Sabiduría interna:
La sabiduría adquirida sobre nosotros mismos depende del porcentaje de concienciación en auto juzgarnos, en cómo nos desenvolvemos, obra y pensamiento.
A lo largo de nuestra existencia hemos sido, somos y seremos mete patas en incontables circunstancias, pero si el hecho no se adjetiva y no hay toma de conciencia como espejo de defectos, la memoria se hace anémica al veredicto.
Sabiondos, engreídos y payasos, entre otros, es de lo que nunca se tiene un cero absoluto: porcentajes que en el mejor de los casos, queda en la norma. Es tema delicado descubrir intimidades de nuestro carácter y personalidad, pues la identificación es inmediata como decir “saludos a todos menos a uno”, la incógnita incluye a todos.
Nuestro comportamiento ha de ser supervisado, reciclado y actualizado durante toda nuestra vida y, lamentablemente la mejor toma de conciencia de su provecho, es la adultez: a mayor edad, más amplio el grafico de nuestro modo inconsecuente, no obstante mejor tarde que nunca.
Se deduce ir con pies de plomo en el modo como interactuamos con nuestros semejantes: al centrarse en las consecuencias de nuestros actos nos previene de informalidades en el trato, tener presente la fatal pasión de decir verdades nos evita herir, mortificar o mermar afectos, pues creerse en la razón con efusión, es un posible traspié que lamentaremos. La convicción sin más de una razón, es un eminente peligro que conlleva un posible pedir escusas vergonzantes.
Si deseamos ser sabios de nuestro modo nos obligaremos constantemente a supervisar las ligerezas de nuestras particularidades, como libro leído tantas veces que, casi se memoriza.
Nuestra espalda solo se guarda de una crítica negativa con la estricta coherencia de nuestros actos, de no ser así, al darnos media vuelta alguien nos tildará de gilipolla, estúpido o ignorante.
Se supone conocernos a nosotros mismo, pero la realidad esta a leguas. Solo los grandes fallos dejan huella para caer en el no redundar, pero la norma es el tropiezo en escollos que solo afectan en el momento y dando lugar a merma de emanación de su memoria.
Seamos conscientes a perpetuidad de nuestras carencias para convivir viviendo y dejando vivir. Se suele dictar que los demás son ellos en su mundo, su inteligencia, virtudes y defectos, y nosotros en cambio, tenemos carácter y personalidad estrictamente personal y diferenciable del resto, ¡fatal! No seamos intrusos en sus vidas y permitámonos solamente diferir con nuestra perspectiva.
Cada cual es un pozo sin fondo de inconsecuencias, como para el libertinaje de juzgar a quien no comulga con nuestro yo.
No nos permitamos por costumbre aseverar en la opinión, y sí, el usar la conjetura en nuestras particulares razones.
Nada fácil conocerse a sí mismo: rayando lo imposible, pero la concienciación de esta incapacidad es la sabiduría que limitará los hechos y palabras guerreras y desafortunadas.
Vamos de listos por la vida sin darnos cuenta de fallar como escopeta de feria. La escasa decisión de reconocerlo es una fábrica de enteraos, bocazas, charlatanes e ignorantes de cuantas veces deberíamos mordernos la lengua a tiempo.
La desfachatez es, cuando por cabeza dura e incomprensión hacemos daño a las personas más allegadas, cónyuge, hijos, hermanos, padres, amistades y gente inocente. Nuestra mente ignorante y fanatizada puede generar discordia donde debería reinar apacibilidad y armonía, pero eso sí, luego venderemos y regalaremos apariencia y nos marcamos un gol de señores, de saber decir y compórtanos, pero todo es mentira o verdad a medias.
El cuento de lo expresado viene a ultimar cuentas de lo que pudo o puede ser si tenemos en cuenta nuestras deficiencias de convivencia y, que son más de las que suponemos.
Nos es obligado entender y aceptar que, somos mucho menos listos de lo que nos otorgamos, y de ello, se ha de aceptar que solamente estamos capacitados para escuetos y tímidos razonamientos.
Que la verdad que manifestamos no es más que una conjetura y sin más derechos que una entre otras perspectivas posibles. Que si te gusta hablar, jamás en ningún caso te permitas ser un charlatán de monologo, de aquellos que el interlocutor solo comenta escasamente.
Mil y una circunstancias quedan en el tintero, pero este botón de muestra, es adecuado para una pincelada de lo podríamos saber sobre nosotros mismos. Por ello, hay que concienciarnos de que principalmente somos de gatillo flojo, apasionados, mentirosos, charlatanes, engreídos, mandones, sabiondos y inconsecuentes en hechos y palabras: lógicamente son calificativos porcentuales, donde se puede ser poco o mucho, pero difícilmente a cero.
Aceptar el contenido y la intención del comentario, supongo un inteligente y un acertado camino para nuestro presente y futuro, pero también cabe suponer que el autor es un imbécil que cree la posibilidad de que el comentario sea acertado y útil, disculpas.
Autor: Mateo Andreu Ibáñez







Hola Mateo; como siempre, un agrado.
