Cuenta la leyenda que una figura pequeña, de ojitos saltones, con carita de niña y espíritu de valquiria, se agachó a la entrada del recinto universitario, apuntó un clavo hacia la base de un galón de pintura roja y lo golpeó fuertemente con una piedra. Luego haciendo gran esfuerzo para su delgado brazo izquierdo, se fue caminando bajo los tupidos morrones del campus universitario cargando su tarro, dejando una ondulante y púrpura estela de esmalte hasta llegar a la puerta del director de la escuela, era la "Pancha" Nuñez.
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