Discurso de Piñera el 21 de Mayo: Movilizaciones frente a un gobierno miope
Enviado por Federico G. el 17/05/2011 a las 14:09
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Por Luis Marcó
Existen muchas ocasiones en que la política se disocia del
bienestar general, pero son pocas las que culminan en verdaderas crisis.
¿Qué lleva a la gente a pedir o exigir cambios sustantivos o radicales?
La respuesta siempre es compleja y varía según el escenario, sino basta
ver cómo se han desarrollado los movimientos sociales en Túnez, Egipto,
Libia y otros países árabes. La predicción sobre estallidos sociales y
revoluciones puede ser tan difícil como anticipar la proximidad del
próximo terremoto. Simplemente ocurren y las explicaciones vienen
después. Un ejemplo ya clásico fue la inesperada caída del muro de
Berlín y el desplome soviético. En América Latina, en años recientes,
sendos estallidos sociales echaron por tierra al gobierno de De la Rúa
(que escapó en helicóptero desde La Casa Rosada) y de Sánchez de Lozada
en Bolivia.
Sin embargo, hay tres
elementos que me parecen están detrás de este tipo de procesos: La gente
asume que le asiste la razón; que su causa comporta un sentido de
justicia; y que haya una gran frustración subyacente. Las tres cosas
constituyen formidables acicates y una combinación peligrosa cuando los
gobiernos hacen abuso de la fuerza.
No
quiero decir con esto que, con las protestas por HidroAysén, esté
ocurriendo una revolución ni mucho menos, pero es interesante constatar
que el proceso crece, mientras la interpretación política se afirma en
defender el megaproyecto y hacer oídos sordos. Las respuestas
que se han planteado desde La Moneda van más allá del caso HidroAysén
porque reflejan una conceptualización, una forma de interpretar la
realidad que trasciende este caso particular: es la visión del
oficialismo respecto al medioambiente y, sin duda, como se concibe la
relación del Estado con las empresas. Por ello, esta movilización
difiere del movimiento pingüino que enfrentó Michelle Bachelet. El
gobierno de entonces encauzó el diálogo y fue receptivo a las demandas
estableciendo compromisos e iniciativas de gobierno, algo muy opuesto a
lo que plantea Piñera.
Lo primero es que el
gobierno y los medios de comunicación insisten en catalogar que la
oposición viene de “sectores ambientalistas”, algunos incluso los
definen como ambientalistas fanáticos (como dijo Büchi en La Tercera).
Es decir, las protestas y diversas acciones que se han emprendido por
estos días están concertadas por gente que se opone a todo y, con ello,
hipotecan las expectativas de desarrollo del país. Mucho de eso está en
el discurso de Golborne. En definitiva: los que mueven el tema son unos
desalmados que hay que reprimir, porque aquí no hay diálogo posible (es
la visión de Hinzpeter). Esta tesis daría para pensar que más de medio
Chile debería estar inscrito en alguna organización ambientalista.
Lo
segundo, es que la institucionalidad, a lo menos desde el punto de
vista gubernamental, no está en cuestión. El gobierno se resiste a poner
en tabla la forma en que se dirimen los proyectos en circunstancias que
los procedimientos han demostrado reiteradamente su parcialidad. La
legitimación que se pretende dar a los emprendimientos empresariales a
través de la política ambiental, ha terminado por quitarle toda
credibilidad a dicha política. Más aún, la supuesta impronta regional
que tiene el proceso es vista como un ardid para cubrir las decisiones
que se toman en Santiago. La percepción no es errada y queda de
manifiesto cuando el propio Presidente opta por evitar la construcción
de la central Barrancones poniendo en tela de juicio lo obrado por las
autoridades locales. Si la institucionalidad ambiental queda sujeta a
decisiones arbitrarias, puede bajar el “Dios desde la máquina” a poner
orden para favorecer a unos u otros, según el caso. Por cierto, cuando
los otros son las empresas la intervención sería aparentemente más
sutil.
