ramon sotomayor

El zorro en el gallinero

Su testimonio es brutal, escalofriante, estremecedor.

El calvario de Marie Collins, abusada por un cura, a los 13 años, en su cama del hospital. Su inocencia quebrada por un desalmado: "Los dedos que abusaban de mi cuerpo, los mismos que me ofrecían la hostia".

Y su lucha, durante años y años, contra la depresión y en busca de justicia. Y se topó con la culpabilización y el encubrimiento más descarado por parte de las autoridades religiosas, incluido su arzobispo (habría que saber su nombre). "Tras denunciarlo, la prioridad del obispo era la protección del 'buen nombre' de mi abusador".

Para qué insistir, lean el testimonio y saquen sus propias consecuencias.

Y es sólo un caso. De los 4.000 en los últimos diez años, que llegaron a la congregación para la Doctrina de la Fe. Por lo tanto, sólo la punta del iceberg. Pero un caso que deja en evidencia a los seminarios, a los curas, a los obispos y a la dinámica de encubrimiento feroz que reinaba en todas partes.

El abusador de Marie Collins era un cura joven, recién ordenado. ¿Y los filtros del seminario? ¿Y sus superiores? Da asco, repugna, es absolutamente vomitivo. Los curas abusadores no son solo meras manzanas podridas, que también. No son solo pecadores, que también y más les valiera...Son auténticas alimañas. El zorro en el gallinero. Y con el consentimiento del dueño del gallinero.

Pastores indignos, que escondían y tapaban a estos asaltacunas. Más aún, se atrevían a culpabilizar a las víctimas y a defender a los verdugos.

El mundo al revés de una institución normativa, que imparte sin parar doctrina moral y a la que le confiamos nuestros niños desde su más tierna infancia.

Y qué tiene que ver Dios en esto?

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