Hay dos cosas en las ideologías autoritarias que son difíciles de entender. O no en absoluto. En un caso en Colombia militares y paramilitares1 se pusieron de acuerdo para expulsar a la guerrilla de cierta zona, lo que quiso decir que los ejércitos privados cometieron espantosas masacres mientras los soldados llamados a proteger a la población civil hacían la vista gorda.






Mónica Benaroyo es el nombre de la joven cuyos restos fueron encontrados en un terreno del ejército de Arica, en Pampa Chaca, en julio de 2008. Aunque parezca sorprendente, aparentemente nadie sabía ni de su existencia ni de su muerte. Nunca apareció en las listas oficiales de desaparecidos durante la dictadura. Simplemente alguien un buen día encontró sus restos momificados en el desierto. Sin cabeza. Todavía guardaba el cadáver una cajetilla de cigarrillos Hilton entre sus ropas. Y un billete de la moneda escudo. Todo lo que se sabía entonces era que había muerto en la década de los setenta.
En los últimos días, o semanas y meses, he leído en la prensa tres noticias relacionadas con la legislación francesa que define y penaliza delitos contra la democracia. Una de ellas gira sobre el espía francés Paul Aussaresses, que sostiene en un libro de memorias publicado recientemente, ‘Je n'ai pas tout dit', que generales brasileños ayudaron a Pinochet a perpetrar su golpe de estado. Sin embargo, este profesor de torturas no entrega demasiados detalles.









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