
Ayer pensaba en la cena, qué tal sería servirse un enorme plato de luz. Algo bueno y rico para el alma con sabor a amor y verdad. Un plato de esos que disfrutas despacio y hasta te detienes a mirar la cuchara y saborear.
¿A qué sabrá la luz? Una buena probada lo podría contestar.
Para comenzar no habrían más mentiras ni quejas del por qué el mundo está como está. La gente se ocuparía de ir sumando y trabajando en la vida olvidándose de restar. Los niños crecerían sanos y felices olvidándose de pelear. Opinaríamos con respeto y nos
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NUEVA YORK










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