Mateo Andreu Ibáñez

Cuando el alma solloza...

¡Ah, Dios mío!, porqué de flojera de piernas, porqué de sensibilidad cuando el alma clama demanda de paz interior… de qué soy culpable al sentir las penas ajenas en mi egoísta voluntad. Esta mañana debido a una gestión hogareña he salido al ruedo de la vida y me entremezclado con gladiadores de la subsistencia. Ignoro la inducción a penas ajenas, pero cual centro de gravedad me centraba en el drama de la vida. He contemplado y sentido en los transeúntes la faz de la impotencia, de la vejez con fronteras de vida, de problemas insalvables, de penas indescifrables, de angustias que deprimen, de soluciones inalcanzables y aspectos desconocidos pero que trasciende en ellos la dificultad de ser felices.

Por un momento he tenido la sensación de ser egoísta con mi suerte ante la impotencia de rostros que intentan llevar con heroísmo una mochila repleta de vicisitudes dramáticas, y en el mejor de los casos, seriamente preocupante.

Cuántas veces habré dicho que la felicidad es puro egoísmo, cómo se puede ser feliz ante el drama de nuestros hermanos, ¡imposible! Somos hijos de Dios pero la distancia es el olvido. Cuando reímos, tendríamos que pedir disculpas para no sentirnos mal o peor.

Ignoro hasta dónde la cara es el espejo del alma, pero hay aspectos que denotan inmisericorde y olvido de Dios. ¡Perdona Dios! Pero soy uno de tus hijos y siento ausencia de ti en mis hermanos. Ya sé, sí. Que después de tu arduo trabajo de hacer todo desde la nada, nos regalaste un paraíso terrenal para su disfrute y contemplación y, nos lo dejaste a nuestro libre albedrio. Luego descánsate de tu gigantesca obra y sin otro vínculo material de salvarnos, A partir de tu obra solamente tu espíritu que en nuestro regazo nos alienta a seguir tus pasos para vivir en harmonía. No creyendo suficiente regalo, nos enviaste a tu hijo predilecto, pero le matamos con el más cruel de los sufrimientos, ¡pobre de ti, y pobre Jesús!

Hay días para reír y otros para sollozar, el alma es vulnerable al sentimiento. Y por ello, dejo este sentir en letras, de tiempos pasados, de juventud perdida y al filo de la vida por un intento de suicidio.

«¡Qué profunda sensación de nada entre tantos sin esperanza!, y con el haber de sus pecados y virtudes. ¡Qué soledad tan acusada en este entorno frío de final de invierno!
»Este silencio sepulcral y la imagen sorda ante los recuerdos aleja el horizonte que pudiera fortalecer mi desaliento. ¡Quiero huir y no puedo escapar! ¡Soy tan débil o quizá estoy tan enfermo que no lo puedo soportar!
»Hoy he absorbido toda la depresión de la humanidad en este mundo condicionado. Hoy siento el frío de la muerte. Hoy tengo facultades sensitivas que nos son negadas o distorsionadas de por vida, sin poder por ello comprender el verdadero significado de ser y luego no ser. Hoy la cruel verdad de la muerte es tan nítida en mi mente que, por cruel, de su imagen quisiera estar ausente. Hoy el comprender me tortura con un sabor de amargura que me hace morir sin dejar la vida y me incita a dejar la vida sin querer morir. Hoy la tristeza me sobrecoge el alma por saber a través de diáfanas sensaciones lo maravilloso y dramático de asumir de modo consciente su significado y luego, irremisiblemente, perder este inapreciable don de la naturaleza.
»¡Qué gran virtud la clarividencia! ¡Es luz volátil en la oscuridad de la mente! Pero es amarga suerte si a este sentimiento no se le extrae la moral para nuestro beneficio.

»Si garbilláramos el conocimiento de los sentidos con la medida de la sensatez y el amor, nos reiríamos dos veces, pues seríamos capaces de comprender y valorar la popa y proa de nuestra vida, el porqué de lo que nos rodea, el cómo de su proceso y el cuándo de su principio y final.
»¡Qué privilegio y gratitud hoy por esta brisa de nuevas sensaciones! Vivimos realidades para amar la vida y la convivencia amorosa, pero somos incapaces de comprensión y agradecimiento. Hoy sé lo que es un amanecer de primavera, un riachuelo en el bosque, un ruiseñor enamorado, niños felices en su mundo de ilusión, las atenciones, el trato amoroso…
…Gracias

 

Mateo Andreu Ibáñez

Publicidad por Bligoo.com
Oscar Meléndez Bulnes
dijo :

Que buen texto, justamente hoy me paré a mirar los rostros que frente a mi pasaban y cada uno de ellos reflejaba algún sentimiento que yo tenia, desde la felicidad hasta el deseo de desaparecer.

Saludos Mateo y gracias por tu post.

19/01/2012 a las 0:34
Oscar Meléndez Bulnes
dijo :

... vuelvo a leer y vuelvo a sentir... Que buen texto.

   Cuantas veces sentimos vergüenza de nuestros problemas al ver los de otros,  muchas queremos dar gracias por nuestra suerte a pesar de despertar pensando que no la teniamos... en cada rostro hay algo nuestro y en cada pensador existe una de nuestras ideas. Gracias por el texto y venga ese apretón de manos.

22/01/2012 a las 3:00
Comentarios de este artículo en RSS

MENSAJE_LEGAL_ATINA_CHILE.jpg

{container-17}