
Pero quisiera que me concedieran algún minúsculo espacio a los pies de la fecunda producción de artículos del Equipo Editor para comentar algo.
Ayer los medios de comunicación latinoaméricanos impactaban con la noticia del asesinato de Facundo Cabral en Guatemala El conmocionante hecho se hizo eco en las reuniones de amigos donde no faltó algún despistado, como yo, al que el nombre le "sonaba"... pero sin saber quien era exactamente el connotado cantautor.
Cabral viajaba junto al empresario Henry Fariña. Los escoltaban una patrulla de la policía civil y otro auto con guardaespaldas. En el trayecto, tres furgonetas emboscaron el auto donde iba el cantautor, quien estaba sentado como copiloto. Bajaron sus vidrios y comenzaron a disparar con fusiles. Las autoridades guatemaltecas creen que el ataque iba dirigido contra el empresario y no contra el artista. (La Tercera).
Creo que no existe un chileno que no pueda dejar de asombrarse con la impunidad y desparpajo con que parecen actuar estas bandas de presuntos sicarios en pleno siglo 21.
Sin embargo, más impresiona mi sensibilidad burda y sensacionalista, el asesinato de 20 personas en un bar de Monterrey el viernes 8... y el posterior hallazgo de 11 personas degolladas en Torreón, Mexíco.
En Chile, se trataba la noticia de la siguiente manera:
El ataque de Monterrey, ocurrió a las 21:40 locales del viernes en el céntrico bar "Sabino Gordo". El portavoz estatal de seguridad, Jorge Domene, dijo que personas armadas irrumpieron e hicieron disparos "a mansalva", que causaron la muerte de 16 personas en el lugar, tres de ellas mujeres, y de cuatro más en el hospital.
En Torreón, los cuerpos decapitados corresponden a siete hombres y tres mujeres, los que fueron ubicados en una camioneta, sobre la cual había sido colocada una cabeza femenina. Las demás cabezas fueron dejadas, en grupos de tres, en otros sitios.
Hace pocos días las pantallas de TV dedicaban importante cantidad de tiempo de sus espacios a la noticia del sensible fallecimiento de un conocido y querido humorista.
Lo cierto, (según a lo que en mi limitada percepción de los hechos se puede rescatar), es que la muerte se hace presente de diferentes formas causando en unos u otros integrantes de nuestra sociedad mayor o menor conmoción conforme a cuan conocidas sean las personas a las que toca y a cuanto aprecio podamos atribuirles en virtud de sus acciones y de lo que ha sido su entrega a la comunidad...
Pero también provoca el estupor y asombro de quienes vemos en estos hechos una muy inquietante señal de lo que son nuestros tiempos.
Aquí es noticia que un conductor ebrio atropelle a un cartonero, o que un matratador golpee a su mujer, lo cual me alegra, (el que sea noticia... no el atropello o el maltrato), en otras latitudes de nuestro mismo continente las noticias son otras y hechos como estos últimos no ocuparían ni el más mínimo espacio.
Lo cual me lleva, (en un inesperado ataque de lucidéz), a llegar a otras conclusiones:
Nuestra sociedad, chilena, en el extremo sur poniente del cono sur, debemos: 1º apreciarla, y 2º cuidarla.
Me hace mucho sentido esa estrofa de la canción del extinto Nino Bravo tan en boga hoy en día:
- Cuando Dios hizo el Edén... pensó en América...
Bastante agusanadas tenemos las manzanas en este Edén, y quizás gracias a este murallón otrora casi inexpugnable que fué nuestra cordillera... y a ese obstáculo no fácil de salvar que era nuestro "mar que tranquilo te baña", las polillas de la corrupción, el crimen organizado, y otras plagas... no han logrado reproducir sus larvas con tanta facilidad como en otros lares.
Cuidemos la huerta queridos coterráneos, no dejemos que mezquindades que nos autoimponemos de puro estúpidos que podemos lograr llegar ser nos dividan.
Abramos los ojos, reconozcamos nuestro poder, enterémonos de que somos muchísimos más, levantemos la voz.
Podemos detener el progresivo crecimiento de lo que en otros países es una lacra indestructible...
Y también podemos provocar los cambios de conducta necesarios para que ello ocurra.
Entendamos que el pueblo constituído en las urnas es soberano, y que si el Presidente de la República es "nuestro" mandatario.... nosotros somos "sus" mandantes.
Para que me entiendan los niños: nuestros alcaldes, diputados, senadores e incluso el mismísimo Presidente... son nuestros empleados...
Exíjamosles... por favor.
Tom






