Ernesto  Undurraga  V.

El manual del cura pedófilo y la Santa Pedofilia en chile

Luego de muchos años de reiterados casos, hablar de pedofilia es sinónimo de curitas e Iglesia Católica. A lo mejor estoy generalizando un poco, pero entre la gente, al comentar tópicos relacionados con abusos de menores, automáticamente aparecen personajes como el cura Tato, el padre Edson Ives dos Santos y en la actualidad Fernando Karadima, quien ayer fue investigado por el programa periodístico de TVN Informe especial.

¿Pero cuál es la realidad de los curas acusados de pedofilia en Chile?

En nuestro último tiempo se han registrado 20 denuncias por pederastia en el país, de las cuales cinco resultaron en condenas de sacerdotes, cinco están en proceso penal, mientras otras 10 están siendo estudiadas o han sido desechadas por falta de pruebas. Algo bastante interesante si nos ponemos a pensar que son 20 casos que sólo afectan a sacerdotes que ejercen sus “funciones” en Chile.

Pero dejemos descansar al señor Karadima (ya le dieron mucho hoy), ya que en el ámbito internacional nos encontramos con una mayor “degeneración de sacerdotes”, que por estos días tiene al Papa y todos los curitas importantes escribiendo cartitas en las que reconocen que la pedofilia es un problema institucional y un delito que daña a las personas.

Mi pregunta es: ¿Por qué existe tanto cura acusado de pedofilia? Posiblemente, el gran problema es no pedir un examen psicológico de admisión. El único requisito para ser cura es demostrar ganas de servir a Dios, rezar, escalar posiciones, ganar confianza, ser cariñoso y abusar de niños pobres.

Y no lo digo yo. Lo dice el “Manual del Cura Pedófilo”, un cuadernillo que circula desde hace meses entre los sacerdotes con inclinaciones no santas.

El autor de la macabra guía del cura pedófilo es un eminente teólogo, un sibarita que frecuenta los salones de la alta burguesía de San Pablo y, según el diagnóstico que se le hizo a petición del juzgado estatal, un pedófilo con marcados síntomas de narcisismo y megalomanía. De otra forma no se explica que Tarcísio Sprícigo, de 48 años, llevara un recuento manuscrito de sus hazañas.“Me preparo para salir de caza con la certeza de que tengo a mi alcance a todos los garotos (chicos) que me plazca.”

En su manual, el cura añadió: “Para esto soy seguro y calmo, no me agito, soy un seductor y después de haber aplicado correctamente las reglas, el niño caerá en mis manos y seremos felices para siempre”.
Antes de que lo arrestaran, el religioso abusó de muchos pequeños de la calle. Para él, eran los más fáciles de controlar, según escribió en páginas que parecen un verdadero manual para pedófilos.

“Presentarse siempre como el que manda. Ser cariñoso. Nunca hacer preguntas, pero tener certezas. Conseguir chicos que no tengan padre y que sean pobres. Jamás involucrarse con niños ricos”. Sprícigo, que antes de caer preso fue trasladado a una parroquia rural donde abusó de dos menores más, estaba seguro de sus tácticas. “Soy un seductor seguro y calmo. Basta aplicar las reglas y el chico caerá en mis manos…”, escribió en otras páginas.

Pero si esta joya literaria les parece poco, ahí está Alfieri Bompani, de 45 años, preso por abusar de niños de entre seis y diez años, quien también se las daba de escritor. El cura, aparte de llevar un diario, estaba terminando un libro de cuentos eróticos basados en sus aventuras pedófilas, las mismas que destrozaron la vida de muchos de los que se acercaron a él en busca de ayuda.

Pero ¿Por qué les hablo de esto? ¿Odio a la iglesia? ¿odio a los curas? No, la verdad es que el tema de los abusos sexuales por parte de sacerdotes (un tema que lleva bastantes años en el tapete) reaparece en todo el mundo y muestra que el primer reflejo de la cúpula vaticana es “tapar todo”. Los escándalos han sacudido por etapas en las diócesis católicas de España, Francia, Italia, Alemania, Austria, Polonia, Gran Bretaña, Irlanda, Estados Unidos, México, Costa Rica, Puerto Rico, Colombia, Argentina y Chile. Pero la Iglesia esconde y minimiza este tremendo problema, que no es accidental ni azaroso sino institucional. Y está signado por el encubrimiento.

Esto me conduce a pensar que la pedofilia era hasta hace pocos dias un “delito santificado”, protegido por la Iglesia, la misma institución que te dice qué es pecado y qué es santo, la misma que te pide donar el 1%, la misma que te habla de castigo y en su interior alberga casos que deberían ser castigados.
Siempre he pensado que la imagen de Dios en las instituciones religiosas no es mas que lucro. Es como poner al actor de TV del momento a promocionar los productos y así la gente los consume. Debido a eso, compramos figuritas de acción de nuestros santos favoritos, pagamos mandas y ayudamos en campañas de beneficencia mientras las instituciones religiosas se llenan los bolsillos (nótese que me refiero a todas no solo la católica).

Pero ¿por qué no se denuncian estos casos? Simplemente por ue para la sociedad hablar de estos temas es atacar a la Iglesia. Automáticamente es ser un no creyente, es poner en juego la Fe, eso que tanto te meten en la cabeza desde que eres pequeño: el creer en dios y no cuestionar a las instituciones religiosas. No sé si es bueno o es malo, sólo tengo claro que los curas no son seres privilegiados, van al baño igual que nosotros, tienen necesidades y no por estar bajo una sotana y tener una cruz som inmunes ante la ley y la opinión publica.

Saludos.

(Luego de escribir esto, confieso que no tengo miedo de arder en el infierno)

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