He pasado en mi vida vergüenzas varias y de diferentes tipos. Sociales, personales, públicas y privadas. Pero hasta hoy había tenido la valentía de vivirla a mi nombre sin pedir clemencia o con la respectiva disculpa del perdón. Y la dignidad suficiente de ocultar las inconfesables debajo de las sabanas.
Pero hoy, recién, tengo motivos de sobra para sentir vergüenza. Siento la peor de las vergüenzas, la vergüenza ajena. Y me molesta de sobre manera sentir como me ensucia, si me ensucia.
Me molesta hasta hacer que incline la cabeza y desvié la mirada frente a quien sienta me pueda
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