
Bebo y ahogo la mesa con cigarros. Regreso de un café cortado, sola. Me cega un enorme luna dorada. ¡Ay! ¿cómo puede ser tan hermosa? Mataría esta luna que asoma valiente. Me sigue por el espejo retrovisor. Acelero para ver si la pierdo y nada…se cuela por el freno trasero
Me entristece la maldita. Pienso un instante (como niña) y me digo, para acallar la pena regalada: ¡es un gran queso!
Pero mi pena está hincada. Esta pena infinita que escondo cuando no hay luna.
Llego a casa y está sobre mí. Alumbra como nunca, clarea mis pasos
Ahora entiendo a los lobos, le aúllan porque desnuda sus penas de noches en celo, pero sin lobas.
Entro junto con un mensaje… quieren verme. Yo también quiero, devuelvo el mensaje y la luna en mi ventana se sonríe… ¿Ves que te alumbraba a ti, idiota?
Bebo vino y me ahogo en besos.
Sylvia Rojas P.



















Silvy
¡ Qué ciega y sordas nos ponemos!
El mensaje estaba ahí, pero así nos perseguimos la cola muchas veces e ignoramos la buena nueva.
La luna de tu relato aparte de bella era de lenguaje directo,casi rudo.
He disfrutado tus lineas, saludos