Enrique Meza

El caso Karadima - Errázuriz

El encuentro entre Karadima (un perverso) y Errázuriz (un indolente) plantea varios problemas de interés público.

El primero es de coherencia.

La Iglesia Católica (luego del giro conservador que experimentó) enfatiza la ascesis sexual, prohíbe el divorcio, condena el uso del preservativo y execra la vida homosexual.

Calos Peña, El Mercurio, 26.03.2011.-

Los católicos que son gays o lesbianas, los divorciados, los usuarios del condón o quienes practican el sexo orientado al placer, y no a reproducirse, han debido soportar una y otra vez que Errázuriz les dijera, o insinuara, que sus vidas estaban torcidas.

¿Por qué -se preguntarán ahora- Errázuriz fue tan severo con ellos y, en cambio, tan incrédulo con los denunciantes de Karadima al extremo de desoírlos durante años? ¿Cómo pudo Errázuriz, a la vez que condenaba el estilo de vida de personas adultas, condescender con Karadima haciendo oídos sordos a las víctimas?

El segundo atañe a los deberes civiles de la Iglesia.

En una sociedad democrática, cada uno tiene el derecho de adorar al Dios que quiera y organizar su vida como le plazca. Sin embargo, a pesar de esa pluralidad, hay cosas que están vedadas a todos, incluso a los creyentes. Entre ellas se cuentan el respeto por los derechos y la autonomía de las personas. En otras palabras, usted no puede invocar ni siquiera el bien de la Iglesia para dañar a otros, violar su dignidad o infringir la ley. Errázuriz, sin embargo, lo hizo: a pretexto de proteger el bien superior de la Iglesia -lo que él llama prudencia- dejó se atropellaran derechos de las personas. Con ello puso en duda la capacidad de la jerarquía para cumplir sus deberes civiles.

Y nada se saca con decir que Errázuriz es víctima de un sistema que cultivaba el secretismo: ¿desde cuándo la Iglesia es relativista y valora las conductas atendiendo al contexto histórico en que se realizan?

El tercero es relativo a la fuente de la moralidad.

Según un viejo prejuicio (que la incultura alimenta), para ser moral hay que creer en Dios. El caso Karadima muestra, sin embargo, que se trata de cuestiones independientes y que a veces (como sabía Bataille y lo recuerda Lacan) la creencia religiosa alimenta las perversiones. Hay gente de sotana impresentable y ateos confiables; curas dignos de admiración y ateos que no valen la pena. La moral y la virtud no tienen nada que ver con las convicciones religiosas.

El cuarto se refiere a las causas de estas conductas.

¿Acaso no hay algo en la Iglesia Católica, en sus prácticas y en sus rutinas, que produce este tipo de conductas que se han visto no sólo en Chile, sino que también en Estados Unidos, Brasil, Irlanda, Bélgica y, para no seguir, México?

En vez de probar que hay algo erróneo en la Iglesia -suelen decir los creyentes-, este tipo de casos muestra el carácter divino de esa institución. La Iglesia, se dice, ha durado más de dos mil años a pesar de esconder una proporción inusual de pervertidos y de abusadores. ¿No prueba eso su índole divina?

Se trata de una explicación consoladora, pero falsa.

Porque lo más probable es que la Iglesia haya durado tanto tiempo y extendido sus redes y su influencia no a pesar de esas prácticas, sino gracias, precisamente, a ellas. No se requiere ser Foucault para darse cuenta de que una institución que entrega a personas célibes la tarea de administrar el secreto de la vida adolescente y familiar (mediante la confesión) no puede sino producir, tarde o temprano, conductas perversas como la de Karadima y autoridades indolentes como Errázuriz.

Y es que la práctica del secreto y del ritual intimista, quienquiera que lo haga, católicos o masones, militares o civiles, judíos o hindúes, acaba siempre en una pérdida de autonomía y de control sobre la propia vida y en el sometimiento a autoridades, como Errázuriz, que no rinden cuentas a nadie y que incluso cuando son sorprendidas en una conducta que avergonzaría a cualquiera, se atreven a justificarla usando el mismo tono melifluo y afectado que deben emplear en el confesionario.

Calos Peña, El Mercurio, 26.03.2011.-

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MAFALDITA
dijo :

La religión es un arma muy peligrosa. Con o sin ella, hay buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas, pero para que la buena gente haga cosas malas se necesita a la religión transformada en la suprema rectora de sus vidas." Tomás Nomás


27/03/2011 a las 14:37
ramon sotomayor
dijo :

con saña, pareciera, en la sexualidad  de los representantes de Dios, pero no es tal, lo que ocurre  en realidad es que las personas con inclinación religiosa se caracterizan por tener naturalmente una relación conflictiva con ellas mismas y  tienen una mirada escrupulosa de sus inclinaciones y fantasías:  no se allanan a relaciones humanas llanas, sino que las miran llenas de estereotipos y evitaciones. 

A la larga el instinto asoma, pero sinuoso y retorcido por tantos controles y evitaciones.

Quien reniega de su afectividad a través de una vida célibe y se olvida de sí mismo para atender a los demás, tiene todo el derecho de hacerlo, pero ha de saber que tal impulso responde a una personalidad  desquiciada, y que de seguro que la vida le va a pasar la cuenta.

Saludos.

 

 

27/03/2011 a las 14:41
MAFALDITA
dijo :

que termina desorientando a los jóvenes que por una u otra razón un día cualquiera decidieron convertirse en sacerdotes.

Lamentablemente como la historia lo ha demostrado últimamente al interior de la Iglesia se encontraron con curas manipuladores como Karadima que los convencían de que tocar sus genitales eran la voluntad del gran jefe supremo al cual le debían obediencia y por lo tanto les terminaba resultando casi natural bajarse los pantalones aun cuando existía la probabilidad de que algunos resultaran dañados psicologicamente y en esos casos la Iglesia tenía el Santo Remedio, el Secreto de la Confesión que de ningún modo debía ser burlado so pena de caer en desgracia aquí en la Tierra como allá en el Cielo.

Por eso debemos alegrarnos de que esos jóvenes se hayan decidido contra viento y marea a contar sus experiencias al Mundo.

Saludos Cordiales

  TOMAS NOMAS


27/03/2011 a las 14:54
ramon sotomayor
dijo :

las contó en privado, y no fue un sacerdote católico sino un religioso pastor de su iglesia el que lo violó cuando tenía 12 años, a la muerte de su madre.

Son las Iglesias, en general, las que atraen a los enfermos inevitablemente como la carne abierta y los muertos atraen a las moscas, que en ellos se reproducen.

Qué tienen las Iglesias, que produzcan esta atracción, si no es que sus  ideologías fantasiosas de omnipotencias e incapacidades sintoniza con la de estos enfermos?

27/03/2011 a las 17:00
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