En tercer lugar, el nulo cuestionamiento
que hace la élite, al menos desde la derecha, a la acción de las
empresas. Para un país que tiene un largo listado de pasivos ambientales
y sigue generando nuevos, es muy significativo que la visión pro
empresa esté tan arraigada cuando ha habido casos que han causado
conmoción pública. Lo ocurrido con Celco en el río Cruces fue muy
indicativo que las normas ambientales no se cumplen cabalmente si éstas
comprometen el cumplimiento de metas de producción. Por su parte, la
crisis de la industria del salmón también reveló que el sector no
respetaba normas ambientales básicas (distancia de las faenadoras de las
jaulas de crianza, concentración de peces y otras), lo que favoreció la
expansión del virus ISA. Pese a ello, el discurso del desarrollo sigue
primando y justificando casi cualquier cosa. El propio Büchi sostiene, a
propósito de HidroAysén, que “lo que tenemos acá es que, para poder
desarrollarnos, hay ciertos efectos que hay que manejar. No es la
empresa la que falla. La empresa es un actor que está intentando hacerlo
lo mejor posible”. Estoy convencido que esta visión es ampliamente
compartida en círculos oficialistas.
Los
argumentos contra HidroAysén son múltiples y ponen en cuestión alguno de
los tres elementos descritos. Para algunos o la mayoría la motivación
para protestar radica en su impacto ambiental y, con ello, la falta de
fiscalización en esta materia; para otros es una manifestación de la
escasa o nula consideración hacia las regiones; unos cuantos reclaman
hastiados por los costos excesivos de la energía y los abusos de las
empresas; también hay quienes sostienen que la decisión propende a
conservar el virtual monopolio en el sector eléctrico por los próximos
treinta años; por último, hay muchos que no sienten que este estilo de
desarrollo sea el correcto ni el más adecuado a los tiempos.
Probablemente, hay otras razones, pero el denominador común es que todas
ellas son válidas, se asumen desde un sentido de justicia y manifiestan
una gran frustración.
El gobierno
pareciera dispuesto a enfrentar los costos de estas movilizaciones y
actuar desacreditando al movimiento social y sus demandas (con ideas
como “si no es hidroelectricidad, ¿qué quieren?”), y amparándose en algo
tan difuso como la razón de Estado. En medio de esta colisión
de visiones y el malestar general, no es claro que La Moneda esté
calibrando los alcances del fenómeno. Al parecer no se le dá demasiada
proyección al reclamo generalizado y tampoco hay mayor interés en
flexibilizar posiciones. En todo caso, tengo dudas que un diálogo
consiga algo después de ver lo estéril de las conversaciones por el tema
del precio del gas en Magallanes o la huelga de hambre que aún
sostienen representantes mapuche. Así las cosas, el Presidente se
apresta a tomar unas vacaciones en Francia la próxima semana y el
Ministro de Energía, Laurence Golborne, ya está gozando de sus días
libres en el buen clima de Miami. ¿No será mucha frivolidad o desinterés
frente a todo lo que está pasando? ¿Un exceso de impronta cota mil en
el Ejecutivo? En esa línea, es posible que el gran anuncio del 21 de
Mayo sea el anuncio del traslado del gobierno y el gabinete a La Parva,
así se libran de las lacrimógenas. Dá para pensar, ¿cierto?
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"La historia vuelve a repetirse".
Y eso, es peligroso, como todos sabemos al Presidente Salvador Allende no lo dejo gobernar la derecha porque vio amenazados sus intereses economicos e insto a las fuerzas armadas a tomar el control del Pais lo que permitio la instalacion de una cruel, fuerte y represiva dictadura pro-derecha.
Pues ahora se da el caso de que es el pueblo el que se esta oponiendo una y otra vez a los deseos del gobierno de seguir facilitandoles el camino a la derecha para terminar adueñandose de lo poco que les falta.
Con las cosas como estan al sr piñera (fijense que siempre cuando me refiero al presidente lo hago con minuscula, no se porque ser) el pueblo no lo esta dejando gobernar y cumplir con su programa de depredacion impulsados por la UDI-RN-EMPRESARIOS, entonces, podria darse que la derecha nuevamente acudiera a las FF.AA para que estas, garantes de la institucionalidad de la nacion, asumiera el mando esta vez con piñera a la cabeza como dictador.
Panorama poco deseable, pero absolutamente creible.!!!