DDHH: Primeros Auxilios

“La dignidad no se negocia”. Esta frase tiene valor y más si viene de un ex preso político venezolano, que estuvo dos años y dos meses detenido, sin juicio, en una cárcel común. Que fue torturado. Que se le pretendió inculpar por delitos que a la fecha no han sido demostrados.
Este hombre es periodista y un día decidió seguirle la pista, tras una investigación exhaustiva, a hechos de corrupción que se estaban cometiendo en la principal empresa estatal venezolana.
Literalmente llevó al Parlamento de Venezuela, una carretilla llena de pruebas para que se abriera una investigación legal. Funcionarios del Estado, estaban presuntamente involucrados en hechos dolosos.
No hubo tal investigación. Por el contrario, ese hecho le valió que un día de mayo se lo llevaran preso. No hubo delito, pero el periodista comenzó a ser incómodo al Gobierno.
Al cumplir dos años sin juicio, decidió hacer una huelga de hambre en el penal. Al séptimo día de la protesta, como por arte de magia le llegó una boleta de excarcelación. Ahora tiene régimen de presentación, aún no se inicia el juicio. De los delitos que pretenden imputarle, hay algunos que la misma parte acusadora ha desestimado.
En julio, cumple un año en libertad condicional y no se rinde. Lucha. En la cárcel, el mismo cuerpo policial que le detuvo hasta le ofreció fugarse. El hombre se negó. A la fecha repite. “No negocio mi dignidad. Tienen que pagar los que me torturaron. Me tuvieron preso siendo inocente. Violaron mis Derechos Humanos y por eso no me rindo”.
Inicio dando este enfoque porque al revisar uno de los trabajos de Ana María Rodino, investigadora sobre los Derechos Humanos, el plus, a mi juicio, del tema de los objetivos de la Educación en Derechos Humanos debe tener un llegadero y ella lo plantea impecable cuando escribe: “La meta de la Educación en Derechos Humanos, es forjar sociedades donde no se atropelle la dignidad humana”.
Con este tema de base, cómo lograrlo es el trabajo a desarrollar. Si es la familia o la escuela el punto inicial, esto debe ser apenas, una opción. Yo defiendo el hecho de que nunca es tarde. De que la utopía, si es el camino, tiene que ser el andado, no el que se ve a lo lejos.
El objetivo de la Educación en Derechos Humanos, es pues que se conozcan, más allá de lo epistemológico, más allá de lo filosófico, más allá de lo histórico o lo político. A los Derechos Humanos hay que darlos a conocer con el compromiso asumido de su defensa, mostrarlos como estilo de vida y defenderlos, por encima de los atropellos.
En la escuela, en la calle, en el trabajo, en los espacios del mundo, los Derechos Humanos deben ser los protagonistas. Hasta dónde el hombre, puede ser tan huraño consigo mismo, si teniendo un argumento de defensa, no lo usa para su beneficio.
El desafío es pues, la estrategia a seguir para que se conozcan. Que se sepa que son innatos y que entre otras cosas son inalienables e intransferibles. Son inviolables. Esto último debe quedarle claro a Estado.
El planteamiento debe ser, lograr que cuando se hable de Derechos Humanos, no sea un concepto lejano, un concepto ajeno. Hay que educar, para que los Derechos Humanos también sean de “fácil acceso” en el tema del conocimiento que se tenga de ellos.
Hay desconocimiento y algo que puede resultar más peligroso, es que la gente crea que hablar de Derechos Humanos, es un riesgo.







Muy en acuerdo. Nunca es tarde.