El dolor y la envidia fueron investigadas en el Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas en Japón y se concluyó que el deseo de lo ajeno o del estatus que disfruta un determinado individuo activa las mismas zonas cerebrales que el dolor por el daño físico.
También concluyeron la parte buena, que los fracasos del envidiado, 'disparan' los centros cerebrales del placer.
Quien siente envidia suele avergonzarse e intentar disimularlo. Pero, aunque se esfuerce por padecer en silencio, las más de las veces su propio cuerpo lo delata: el rencor lo hace retorcerse tanto como cuando es sometido a un
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Ilustración: viktoryranma.









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