Diderot y la paradoja del comediante

Me encuentro con un filósofo que ha hecho su tesis en Alemania, versa en
resumen sobre la teología negativa de Pseudo Dionisio Areopagita , la
explica (primera paradoja explicar algo que no se puede explicar) pero
es simpático, es decir habla mirando al cielo. No busca admiración y lo
escucho por más de 30 minutos. Su exposición es clara, apasionada.
Salen místicos por doquier: Meister Eckhart , Angelus Silesius y la Perennial Philosophy de
Huxley. Lo curioso de la unidad: mientras describe las posibilidades
impensables de dios, pasamos por fuera de cantinas donde borrachos se
ríen del mundo y en el mes patrio las carnicerías se adornan con
cabezas de cerdos . "Mi reino es de este mundo", ya que la unidad
“plotina” no es nada frente a esos fenómenos callejeros que me miran, me
aterran y definen.
Llego a casa y leo el formidable escrito
rabioso de Diderot: “Adición a los pensamientos filosóficos”, es
verdaderamente “el hombre de la naturaleza”, la genialidad macabra de
los ilustrados en contra de la seriedad formal de los teólogos. La
naturaleza ya no podía contenerse más y la explicación y el
entendimiento hacían de los pasajes y dogmas bíblicos gran caldo de
cultivo para las bufonadas más curiosas. Por ejemplo Diderot se da
cuenta que ahogando a los niños recién nacidos se les protegía de la
posibilidad de la condena eterna. El limbo por lo menos era una
habitación más cálida que cualquier intemperie infernal. Rescato el
humor de la ilustración y critico su seriedad. Por suerte eran más
comediantes que dramáticos. Robespierre al parecer fue su único neurótico.
¿Que
es la teología negativa?, “algo que no se puede explicar, pero como no
hay otro camino tendré que hacerlo”, si eso no es comedia tendremos que
dedicarnos a ahogar niños recién nacidos. Dios existe pero no nos sirve
para nada, o si se quiere no existe y nos sirve de muchísimo. Ese es
el chiste definitivo. Por eso en el tiempo de estos comediantes al
deísmo lo llamaban el ateísmo cortés.
LIII
"¿Y de que se ofende tanto ese Dios? ¿No se diría que yo puedo aumentar
o disminuir en algo su gloria, su reposo y su dicha?”
XLVI “La
personas divinas son tres accidentes o tres sustancias. No hay término
medio. Si son tres accidentes, somos ateos o deístas. Si son tres
sustancias , somos paganos”.
XLVIII. “Hace mucho tiempo que se ha
pedido a los teólogos que armonizaran el dogma de las penas eternas con
la misericordia infinita de Dios; todavía están en eso”.
VIII
Extraviado en un bosque inmenso durante la noche, no tengo más que una
débil luz para guiarme. Aparece un desconocido que me dice: Amigo, apaga
tu luz para encontrar con más facilidad tu camino. Ese desconocido es
un teólogo.
LXIV “Había, en los primeros siglos, sesenta
Evangelios que eran casi igualmente creídos. Se han rechazado cincuenta y
seis por sus puerilidad y su inepcia.¿No queda nada de eso en los que
se han conservado?”.
XXXVII. “In dolores paries
(Génesis). Engendrarás tus hijos con dolor, dijo Dios a la mujer
prevaricadora. Pero ¿Qué le han hecho las hembras de los animales, que
también engendran con dolor?”.
LXIX. “He aquí lo que pienso del
dogma cristiano: diré en pocas palabras su moral. No veo que un
católico, padre de familia, que esté convencido de practicar
literalmente las máximas del Evangelio, bajo pena del infierno, y vista
la gran dificultad de llegar a ese grado de perfección, incompatible
con la debilidad humana, pueda adoptar otra solución que la de
estrellar a su hijo o ahogarlo al nacer. Por ese acto lo salva del
peligro de condenarse, y le asegura una felicidad eterna; esta acción ,
lejos de ser criminal, debe considerarse infinitamente loable, pues se
basa en ese amor paterno que exige a todo buen padre que haga por sus
hijos todo el bien posible”.
Diderot, “Adición a los pensamientos filosóficos”.






