujetos de conocimiento del futuro.

       Esta aberración, esto de subir un “poquito” para que no se asusten, no es más que seguir parchando, pensando en las pedagogías como la carrera  por “descarte", la carrera del “premio de consuelo”, si no fue posible quedar en Ingeniería se estudiará pedagogía en matemáticas, si no se pudo entrar a Medicina haremos pedagogía en biología, pero si el puntaje no dio para entrar a estudiar Bellas Artes, entonces haremos Pedagogía Básica, la cosa es no quedarse afuera. O sea, no hay mayores exigencias ni responsabilidad de las autoridades y sigue triunfando la mediocridad. Desde esta perspectiva de chatura ¿se puede exigir calidad?

       Con 500 escasos puntos a nadie se le ocurriría, ni por broma, pensar en estudiar Medicina,  Derecho, Ingeniería en Sistemas o Biología Marina, ¡pero sí se puede ser profesor y dedicarse a la docencia de niños, niñas y jóvenes que necesitan un formador que le abra las puertas al conocimiento, al saber, al mundo de la cultura, al mundo de las artes y de las ciencias, que lo introduzca al pensamiento complejo, que le ayude a construir hipótesis... ¡que le enseñe a pensar!

       Sin embargo, cuando queremos rasgarnos las vestiduras y llorar sobre los magros resultados de nuestros egresados de Enseñanza Media en la PSU, siempre ponemos como ejemplo el modelo educativo de Finlandia. ¿Sabían que en Finlandia los alumnos ingresantes a las carreras docentes son seleccionados de acuerdo a sus calificaciones y que se establecen varios niveles? En Finlandia no ingresa cualquiera a una carrera pedagógica y menos por descarte. O sea, es una carrera por vocación y convicción

       En un mundo globalizado y  en constantes cambios, con sociedades interconectadas y con información circulando permanentemente, en un país como el nuestro donde cada vez es más necesario el conocimiento, el saber interpluritransdisciplinario, el dominio y aplicación de las tecnologías de la información y la comunicación, ¿pensamos que 500 puntos son los justos y suficientes para ser profesor? ¡Estamos profundamente equivocados!

       Pienso que para ingresar a las carreras pedagógicas habría que promover un piso mayor a 600 puntos, esto nos permitiría que la elección fuera real y no un ingreso forzado, para no quedarse a la deriva.  Del mismo modo, habría que hacer más atractiva la carrera docente, con mayores requerimientos pero con sueldos reales y no con haberes magros, sólo para subsistir y no morirse de hambre, con oferta de capacitación y  perfeccionamiento en servicio permanentes (postítulos, posgrados, etc.), sin aulas superpobladas.

        En resumen, la autoridad ministerial y las universidades que imparten la formación docente, deberán hacer la carrera profesional más atractiva y menos hiperespecializada, más prestigiosa y bien remunerada al momento de ejercer la función específica de enseñante; así y sólo así será elegida por todos aquellos que sienten la verdadera vocación de enseñar a aprender.

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