Si bien el Bicentenario se hace sentir como una fecha magna, el exceso de publicidad, la algarabía con la cual se está tratando este echo, el consumismo desenfrenado al cual se incita constantemente a través de, ahora, el desabastecimiento, me provoca una nostalgía por encontrarme en un lugar alejado de tanto ruido, por lo demás estamos con desgracias grandes no solucionadas el conflicto mapuche y los mineros atrapados, sin olvidar, además a todos aquellos que aún sufren por el desastre que dejó el terremoto.
Tal vez si me llamaran a plantar un árbol para este bicentenario (aunque suene cliché) a compartir con la familia, a entrelazarme mas con la naturaleza, a ser cauto con mi dinero, a estar de corazón con aquellos que la están pasando mal; este bicentenario llegaría mas al corazón que al bolsillo.
Por último ¿cuántas vidas tendremos que lamentar con tanta algarabia?



















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