Geronimo Levy

Violencia y Discurso

Violencia y discurso

Quisiera comenzar este texto con una afirmación de Vattimo „No hay arte sin violencia. Si una obra no tiene un poco de violencia dice poco". Sin duda una afirmación asi merece un marco de argumentación coherente, sigun Vattimo sólo puede hablarse de arte y violencia situándose en el marco de la responsabilidad civil del arte, "que empezó a ser una creencia compartida en el siglo XX. Las vanguardias fueron la expresión del abandono de la neutralidad artística". Esto nos supone ademas una vuelta a la idea de la responabilidad politica del arte planteada por Sartre. Pero me parece que en este punto hay un entendido de conceptos que es necesario definir y tiene que ver con la contenencia de la violencia en ciertos discursos artisticos, como por ejemplo los trabajos que se definen en la linea de la abyecion, y por otro lado lado los que temáticamente estan relacionados con la denuncia de la violencia en la sociedad civil. Ambos generan sus propuestas a partir de relaciones entre el problema del poder y el del discurso. Ese „poco de violencia“, no se caracteriza por la obra polémica o aquella que busca el escándalo, que por otro lado sólo funciona como eco de un problema dado, sino de aquella que actua como punto de resistencia, por lo tanto como reflexión y subversión frente al poder. De esa forma existe una pretendida reflexión sobre la violencia como trasunto del poder, lo que supone pertinente una definición que me permitire hacer parafraseando a Foucault. La distinción que hace entre violencia y poder se funda precisamente en esa diferencia: mientras que la violencia se realiza sobre las cosas o sobre los cuerpos para destruir o someter, el poder supone el reconocimiento del otro como alguien que actúa o que es capaz de actuar. En ese sentido, gobernar es incidir sobre el campo de acción real o posible de los otros. De ahí su célebre reiteración, según la cual, al final de cuentas ejercer el poder no es más que “conducir conductas”, es decir: la posibilidad de ampliar o de restringir el campo de acción de los otros. De esos otros a quienes se reconoce como actuantes y responsables: como capaces de actuar y, sobre todo, de responder. Siguiendo esta definicion Foucault afirma “que no hay relaciones de poder sin resistencias, que estas son más reales y eficaces en cuanto se forman en el lugar exacto en que se ejercen las relaciones de poder”, es decir que en el arte cuando se define una linea de trabajo entorno, o conteniendo, la violencia como problema, lo que se hace en definitiva es construir agenciamientos. No se construye o elabora un arte violento o cargado de violencia, sino una reflexion entorno al poder, por lo tanto cuando Vattimo habla del „abandono de neutralidad artistica“ tiene razón, ya que en este sentido el arte actua como agente subersivo a los lineamientos conductuales del mercado cultural.
Una reflexion sobre la violencia en este entendido deberia ser un punto de importancia en las escuelas de arte, donde de sobradas maneras de confunde la abyeción con el escandalo consentido por la necesidad de „innovar“. Digamos, una sobre exageración en la producción de imagenes desconectadas, carentes de discurso. La violencia en la producción de imágenes no puede ser otra cosa que una reflexión entorno al problema del discurso, por lo tanto como punto de resistencia, entendiendo el arte como „sitio“ donde tienen lugar determinadas relaciones de poder.
Según Kitano el problema puntual de la violencia contemporanea es que es una violencia sin identidad, esto llevado al terreno de las imágenes nos da como resultado una enorme cantidad de imágenes „guachas“, todo un sin sentido que cobra mucho sentido al revisar la historia reciente de Chile, donde de responzabilidades nada se habla. Una violencia sin identidad, es por lo tanto, una violencia sin responzables. Todo esto nos trae como concecuencia la innecesidad de la produccion de imagenes „violentas“, éstas estan dadas y sólo cabe sobre ellas el problema de la reproducción. Todo esto recae nuevamente en el problema de „decir“, en una reflexión entorno al discurso y por sobre todo a las políticas educativas de las escuelas de arte, que aunque producen buenos „hacedores“ de imagenes, la carencia de elementos teóricos descuelgan las producciones y las abandonan al arbitrio de los teóricos de turno del pertinente mercado cultural. Esto marca un retroceso en los dicursos y una vuelta a la „neutralidad del arte“, que sin duda es mucho mas violento que cualquier imagen cargada de violencia, ya que opera en el reconocimiento del poder, como un otro reconocido con la capacidad de actuar y de incidir en el mercado cultural, sin capacidades consistentes de generar una actividad de campo abyecta a la cultura oficial, es decir; es un arte con un discurso conducido.

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