
Nuevamente los resultados de la prueba
SIMCE (Sistema de Medición de la Calidad de la Educación) son frustrantes para la mayor parte de los interesados. Todo tipo de voceros y expertos han señalado su renovada preocupación y alarma. Basta leer al respecto el Diario
El Mercurio en los días posteriores a la entrega de los resultados del estudio. Rectores universitarios, alcaldes, variados expertos educacionales, muchos advierten con alarma sobre lo que está sucediendo; hay quienes ven que estos resultados
ponen en jaque a la Reforma Educacional como un todo. Y también nuevamente, se escuchan voces que buscan dar tranquilidad que provienen del Ministerio de Educación, en este caso la
propia Ministra, que insisten en asegurarnos que la reforma educacional marcha viento en popa.
En este terreno, el Ministerio, sus autoridades y expertos cercanos ya perdieron la batalla: pocos creen que nuestra educación sea buena ni que esté mejorando como debería. Y no conviene tranquilizarnos al respecto, se trata de la preparación que estamos dando a nuestros hijos para su futuro. Los que pueden hacerlo, envían a sus hijos a mejorar y completar sus estudios en instituciones extranjeras, pero no todos pueden optar por esta estrategia familiar. No sería mala idea preguntar a nuestras autoridades que quieren tranquilizarnos dónde están estudiando sus hijos.
Encuentro que existe una falta de urgencia nacional sobre nuestra educación. Quizás nuestras élites y nuestros líderes están tranquilos con sus propias estrategias educacionales para sus familias, pero la educación del País en su conjunto está definitivamente mal. Y hay algo en la opinión pública que se mantiene básicamente tranquilizada o resignada con esta situación. Y en esto creo que ambas partes, los que encuentran que se avanza y los que encuentran que no se avanza, están más tranquilos y satisfechos que lo conveniente. Mientras que unos se tranquilizan con lo ya hecho, los demás se tranquilizan con sus diagnósticos de que la educación debe mejorar su calidad y con sus propuestas para hacerlo.
La educación chilena no tiene un problema de calidad. Tiene un problema de inadecuación histórica.
No es mejorando aquí y allá la educación como se arreglará el problema que tenemos. Nuestro deber es educar a nuestros jóvenes para navegar competentemente en el mundo global y crear identidades valiosas en éste. El desafío no consiste solamente en mejorar sus habilidades de cálculo matemático ni de la llamada lecto-escritura. Estas habilidades se encarnan en prácticas, muchas de las cuales están de hecho obsoletas y que provienen de la époda de la invención de la imprenta; en cualquier caso pre tecnologías digitales, pre calculadora de mano y pre internet.. Con toda seguridad es más importante asegurar la
inmersión de nuestros jóvenes en el mundo de redes digitales globales que mejorar los procedimientos de aprendizaje de prácticas ya viejas y los estándares de efectividad de ellas. Por eso es tan negativo no poder asegurar banda ancha e inglés para todos nuestros niños y jóvenes.
Debemos declarar movilización nacional en materias educacionales. Declarar emergencia nacional y movilizar todas las energías para probar estrategias innovadoras. Poner recursos en serio en proyectos emprendedores de innovación educacionales alineados con el mundo en despliegue de las tecnologías informáticas y de comunicación. Banda ancha para todos. Inglés para todos. Habilidades y herramientas multimediales básicas para todos. Por eso me parece tan importante el trabajo que está haciendo para movilizar experiencias educacionales innovadoras el blog
Educándonos, por ejemplo. También Atina Chile con sus campañas masivas de aprendizaje, como la última para
enseñar Wikipedia en los colegios.
Mario Valdivia
www.mariovaldivia.cl
Foto: La Nación
Sinceremos que la educación esté en crisis