Muchas organizaciones religiosas cristianas, particularmente la Iglesia Católica,
tienen centros de estudios bíblicos que cuentan con documentados estudios sobre
cómo y por quienes ha sido escrita La Biblia. Carreras completas de Teología
cuentan con extensos ramos de Interpretación Bíblica, que han sido enriquecidos
por la investigación histórica, cada vez más abundante, que ha arrojado prolija información sobre los
autores, sus características y las épocas en que vivieron.
La declaración reiterada de las iglesias ha sido, no
obstante la constancia que hay del origen histórico y humano de los escritos sagrados, que ellos son “Palabra
de Dios”, que su contenido y enseñanzas son “revelación divina”, y por tanto
verdaderas, indiscutibles, permanentes y sagradas. Es decir, intocables por el intelecto, la razón o la pasión humana.
Tocables solamente por las iglesias que las promueven. Y por quienes las dirigen.
Lo que ocurre es que si todos sabemos que
las Iglesias saben perfectamente cómo y por quiénes ha sido escrita, pero que
difunden sus enseñanzas como sagradas, como mandatos divinos a los fieles, es
posible presumir mala fe, en tal caso presumir un fraude, en este caso un fraude planetario, una colusión entre Iglesias opuestas y
tradicionamente enemigas, para defender la propuesta básica que sus textos sagrados
son efectivamente sagrados, hay en lo material, una presunción
legítima de que estamos ante una asociación internacional del engaño.
Se le objeta a esta
denuncia que lo denunciado son creencias espirituales
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