ramon sotomayor

Qué tenemos en mente

cuando algo nuestro o querido lo sacrificamos a Dios?

Sacrificar palomas, animales, hijos corresponde en cada caso a un nivel creciente de emocionalidad, es estar poseído, como a veces se ve a los evangélicos en sus liturgias, por una emoción que sobrepasa y rebalsa los controles que la modernidad nos impone o que estamos acostumbrados.

Experimentar el dolor al extremo, identificar el dolor y  la humillación propia con el  dolor y la humillación del Sacrificado es una experiencia intensa o extrema que produce una liberación,  o catarsis como también se la llama, de efectos posiblemente sanadores pero con  seguridad con dramáticos efectos en la racionalidad de los que experimentan estos excesos emocionales.

 

 

 

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