Marcelo Sánchez Ahumada

Mi encuentro con Jaime

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Difícil permanecer ajeno a lo que ha provocado la entrevista de uno de los autores del asesinato del Senador Jaime Guzmán y que con una trivialidad asombrosa ha develado aspectos que si bien no sorprenden, aportan suficiente información como para avanzar en el esclarecimiento de las circunstancias en que se planificó y ejecutó otro de los crímenes que han marcado nuestra historia republicana.

Conocí al Senador Guzmán en Valparaíso a mediados de 1990 apenas empezaba mi vida universitaria y desarrollaba mis primeros pasos como dirigente en acción social y pastoral, recuerdo nítidamente haberme impresionado por su sencillez, su capacidad para argumentar de manera ágil, aún por el solo ejercicio de hacerlo.

Me impresionó su memoria, como era capaz de atesorar los nombres de cada uno como si fuéramos parte de su círculo cercano, pero sin duda en medio del abismo intelectual que me parecía encontrar entre él y yo (y que particularmente se esmeraba que nadie notara) algo de su vida cotidiana revelaba un espacio de igualdad en medio del amor gratuito de Dios, su profunda religiosidad, su conciencia que la Eucaristía cotidiana en la parroquia de los Doce Apóstoles al lado del Congreso.

Un par de veces lo vi asistiendo desprovisto de todo fuero, como un feligrés en medio de la comunidad, participando sólo con el protocolo de la trascendencia, aspecto clave para entender su forma de ser en medio del trabajo ya que no era posible desindexar su mirada política de la consecuencia de sus actos en la Vida Eterna.

Se que Jaime fue para muchos signo de contradicción. Su profunda vida Cristiana, su preocupación por los más pobres, por un Chile que brindara oportunidades, su cercanía y empatía con el dolor ajeno es cuestionada por aquéllos que sólo miran su adherencia al Gobierno Militar , que miran al estratega del Binominal, de la Democracia Protegida.

Quizás aquellos que deberían reflexionar cuánto de dicha institucionalidad diseñada por Jaime ha permitido que la gran mayoría de nuestro País haya logrado una transición plena de la Democracia, que haya roto la Demonización de la Derecha y haya llevado legítimamente a uno de los suyos a la Moneda.

Jaime pagó con su sangre la transición de Chile, fue ejecutado por quienes no estaban dispuestos a aceptarla. Cuando se discutía el Indulto, el Senador Guzmán sabía del costo de su rechazo y pasaron pocos días para ratificar sus percepciones.

Será la historia la que hará un juicio político de su obra. Estoy convencido que si muchos de nuestros líderes tuvieran la rigurosidad, coherencia y sentido de trascendencia que tenía Jaime, si se acercaran siquiera a su preocupación por los más pobres aunque no compartieran su ideología, aunque estuvieran en las antípodas políticas, tengo la convicción que seríamos capaces de entendernos, de traspasar fronteras para llegar a los acuerdos necesarios que nos permitan avanzar en una sociedad más humana, solidaria y justa.

Una palabra final para Doña Carmen Errázuriz , madre de Jaime, fallecida hace poco y que llevó todos los años desde el atentado este dolor con cristiana esperanza. Quienes la conocieron dan fe de su cordialidad e inmensa cultura, pero un gesto muestra bien cómo encarnó el evangelio en plenitud, tal como relata el abogado del caso Doña Carmen lo envió a Brasil a constatar las condiciones humanas del Comandante Ramiro, para verificar que no se estuvieran violando sus Derechos Humanos. Increíble, en la lógica humana el Perdón no se entiende, sólo con la mirada en los ojos de Dios todo tiene sentido.

Ese 1 de abril de 1991, en el auto avanzando a prisa a la sede de la UDI, Jaime se aferra a su Rosario y en él deposita su legado, aquél que su Madre le entregó, al que dedicó su vida entera y al que pide a su Madre del cielo custodie para siempre.

Ojalá la justicia llegue para todos, de uno y de otro lado para que se tiendan caminos de perdón. Ojalá no se olvide la muerte del obrero como la del Senador, todos hijos y hermanos de una misma tierra, ojalá que los trecientos años de nuestra tierra la celebremos sin heridas recientes pero con la memoria de los que cayeron para traer paz a nuestros hogares.


"Señor Presidente:

Votamos en contra de esta reforma constitucional, porque somos contrarios
a que personas condenadas por delitos terroristas, puedan ser indultados por la
sola voluntad del Presidente de la República, cualquiera que ésta sea.
Votamos en contra de esta reforma constitucional, porque tanto en la
campaña electoral de 1989 como hoy, discrepamos del programa de la
Concertación en materia de indultos. No podríamos sentirnos actuando de modo
consecuente con ello, si concurriéramos a ampliar ahora el ámbito del indulto
presidencial.
Votamos en contra de esta reforma constitucional, porque nos parece que
ella envuelve una pésima e incomprensible señal para el país, cuando el
recrudecimiento terrorista y de la delincuencia común, reclama una actitud
particularmente firme, y sin equívocos, de todas las autoridades públicas ante tan seria amenaza.

Señor Presidente, voto que no.”

Parte del Texto de Fundamentación de la Oposición de Guzmán al Indulto a Terroristas.

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karloco
dijo :

solo que me parece  que Ud. es un buen adherente a los principios de la derecha chilena.

Ah! y un alcance que seguro le va a caer muy mal y por el cual ser juzgado severamenete.

Con Don Jaime Guzman vivo, dificilmente habriamos avanzado en la democratizacion del pais y es muy posible que el dia de hoy estariamos bajo la tutela de una cruel dictadura.

Con

12/09/2010 a las 0:51
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