Luis Fernando Ospina Vanegas

La Alianza de Lobo

No logro entenderlo todavía. Sólo me ayuda a asimilar la noticia una vieja frase de campaña presidencial en Colombia, por allá en la década de los 80, cuando un candidato liberal apoyó la aspiración de un conservador. Era algo impensable, pero el líder político liberal dijo: "Es que la política es dinámica".

Con esa frase justificó su transfugismo partidista. Eso es lo que parece estar sucediendo en Honduras. Hace poco más de una semana se entregó el informe final sobre los hechos que terminaron con el derrocamiento de Manuel Zelata, en 2009. La Comisión de la Verdad creada para tal efecto concluyó que "Sí hubo un golpe de Estado" y que el de Micheletti, quien asumió el poder, fue un "gobierno de facto".

La tesis que siempre expuso Zelaya y que posibilitó su regreso a Honduras, dos años después de su exilio, primero en Brasil y después en Costa Rica.

Lo que hay detrás de ese regreso es, nada más ni nada menos, que la realización de una Asamblea Constituyente que permitiría la reelección de Zelaya, motivo central de su salida, y la permanencia de Porfirio Lobo dos años más en el poder. Eso sería un asunto de mera mecánica política si no fuera por algo igual de impensable: Zelaya y Lobo son como el agua y el aceite, contradictores a morir, y el primero denunció fraude electoral en los comicios que llevaron a Lobo a la Presidencia.

Luego, eso de que la políitca es dinámica se cumple a rajatabla en este caso de Honduras, pero nadie sabe qué pueda pasar en el mediano plazo en el país centroamericano, ahora que Zelaya ha decidido conformar un nuevo movimiento político, con inclinado perfil de izquierda revolucionaria.

Amanecerá y veremos.

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