Me gusta lo que está pasando en nuestro país.
Lo hemos discutido en este blog: pensar que el estado y las instituciones formales serán los únicos llamados a resolver las innumerables demandas de la comunidad y las problemáticas que nos aquejan, es creer vivir en un
"mundo de Bilz y Pap".
Simplemente porque
no es posible. No hay autoridad que pueda dar a basto, por más trabajador y talentoso que sea.
Aquel chileno que sólo observa, se queja, inculpa a las autoridades frente a la televisión o en un almuerzo de amigos
(que sin duda hemos sido todos nosotros alguna vez), puede ir transformándose en un
actor.
Hemos visto en las últimas semanas diferentes manifestaciones ciudadanas que van orientando un camino de cómo enfrentar dichas problemáticas. Los
Pingüinos secundarios son un tremendo ejemplo. Muchachos que están hasta la coronilla con una educación deficiente, dicen hasta acá no más y toman el sartén por el mango y se movilizan con seriedad y liderazgo.
Camilo Herrera y un grupo de personas molestas por el mal servicio de las empresas de telefonía celular, lanzan una campaña que organiza un malestar generalizado y se lo hacen llegar a las compañías.

Con mucho coraje
Gonzalo Fuenzalida, recientemente asaltado junto a su familia, dice:
"si no hago nada, nada va a pasar". Un grupo de personas irritadas por el alza permanente de la gasolina, se coordinan
para una bocinatón. Otros, exigiendo estándares mundiales de servicio de transporte, piden al metro extender sus horas de servicio. Así podemos seguir un buen rato más.
Como nunca en los últimos años, la ciudadanía con imaginación y creciente poder, exige una voz, pero también -y acá algo fundamental- se hace parte del problema y parte de la invención de la solución.
Me gusta lo que esta pasando en nuestro país, porque realmente no veo otra ruta, a la que los ciudadanos comunes y corrientes jueguen un rol en la construcción del país. Un rol exigente, propositivo y emprendedor en el sentido de ser parte en la búsqueda e implementación de respuestas.
Una breve anécdota para terminar.
Hace un par de días en un café céntrico de Santiago, una mujer se para de su asiento, corre unos metros y grita: ???El señor de chaqueta café le robó la billetera al caballero, señor guardia ayude por favor!!???Todos los que estábamos sentado quedamos perplejos, los acusados pálidos y la víctima angustiada por que no encontraba la billetera. Los guardias llegaron de inmediato y arreglaron el problema. ¿Qué me impresionó? El valor y coraje de la señora. Ella como muchos de nosotros, pudimos ver la situación y por no meterse en problemas, nos quedamos callados o nos podríamos haber ido Ella a diferencia, y sabiendo de los costos potenciales, se paró y dijo no más.
Lo más bonito, es que espontáneamente todos los que estábamos en el local atinamos a celebrar con felicitaciones y aplausos a la señora.
Por aquí va la cosa.
Debemos transformar la queja en acción
luchemos por nuestra legitima participacion