
Gabriela Mejías
y unos amigos el pasado sábado 23 de agosto reunieron tablas y clavos y
construyeron casetas para perros. La verdad es que viendo las fotos dan
ganas de ponerse a lo mismo. No parece tan difícil. Y a los perros
puede serles de muchísima ayuda: pareciera que el humano medio tiende a
olvidarlo, pero los perros también tienen frío y se mojan con la lluvia.
En la calle no obstante hay mucho ladrón suelto: se me ocurre que convendría fijarlas de algún modo al suelo. Cierto?
Viva la gente con buenas ideas.


Quizá en ningún otro lugar queda tan en claro como en Playa Ancha, que no se puede pensar la historia social de Chile sin incluir a las mascotas de sus habitantes. La historia de los barrios es impensable sin los perros callejeros, que las autoridades llaman habitualmente perros vagos y que se vienen esforzando por erradicar de nuestro paisaje urbano recurriendo a argumentos de salud pública y a la estricnina y otros venenos. La población resiste y se organiza para defenderlos. Y ha creado espontáneamente formas alternativas de relación con los animales que se cuentan ahora entre los elementos centrales de la cultura y de la identidad porteñas.











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