Son
raros. Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol. Otros
se insolan al mediodía, ó en la tarde intentando estos últimos que no los
atropelle un transantiago o un auto al volver por la noche. Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan…
sólo para disfrutar del descanso. En invierno se tapan, se abrigan, se quejan,
se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
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