Somos así y mucho más desgraciadamente; en mi caso, al terminar la jornada casi siempre hago el «recuento» de los pro y los contra y casi siempre la balanza se carga para el lado que menos nos satisface, eso al menos me lleva a la reflexión y me remueve la conciencia, sólo que al momento de actuar, uno se deja llevar y se apaciona erróneamente.
El tema es que al damos una vueltecita por Atina a veces con ciertas ideas en mente pero, cerramos de inmediato, la verdad es que se espera otras cosas, otros contenidos y de otra línea, una comunidad más amena, más participativa pero a la vez más tolerante, comunicativa y respetuosa; en el fondo, una comunidad que eduque y que también entretenga, una comunidad en la que cada participante pueda exponer sus ideales, sus principios, sus preguntas, creencias y opiniones, con firmeza en lo suyo pero, con respeto.
Una comunidad que crea lazos para una finalidad se hace grande junto a sus integrantes.
Pero, ¿como podemos buscar la interacción aunque sea con pequeño gesto de respeto?, si basta con no estar de acuerdo o no compartir ciertos pensamientos, para recibir una andanada de descalificativos, insultos e improperios de todo calibre.
Así se ha ido destruyendo esta comunidad virtual y han ido desapareciendo grandes personajes con gratos aportes.
Confieso que también me he dejado atrapar a veces y olvidándome de mis principio he tastabillado. Me arrepiento de ello y me disculpo sinceramente.
¿Estaré pidiendo mucho?.
Esto «era» Atina
Una Comunidad, un espacio creado y administrado por usuarios con el objetivo generar un espacio de interacción entre personas. Estas pueden compartir sus ideas, intereses, dudas, gustos o cualquier tipo de afinidad con los demás.
Gracias Mateo
Un Abrazo y mis respeto.
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Selerino creo que tu opinión es justa y formal, pues no aprovechas para descalificar nombres, sino actitudes, más tu ruego de la conveniente concordia mutua.
Los intereses mutuos son a integrantes y a dirección: Se sabe que somos adultos (parece un error) y no por ello estamos más capacitados que los niños pues entre ellos hay juego más que riña, pero los mayores hemos ensangren tado el mundo llenándolo de dolor, miseria, hambre, injusticia y guerras permanentes. Es por ello que el hombre no está capacitado para que se le deje solo, para que ande libre de palabra, de hecho y pensamiento.
Disciplina, orden y diligencia es lo que ha de imperar, pues no somos adultos, solo la edad es (al orden mundial me remito)
El control de causa y efecto es tutela de la Dirección de la entidad, de no ser así, el participante puede confundir la libertad de expresión con libertinaje escudado, justificado por ser sincero (La sinceridad sin el control de perjuicios es más dañina que el cáncer) La dirección ha de tomar, públicamente, cartas en el asunto: no vale una olvidada cruz (clic) en un diminuto cuadro aceptando condiciones y responsabilidades, ha de ser una constante de llamar al orden y de mano sancionadora a las infracciones.
Supongo que los adultos perdemos el rumbo de lo que es democracia actual, si se fuese consciente que esta modalidad no es más que libertad rigurosamente controlada, se entendería adecuadamente que su libertad de expresión no existe. Si somos capaces de entender, comprenderemos su grandeza y su provecho universal: es expresarse con total libertad en lo que nos plazca, pero sin exaltación o apasionamiento y sobre todo, con respeto y educación a todo cuanto no comulgue con nuestro modo.
Si el participante se modera por estas concienciaciones y la dirección intimida con amonestaciones convenientes, se puede retomar el camino adecuado. Es interesante pensar que no somos adultos por sensatez. Si se dejar que el hombre camine sin ir cogido de la mano, es juicio perdido antes de empezar.
A esta entidad le sobran estigmas de a quienes supervisar y, si las cosas suceden sin más… estamos en tela de juicio unos y otros, no valen excusas de mal pagador.
Selerino, pareces un buen hombre y amigo de todos. Parece que amas y simpatizas con todos, pero que te aflige en gran manera que la amistad que se disfruta, no sea compartida con afabilidad, educación y respeto mutuo. Yo creo que es el deseo de todos los que compartimos pues entiendo de buena gente, pero que la maldita fogosidad nos causa una mala trastada por pasiones partidistas, religiosas, políticas y otras.
Espero en el bien de todos que sepamos cuando hay que morderse adecuadamente la lengua para no herir o mortificar. Si somos conscientes de nuestras flaquezas y sus perjuicios, los deslices mermaran.
Lo más grande de la amistad es, pensar que el amigo tal o cual es antagónico a mi modo, pero sé que me aprecia por su trato respetuoso conmigo, ¿hay algo más importante en las relaciones? Y me atrevo a decir ¿y en este mundo?, pues investigando a través de la historia del hombre, la mitad de guerras y conflictos se han solucionado con el trato de saberse escuchar mutuamente con respeto y educación.
Incluso se puede pensar que es un momento oportuno para pedir disculpas públicas. Sigo a Selerino pidiendo humildemente perdón a todo aquel que haya podido herir o molestar con mis opiniones.
Autor: Mateo Andreu Ibáñez