
En 1988 se estaba a esta altura, en las nerviosas vísperas del Día del NO. Ya todo estaba jugado. La franja había dejado de transmitir y la vigilia era multitudinaria. La sociedad civil estaba movilizada. Las fuerzas progresistas auspiciaban la recuperación de las libertades y cantaban "Chile, ¡la alegría ya viene!" . Las fuerzas de la derecha buscaban convencer usando argumentos de orden y prosperidad. 18 años más tarde, resulta lamentable concluir que ganó esa mitad de chilenos que apostaba a la continuidad del sistema económico impuesto por los militares.
¿Cuando se harán públicas las negociaciones que permitieron el repliegue de los militares a sus cuarteles y que significaron que los pilares del neoliberlismo consagrados en la Constitución del 80, se mantuvieran intocables?
El pueblo siente aún que le birlaron la alegría y la esperanza. Y los relegaron de haber sido actores sociales y políticos abriendo los espacios de libertad con heroismo, al ajustado rol de consumidores, usuarios y deudores.
¿Quién quiere dar cuenta al país de lo que se negoció para esta transición tan a la chilena?
Se deja la palabra.
...
y ha sacado su tajada..