Juan Ignacio Villalobos Gaete

Mineros de Chile, trabajadores de Chile.

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Cuando libros como los de Baldomero Lillo nos parecían solo parte de un horrible relato de lo que ocurría hace años, lo sucedido a los 33 mineros en Copiapó inevitablemente nos lleva a poner los pies sobre la tierra y a reflexionar acerca de las precarias condiciones en las que muchos trabajadores luchan día a día para llevar el pan a sus hogares.

En el seno de una sociedad que se jacta de ser "el jaguar de Latinoamérica" y que a menúdo olvida la abrumante desigualdad e inequiparidad social propiciada por un modelo económico excluyente, es entendible que hechos como los sucedidos a los 33 mineros ocurran, y lo más preocupante seguirán ocurriendo hasta que la clase política chilena se haga cargo de la responsabilidad histórica que ha tenido en la mayoría de estos accidentes

Si se sigue entendiendo el desarrollo de un país meramente por el éxito económico y no por la calidad de vida de sus ciudadanos; calidad que también tiene que ver con propiciar las mejores condiciones laborales para quienes son la real riqueza del país (los trabajadores), es lógico que la hegemonía de lo económico seguirá siendo a costa del bienestar de los trabajadores.

Si los índices macro indican niveles saludables, lo demás poco importa; mostrar una buena imagen hacia el exterior, demostrar que somos un país estable y bastante propicio para la realización de inversión extranjera prima por sobre hacerse cargo de las condiciones laborales que viven los trabajadores a diario.

En estos diecisiete días hemos visto como diversos personajes han intentado tomar provecho de la situación gracias a la maquinaria comunicacional, que más que informar de una tragedia de tamaña envergadura, parecía la realización de un reality show que mostraba de manera descarnada las reacciones de familias conmovidas y vulnerables ante una situación que nadie quisiera vivir.

Siempre se ha dicho que la culpa no es del chancho sino de quien le da el afrecho, siguiendo la misma lógica, no pidamos al empresariado actuar como seres humanos que se conmueven con las tragedias que le suceden a sus trabajadores, cuando estos funcionan bajo la premisa de costos y beneficios. Los trabajadores para ellos no son más que meros instrumentos utilizados para sus fines, instrumentos que además son desechables, reemplazables. Cuando una pieza del engranaje funciona de manera deficiente o en su defecto es más cara que otra que puede cumplir una función similar, solo basta con reemplazarla. La objetivación e instrumentación de los trabajadores no solo tiene que ver con el empresariado y sus practicas Tayloristas, sino con una sociedad de consumo en cual el dinero a pasado de ser un medio a un fin.

Llamo a los reales responsables de que ocurran estas tragedias a que den la cara, muchos figuraron en la tele, intentaron lavar su imágen o crear una imágen, pero todos sabemos que en lo sucedido son en los que recae la mayor responsabilidad. La clase política chilena tiene mucho que decir, mucho por hacer, porque si no fuera por la negligencia y por la cobardía de enfrentar como se debe a los empresarios, situaciones como estas además de no deber ocurrir no ocurrirían.

Es de esperar que los mismos que hoy celebran con tanta algarabía esta noticia, lo hagan con el mismo estusiasmo cuando se hable de mejorar las condiciones laborales para los trabajadores, y no se escuden en los peros, que no son más que una señal de la excesiva dependencia y respeto hacia el empresariado.

Finalmente, llamo a retirar todas esas banalidades de la cápsula bicentenario (Perro lipigas, Indio Pícaro, Karol Dance, inclusive un trapo de color azul; da igual si fuera negro, verde, rojo, amarillo) e invito aguardar aquel texto de vida, para que en 100 años más este sea un claro testimonio de las condiciones precarias en la que los trabajadores cumplían su labor. Esperándo que aquella generación venidera al recibir dicho mensaje al menos se conmueva, sino de nada habrán servido 200 años de historia manchados con sangre por la excesiva protección por parte del Estado hacia al empresariado y no hacia quienes son el corazón y alma de un país, sus trabajadores.

 

FUERZA MINEROS, FUERZA TRABAJADORES!!!

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karloco
dijo :

Concuerdo plenamente con tu comentario sobre esta dolorosa experiencia en la que nuevamente esta de por medio la integridad fisica de algun trabajador Chileno.

Resulta doloroso y vergonsozo ver como ciertos personajes, entre ellos su excelencia hacer uso y abuso de las camaras en beneficio propio o de mezquinos intereses.

Resulta inignante, ademas, que experiencias vividas hace 100 o mas años en la mineria del Pais vuelvan a repetirse gracias a la indolencia del empresariado minero y al del empresariado en general que no han aprendido nada mas que a utilizar artimañas para seguir enriqueciendose a costa del dolor y el sacrificio de sus compatriotas.

En esencia, el empresariado Chileno tiene una gran deuda con los trabajadores, deuda que jamas podra ser pagada si no se logra poner de por medio la independencia del gobierno de turno por sobre los intereses economicos ligados al libre mercado.

Esta es una labor muy dificil de lograr si no se  deroga por completo la Constitucion Politica de pinochet y por medio del concenso promulgar una ley donde el hombre Chileno sea el eje central de dicha carta fundamental y no el valor del dinero por sobre el.

No tengo trancas sobre el enriquecimiento que puedan llegar a lograr ciertas personas, pero este no puede ser obtenido sacrificando a sus congeneres, sean estos del color politico o social que sean.

23/08/2010 a las 12:04
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